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El lugar de Buenos Aires donde San Martín se despidió antes del exilio aún existe: dolor, amor y una tumba que pocos conocen

El Libertador dejó Buenos Aires con una herida abierta: antes del exilio, visitó la tumba de Remedios de Escalada y selló una despedida marcada por el amor y la tristeza.

Última visita de San Martín en Buenos Aires
Última visita de San Martín en Buenos Aires Foto: Canal 26
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La historia suele recordar a José de San Martín cruzando los Andes, liberando Chile y Perú, entrando victorioso a las ciudades o rechazando honores que otros hubieran perseguido con desesperación. Pero hay una escena mucho más silenciosa, menos épica y profundamente humana: la de un hombre que, antes de irse al exilio, visitó la tumba de su esposa, Remedios de Escalada, en el entonces reciente Cementerio del Norte, hoy conocido como Cementerio de la Recoleta.

Ese lugar fue mucho más que una parada. Fue una despedida. San Martín había llegado a Buenos Aires el 4 de diciembre de 1823, después de regresar desde Mendoza, golpeado por la muerte de Remedios, quien había fallecido el 3 de agosto de ese mismo año víctima de una enfermedad que la consumió durante años.

La tumba de Remedios, el sitio que quebró al héroe

Cuando San Martín llegó a la ciudad, ya no encontró a su esposa con vida. La mujer que lo había acompañado en los años decisivos de su carrera militar había muerto mientras él estaba lejos, atrapado entre campañas, conflictos políticos y una salud cada vez más frágil. La tradición histórica señala que, al poco tiempo de arribar a Buenos Aires, fue llevado a la Recoleta para visitar la sepultura de Remedios de Escalada.

La tumba de Remedios en Recoleta Foto: Wikipedia

El Cementerio del Norte había sido inaugurado poco antes, en 1822, y todavía no era el imponente paseo de mausoleos aristocráticos que se conoce en la actualidad. La tumba de Remedios estaba casi sola, en un terreno abierto, sin el paisaje monumental que hoy rodea a los grandes nombres de la historia argentina.

La tumba es de 1824 Foto: Wikipedia

Allí, San Martín pidió colocar una lápida sencilla, austera, sin exageraciones ni grandilocuencia. El epitafio decía: “Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín. 1823”. La frase, breve y conmovedora, revela una intimidad que pocas veces aparece en los manuales: para él, Remedios no fue solo su esposa, sino también su amiga.

El héroe que volvía a Buenos Aires como un “mero ciudadano”

San Martín no llegó a Buenos Aires en 1823 como un conquistador que reclamaba homenajes. Muy por el contrario, se presentó como un hombre cansado, decidido a alejarse de las disputas internas que desgarraban al país. El contexto era cada vez más hostil: los enfrentamientos entre facciones, las sospechas políticas y la enemistad de figuras como Bernardino Rivadavia pesaban sobre su figura.

Remedios de Escalada y José de San Martín, un matrimonio infeliz
Remedios de Escalada y José de San Martín Foto: Archivo

Antes de partir desde Mendoza, incluso había recibido advertencias sobre la posibilidad de que fuera juzgado por no haber usado el Ejército de los Andes en las guerras civiles. San Martín se negó siempre a convertir su espada libertadora en un arma contra otros argentinos. Esa decisión, que hoy parece una muestra de grandeza, en su tiempo le costó ataques, desconfianza y aislamiento.

En ese clima, la visita a la tumba de Remedios fue también el cierre de una etapa. Buenos Aires ya no era la ciudad de los primeros años de gloria, ni el escenario del casamiento con aquella joven de familia patricia que había conocido en los salones porteños. Era una ciudad atravesada por intrigas, dolores personales y un futuro incierto.

La partida: San Martín y Merceditas rumbo al exilio

El 10 de febrero de 1824, San Martín se embarcó junto a su hija Mercedes Tomasa, de apenas siete años, en el buque francés Le Bayonnais, con destino a Europa. En principio, su idea era acompañarla para que recibiera educación en el extranjero y luego regresar, pero ese viaje terminó convirtiéndose en el comienzo de un largo exilio.

José de San Martín
José de San Martín

La historia demostraría que aquel adiós no fue temporal. Aunque años más tarde intentó volver al Río de la Plata, en 1829, la guerra civil y el fusilamiento de Manuel Dorrego lo empujaron a no desembarcar en Buenos Aires. Desde la rada porteña decidió seguir hacia Montevideo y luego regresar a Europa.

San Martín murió lejos de la patria, en Boulogne-sur-Mer, Francia, el 17 de agosto de 1850. Sin embargo, dejó expresado su deseo de que su corazón descansara en Buenos Aires, una voluntad que muestra que, pese al exilio, las heridas y los desencuentros, nunca dejó de sentirse unido a su tierra.

El detalle histórico que pocos conocen

La Recoleta, hoy uno de los cementerios más famosos del mundo, fue para San Martín un espacio de dolor antes de convertirse en símbolo turístico e histórico. Cuando él visitó la sepultura de Remedios, el lugar estaba lejos de la postal actual: era un cementerio nuevo, casi descampado, donde la tumba de su esposa aparecía desvalida y solitaria.

Esa imagen permite mirar al Padre de la Patria desde otro ángulo. No como estatua, sino como viudo. No como estratega, sino como padre. No como Libertador de medio continente, sino como un hombre que se fue de Buenos Aires con una hija pequeña, una lápida recién colocada y la sensación amarga de que su propia patria ya no tenía lugar para él.

Así, el último lugar que San Martín visitó en Buenos Aires antes de partir al exilio no fue solo un punto geográfico: fue el escenario de una despedida definitiva. En la tumba de Remedios de Escalada, el héroe de América dejó una parte de su vida antes de embarcarse hacia Europa y convertirse, para siempre, en el Libertador ausente.

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