Cerró una importante fábrica de alimento balanceado: qué pasará con sus empleados
Se oficializó el cierre definitivo de su planta en Buenos Aires tras una fuerte caída de ventas y problemas financieros. La decisión, firmada en el Ministerio de Trabajo a fines de diciembre, afecta a decenas de familias.
La industria argentina sufrió una nueva y dura pérdida con el cierre definitivo de la planta del Grupo GEPSA en la localidad bonaerense de Pilar, una empresa histórica en la producción de alimentos balanceados para mascotas.
La decisión quedó formalizada mediante un acta firmada el 29 de diciembre de 2025 en el Ministerio de Trabajo, y dejará sin empleo a al menos 80 trabajadores, generando preocupación en el sector y en la comunidad local.
La fábrica, ubicada sobre la Ruta 34, kilómetro 2, a la salida del centro de Pilar, fue durante décadas una referencia clave en la elaboración de alimentos balanceados para mascotas, especialmente perros y gatos, bajo la línea GEPSA PET FOODS. Además, la compañía contaba con una importante división destinada a animales de producción —ganadería, avicultura y porcinos— a través de GEPSA FEEDS, con otras plantas en provincias como Córdoba. Durante años, la firma abasteció tanto al mercado interno como a países vecinos, consolidando una marca reconocida en el rubro.
¿Cuál fue el motivo detrás del cierre de GEPSA?
Según consta en el acta oficial, la empresa argumentó que el cierre se debe a una caída del 30% en las ventas, problemas económicos acumulados y la imposibilidad de encontrar compradores interesados en continuar con la operación de la planta de Pilar. Sin embargo, el conflicto venía gestándose desde meses atrás. Ya en octubre de 2025, GEPSA atravesaba una crisis profunda, con suspensiones parciales, acuerdos salariales que redujeron los ingresos al 70% de manera no remunerativa, y retrasos e incumplimientos en el pago de sueldos, vacaciones y aguinaldos, estos últimos abonados en cuotas y fuera de término.
El cierre definitivo, confirmado a fines de diciembre, impacta de lleno en unas 80 familias y encendió las alarmas en el gremio de Molineros, que rechazó de forma categórica la decisión empresarial y se reservó la posibilidad de iniciar acciones legales y gremiales.
Hasta el momento, los trabajadores no recibieron telegramas de despido formales, lo que mantiene una expectativa -aunque lejana- de una eventual reapertura en febrero o de alguna alternativa que permita preservar los puestos de trabajo.
Mientras tanto, el pasado 5 de enero de 2026, empleados con mayor antigüedad realizaron una manifestación pacífica frente a la planta, sin cortes de ruta ni bloqueos. Allí reclamaron garantías de pago completo de las indemnizaciones, el cobro de haberes adeudados y, como principal objetivo, la continuidad de la actividad productiva.



















