
Cuando un perro ladra, tira de la correa o no responde a una orden, la reacción habitual es pensar que algo falla en su educación o que el animal se porta mal. Sin embargo, para Agustín Cañón, adiestrador canino y perito judicial cinológico, el problema suele estar en cómo las personas interpretan ese comportamiento.
“Tendemos a analizar el comportamiento de los perros desde una mirada completamente humana”, explicó Cañón, quien dirige Adiestramiento GADI. Según el especialista, es común creer que los perros desafían, ignoran o saben que hacen algo mal, cuando en realidad suelen responder a un estado emocional, a un aprendizaje previo o a una situación que no saben gestionar.
Por qué los perros no actúan como los humanos creen
Uno de los errores más frecuentes en la convivencia con mascotas es atribuirles intenciones humanas. Si un perro rompe algo en casa, tira de la correa o no responde al llamado, muchas veces se interpreta como desobediencia, rebeldía o culpa.
Pero, según Cañón, los perros no viven ni entienden el mundo como las personas. “No se pregunta si nos está decepcionando o si debería haber actuado de otra manera. Está respondiendo a lo que siente, a lo que ha aprendido y al entorno que le rodea en ese momento”, remarcó.
Intentar corregir una conducta sin comprender qué la origina suele generar frustración tanto en los dueños como en los animales. Por ejemplo, un perro que ladra insistentemente puede estar mostrando inseguridad, y otro que no atiende a la llamada quizás esté demasiado estimulado por el entorno.

La importancia de comprender antes de corregir
Cañón señaló que un perro que tira de la correa no busca desafiar a su dueño, sino que está gestionando la cantidad de estímulos que encuentra durante el paseo. Para el adiestrador, la mayoría de las veces no se trata de un problema de obediencia, sino de comprensión.
Esto implica cambiar la manera de entender la educación canina. Educar no es solo enseñar órdenes o corregir conductas, sino aprender a observar al perro, comprender sus necesidades y construir una relación basada en una comunicación clara y respetuosa.
“Muchas veces no educamos mal a nuestros perros. Simplemente les estamos pidiendo algo que no pueden aprender en ese momento porque no estamos entendiendo lo que necesitan”, agregó.
El verdadero cambio: entender para educar mejor
Desde este enfoque, la convivencia deja de basarse en el control y pasa a fundamentarse en la comprensión mutua. Cuando un perro atraviesa un momento de estrés, miedo o sobreestimulación, tal vez lo que necesita no es una corrección, sino ayuda para volver a sentirse seguro y tranquilo. Solo entonces estará realmente preparado para aprender.
“El verdadero cambio no empieza corrigiendo más, sino entendiendo mejor”, concluyó Cañón. Para el especialista, lejos de humanizar a los perros, comprender cómo perciben el mundo es la mejor forma de respetar su naturaleza.
Muchas veces, al cambiar la mirada sobre ellos, se descubre que el problema no era que no quisieran aprender, sino que todavía faltaba aprender a entenderlos.














