
Hace 65 años, el 13 de agosto de 1961, comenzó la construcción del Muro de Berlín, símbolo de la división entre el bloque soviético y Occidente durante la Guerra Fría, con una operación secreta conocida como “Operación Rosa”. La barrera separó físicamente Berlín Oriental de Berlín Occidental durante casi tres décadas y se convirtió en una de las imágenes más representativas del Telón de Acero.

A 65 años del inicio de su construcción, Alemania recuerda aquel episodio con distintos actos y exhibiciones en lugares emblemáticos como la Puerta de Brandeburgo y el Memorial del Muro de Berlín. La conmemoración también pone el foco en las víctimas que murieron intentando atravesar la frontera para escapar de la República Democrática Alemana (RDA).
El canciller alemán, Friedrich Merz, destacó que Alemania lleva actualmente más tiempo reunificada que dividida y llamó a preservar los valores democráticos. “La lección del Muro es que no hay que dar la libertad y la democracia por dadas, sino luchar por ellas una y otra vez”, escribió en X.
La “Operación Rosa”: el comienzo del Muro de Berlín
La construcción comenzó durante la madrugada del 13 de agosto de 1961, cuando miles de policías, soldados, guardias fronterizos y trabajadores de Alemania Oriental desplegaron alambradas y barricadas alrededor de Berlín Occidental.

La operación se había preparado en absoluto secreto después de que el líder soviético Nikita Jruschov diera finalmente su aprobación. La situación migratoria era uno de los principales motivos detrás de la decisión: desde la fundación de la RDA, en 1949, alrededor de tres millones de personas habían abandonado Alemania Oriental, muchas de ellas jóvenes y trabajadores calificados.
Berlín representaba el principal punto débil de la frontera. Mientras el resto del territorio estaba fuertemente protegido, los pasos entre los sectores de la ciudad seguían siendo relativamente permeables. Solo durante julio de 1961, unas 30.000 personas huyeron hacia Occidente.

El contraste quedó expuesto por una frase pronunciada meses antes por el dirigente de Alemania Oriental Walter Ulbricht: “Nadie tiene la intención de construir un muro”. Sin embargo, poco después comenzaría la operación que transformaría para siempre la ciudad.
Una barrera de 155 kilómetros
Las primeras alambradas fueron reemplazadas progresivamente por una estructura de hormigón cada vez más sofisticada. El Muro llegó a extenderse unos 155 kilómetros, de los cuales 43 atravesaban la ciudad y otros 112 rodeaban Berlín Occidental.

El sistema fronterizo incluía 280 torres de vigilancia y distintos mecanismos destinados a impedir los intentos de fuga. Con el paso de los años, la frontera se convirtió en un complejo dispositivo de seguridad que separó familias, amigos y vecinos.
La presidenta del Bundestag, Julia Klöckner, definió la división como un “acto de violencia política” y recordó que el lugar donde una persona vivía podía determinar su nivel de libertad.
Las primeras víctimas del Muro
La construcción de la barrera también dio inicio a una larga lista de víctimas. Durante los 28 años de existencia del Muro, unas 140 personas murieron en intentos de fuga, según los recuentos históricos citados en las conmemoraciones.

Entre las primeras víctimas estuvieron Ida Siekmann y Günter Litfin. Siekmann murió pocos días después del cierre de la frontera al intentar escapar saltando desde una ventana, mientras que Litfin fue abatido por agentes de la RDA cuando trataba de llegar a Berlín Occidental.
La “muralla de protección antifascista”
El régimen de Alemania Oriental presentó oficialmente el Muro como una estructura defensiva destinada a proteger al socialismo frente al capitalismo y a supuestos intentos de sabotaje. Incluso fue denominado “muralla de protección antifascista”.

Sin embargo, para millones de personas representó la imposibilidad de abandonar libremente el país.
La caída del Muro llegó el 9 de noviembre de 1989, después de 28 años de división. La apertura de los pasos fronterizos marcó el comienzo del proceso que culminaría con la reunificación alemana el 3 de octubre de 1990.
Sesenta y cinco años después del inicio de la “Operación Rosa”, el antiguo Muro permanece como un símbolo histórico de la Guerra Fría y, al mismo tiempo, como un recordatorio de las consecuencias de restringir la libertad y dividir una sociedad.




















