Barrio Chino. Fuente: Ciudad de Buenos Aires
Barrio Chino. Fuente: Ciudad de Buenos Aires

Hace 42 años el Barrio Chino no existía en Buenos Aires. Esa zona que se abre en Juramento y Arribeños de Belgrano, y que hace dos años duplicó su oferta con la llegada de Via Viva, no estaba en los sueños del inmigrante más ambicioso. Hoy es un polo de atracción turística tan grande que locales y extranjeros lo visitan durante toda la semana y en los findes es un hervidero de gente.

Su nacimiento fue una apelación a la nostalgia y al desarraigo, sumado a la necesidad de compartir con los connacionales los relatos del país de origen y algunas de sus costumbres. Es un referente de la zona, Carlos Lin, quien se encargó de contarle a Canal 26 la historia de sus ancestros en la Argentina.

Barrio Chino de Buenos Aires. Foto: Pato Daniele

Cómo nació el Barrio Chino porteño

La historia oficial de este Barrio Chino tiene un año de inicio claro: 1984. En aquel entonces, esa zona de Belgrano era muy distinta a como la conocemos hoy. Era un tiempo en el que los inmigrantes chinos se reunían todos los domingos en un centro cultural a mirar películas de su país y compartir la soledad del expatriado. Eran 28 familias que se encontraban en Arribeños y Olazábal.

Uno de esos vecinos, el señor Song, entendió que, para sentirse en casa hacían falta los sabores que extrañaban y empezó a importar para su pequeño local el arroz y las especias que no se conseguían en ninguna góndola porteña. Así fundó el popular mercado Casa China que hoy ocupa tres locales contiguos.

Barrio Chino de Buenos Aires. Foto: Pato Daniele

Ese fue el puntapié inicial: la idea comercial se difundió y otros chinos empezaron a ofrecer comidas y ropa de su madre patria. Así fue creciendo lentamente, alcanzando las ocho manzanas actuales. Pero no fue hasta 2008, el año de los Juegos Olímpicos de Beijing, que la zona consiguió los característicos arcos que ofician de portal de ingreso al barrio. Fue una donación de la comunidad.

El imponente arco de la calle Juramento está custodiado por dos leones de piedra que parecen vigilar el pulso de los visitantes. Tiene 11 m de altura y es un símbolo de agradecimiento al país que los cobijó, Argentina, pero también un recordatorio de sus raíces. Arriba, en lo más alto, se lee “Chong Quo”. Lin explica que no significa “China”, sino “Reino del Centro” o “Reino del Medio”. No es un nombre basado en el ego, sino en la búsqueda del equilibrio y la armonía, pilares fundamentales de su filosofía oriental.

Un festejo de Año Nuevo definitorio

En 2010, un grupo de jóvenes chinos, entre los que se encontraba Carlos Lin, propuso sacar el festejo del Año Nuevo a la calle. Hasta ese momento estaba restringido a la asociación cultural y era completamente puertas adentro, para “paisanos”. Así montaron un escenario pequeño en la bocacalle del cruce entre Arribeños y Olazábal. Y llevaron al dragón tradicional (un disfraz con personas dentro que lo mueven con pericia). El magnetismo fue inmediato. Los vecinos de Belgrano se agolparon para ver la danza y escuchar la percusión, transformando un ritual privado en una fiesta ciudadana que hoy convoca a miles de personas de todo el país.

Barrio Chino de Buenos Aires. Foto: Pato Daniele

Finalmente hace dos años, cuando se levantaron las vías del Ferrocarril Mitre que limitaban el movimiento, se creó un nuevo corredor, Vía Viva, bajo su trazado. Este sector moderno no sólo trajo nuevos locales de todo tipo y procedencia, sino que integró al barrio con Barrancas de Belgrano e hizo que llegara el turismo internacional. Es así que el bus GrayLine (rojo) modificó su recorrido para tener una parada por Juramento.

Además, el Gobierno de la Ciudad colocó una oficina de informes en el comienzo del trazado, justo antes del arco de entrada. Nada es casual. Lin explica que, en la cultura china, el Año del Caballo (que comenzó en febrero) es el momento de cosechar lo sembrado, una transición hacia el éxito que hoy se refleja en la fisonomía renovada de estas calles.

El presente del barrio es un diálogo entre lo antiguo y lo moderno. Mientras en la parte tradicional se mantienen los restaurantes históricos y el templo budista -donde un monje espera a los visitantes entre aromas de jazmín y cardamomo-, el nuevo trazado bajo las vías hizo crecer exponencialmente al barrio con una estructura vanguardista.

Barrio Chino de Buenos Aires. Foto: Pato Daniele

Hacia el futuro, el proyecto más ambicioso es la creación de la primera radio en un barrio chino del mundo. Esta emisora no será sólo local: funcionará como un puente vivo conectado con una universidad en Beijing, permitiendo transmisiones en directo entre los dos puntos más distantes del planeta. Para Carlos Lin, el barrio sigue siendo un lugar de resistencia cultural donde conviven maestros de artes marciales que mantienen viva la danza del león y del dragón, y antiguos vecinos como el señor Sie, que desde su ventana sigue viendo crecer este “Reino del Centro” en el corazón de Buenos Aires.

Cómo llegar al Barrio Chino

  • Estación Belgrano C del Ferrocarril Mitre
  • Colectivos: 29, 60, 15, 42, 44, 55, 63, 64, 65, 80, 107, 113, 114, 118 y 130.
  • Subte D hasta Cabildo y Juramento.