
Desde una finca ubicada a pocos kilómetros del mar, productores y trabajadores de Miramar impulsan una industria en expansión que ya exporta a Europa y Estados Unidos. Con certificaciones internacionales, identidad geográfica y un modelo cooperativo, el kiwi argentino busca convertirse en un nuevo emblema de las economías regionales.
La coincidencia de latitud entre Miramar y Nueva Zelanda que beneficia al cultivo
La transformación no es casual. La región que integran Miramar, Mar del Plata y Balcarce comparte una característica estratégica: se encuentra en una latitud similar a la de Nueva Zelanda, país líder mundial en exportación de kiwi. Esa ubicación brinda condiciones climáticas ideales para el desarrollo de una fruta que requiere muchas horas de frío para alcanzar sus mejores atributos de calidad, sabor y textura.

Originario de China y popularizado comercialmente por Nueva Zelanda durante el siglo XX, el kiwi encontró en esta zona bonaerense un ambiente favorable para crecer. Las plantas forman una estructura similar a un gran parral, con troncos robustos y ramas entrelazadas que sostienen los frutos. Además, el clima local contribuye a desarrollar características diferenciales que hoy son valoradas por compradores de diversos mercados.
La historia de la fruta también ayuda a entender su posicionamiento global. Fue introducida en Nueva Zelanda a comienzos del siglo pasado por la maestra Mary Isabel Frazer, quien llevó semillas desde China. Décadas después, una empresa exportadora neozelandesa decidió rebautizarla como “kiwi”, por su parecido con el ave símbolo de ese país.
Crecimiento de la producción: de 600 a 1.200 hectáreas cultivadas en Argentina
Aunque las primeras plantas ingresaron a la Argentina entre fines de los años 80 y principios de los 90, el desarrollo inicial fue limitado. Recién a partir de la década de 2000 comenzaron a surgir nuevos emprendimientos productivos y un crecimiento sostenido de la superficie implantada.

Las condiciones naturales juegan a favor. Según remarcan desde el sector, mientras Nueva Zelanda y Chile enfrentan limitaciones geográficas para seguir ampliando sus superficies productivas, Argentina todavía dispone de margen para crecer. Además, el cultivo necesita una gran cantidad de horas de frío, una característica climática que encuentra en la Costa Bonaerense un entorno particularmente favorable.
El Abrojito y la Cooperativa Ecco Kiwi Argentina: cómo nació el proyecto en Miramar
Uno de los casos más representativos del sector es el campo El Abrojito, propiedad de la familia Goycoa. Su ingreso al negocio comenzó en 2011, cuando decidieron alejarse de la producción tradicional de cereales para apostar por una actividad intensiva y de mayor valor agregado.
La familia, oriunda de De la Garma, cerca de Tres Arroyos, evaluó distintas alternativas antes de inclinarse por el kiwi. Los altos costos de acceso a grandes extensiones agrícolas los llevaron a buscar un modelo productivo diferente. Finalmente adquirieron un campo de 25 hectáreas y comenzaron el proyecto con asesoramiento de especialistas italianos.

Los primeros resultados estuvieron lejos de ser exitosos. Inicialmente implantaron 1.200 plantas por hectárea, una densidad que terminó afectando el desarrollo del cultivo. Con el tiempo, corrigieron el esquema y desarrollaron protocolos propios, reduciendo la cantidad a unas 760 plantas por hectárea y adaptando las prácticas productivas a las condiciones locales.
El siguiente gran paso llegó en 2019 con la creación de la Cooperativa Ecco Kiwi Argentina, que actualmente reúne a diez productores de la zona. La iniciativa permitió centralizar procesos de selección, calibrado, enfriamiento y empaque en una planta de 1.600 metros cuadrados.
La asociación tuvo un fuerte impacto económico. Los productores lograron reducir costos, mejorar estándares de calidad y acceder a mercados internacionales más exigentes. Hoy, los kiwis de Miramar viajan hacia Alemania, Inglaterra, Italia, Países Bajos y Portugal, además de abastecer mercados como Brasil, Uruguay y, más recientemente, Estados Unidos.
Consumo interno en Argentina y las proyecciones de crecimiento del sector
A pesar del avance exportador, el mercado interno sigue siendo uno de los principales desafíos para la actividad. Actualmente, el consumo argentino ronda los 500 gramos per cápita por año, una cifra considerablemente inferior a la de países europeos. En España, por ejemplo, el consumo alcanza los 3,5 kilos por habitante anuales.

Según los productores, existe la percepción de que el kiwi es una fruta costosa, aunque sostienen que sus valores se encuentran en línea con los precios internacionales y responden a una cadena de producción altamente intensiva en mano de obra.
La cosecha se realiza manualmente y requiere especial cuidado para no dañar la fruta. Luego siguen procesos artesanales de atado, poda, clasificación y selección, además de etapas de trazabilidad y almacenamiento en frío que garantizan la calidad final del producto. En plena temporada, solamente en el campo participan más de 30 cosechadores trabajando a mano.
Con una superficie todavía reducida frente a los grandes jugadores mundiales, pero respaldada por ventajas climáticas y una creciente reputación en los mercados externos, el kiwi de Miramar se perfila como una de las economías regionales con mayor potencial de desarrollo en la Argentina. Una industria joven que ya genera empleo, atrae inversiones y busca posicionar a la Costa Bonaerense como una referencia mundial en la producción de esta fruta.


















