
El Ejercicio Salitre 2026 marcará un nuevo capítulo en la evolución de las fuerzas aéreas de América Latina. Considerado el principal entrenamiento multinacional de la región, el evento organizado por Chile ya no se limita a las tradicionales maniobras de combate aéreo, sino que incorpora capacidades de ciberdefensa, operaciones espaciales y combate en red, reflejando la transformación de la guerra moderna hacia escenarios multidominio.
Mientras las principales fuerzas aéreas avanzan en la integración de tecnologías digitales, satelitales y sistemas de última generación, Argentina participa en un contexto de transición marcado por años de desinversión en defensa y una capacidad militar que aún busca recuperarse.

Los inicios de los ejercicios militares Salitre
Desde su primera edición en 2004, realizada en la Base Aérea Los Cóndores de Iquique, Salitre tuvo como objetivo fortalecer la interoperabilidad entre países aliados mediante operaciones aéreas combinadas bajo estándares compatibles con la OTAN. En aquella oportunidad participaron Chile, Argentina, Brasil y Estados Unidos, ejecutando más de 600 salidas de vuelo en apenas dos semanas.
El ejercicio permitió validar doctrinas de empleo aéreo, logística multinacional y operaciones COMAO (Composite Air Operations), donde distintos tipos de aeronaves actúan de manera coordinada para cumplir misiones complejas. La presencia de cazas Mirage III y Mirage 5 Finger de la Fuerza Aérea Argentina, junto a aeronaves estadounidenses y brasileñas, convirtió aquella edición en un importante laboratorio regional de entrenamiento.
Durante las ediciones de 2009 y 2014, el nivel de complejidad operativa continuó creciendo. La incorporación de aeronaves avanzadas como los F-15 Eagle estadounidenses, los Mirage 2000 y posteriormente los F-16 permitió profundizar la adopción de procedimientos compatibles con la OTAN y elevar la capacidad de interoperabilidad entre las fuerzas participantes.
En ese período, Argentina mantuvo su presencia con los A-4AR Fightinghawk y los aviones cisterna KC-130 Hércules, mientras Chile consolidaba su proceso de modernización mediante la incorporación de una importante flota de F-16.
Salitre 2022, un punto de inflexión
Sin embargo, el punto de inflexión llegó en Salitre 2022. Además de la participación de nuevas plataformas como el KC-390 Millennium de Brasil y los IA-63 Pampa argentinos, el ejercicio incorporó por primera vez una “Célula Espacial” integrada por especialistas de la Fuerza Aérea de Chile y de la Fuerza Espacial de Estados Unidos.
La inclusión de capacidades satelitales para comunicaciones, monitoreo y apoyo al control táctico evidenció que el espacio se convirtió en un dominio operacional tan relevante como el aire. Desde entonces, la superioridad aérea dejó de depender exclusivamente de los aviones de combate para incorporar la gestión de información y el control de redes digitales.
La edición 2026 profundiza esa tendencia. A partir del 27 de junio, las fuerzas participantes deberán enfrentar escenarios simulados de ciberataques contra sistemas de comunicación, redes informáticas y plataformas críticas para la conducción de operaciones aéreas. El objetivo es entrenar respuestas frente a amenazas que hoy forman parte de cualquier conflicto moderno.
En este contexto, la situación argentina refleja una importante brecha tecnológica. La Fuerza Aérea continúa participando principalmente con el IA-63 Pampa, una aeronave diseñada para entrenamiento avanzado y ataque liviano, mientras la incorporación de los nuevos F-16 aún se encuentra en proceso de implementación, capacitación de personal y adecuación de infraestructura.
A ello se suma la compleja situación de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA), cuya crisis financiera y operativa impacta directamente sobre la disponibilidad y sostenimiento de la flota nacional.
La paradoja es evidente. Mientras Salitre se prepara para ensayar escenarios de guerra digital, operaciones espaciales y combate multidominio, Argentina recién comienza a reconstruir una capacidad supersónica perdida hace más de una década.
Veintidós años después de su creación, Salitre ya no es solamente un ejercicio para pilotos de combate. Se ha convertido en un espacio de entrenamiento para las guerras del siglo XXI, donde los satélites, la ciberdefensa y el control de la información son tan importantes como los aviones que despegan de la pista.














