Por Carlos Dileo

En el marco del Día Internacional del Helado (es este 12 de abril), el universo de la gastronomía nos invita a repensar uno de los postres más amados por los argentinos. Para nosotros, el helado es cultural y una verdadera celebración: somos el único país que cierra casi cualquier cena con este manjar y donde el cuarto kilo por persona es la regla, muy lejos de la pequeña porción que se consume en Italia.
En este contexto de pura pasión dulcera, emerge la figura de Darío Gualtieri, un chef que transformó la nostalgia de su infancia en una ciencia exacta, llevando los sabores exóticos a un nivel completamente nuevo.
La historia de Darío Gualtieri con el frío y la crema empezó a los 13 años, limpiando el mostrador de una heladería de barrio para pasar el verano y ser el primer “delivery” de las vecinas. Sin embargo, su paladar se formó paseando con su abuelo sastre por la Confitería El Molino y la glamorosa Monte Olivia de Devoto, donde forjó su amor por sabores clásicos y de adultos, como el sabayón y los quinotos al whisky.

Con los años, Gualtieri se convirtió en una leyenda de la alta cocina. Fue:
Además, fue un pionero en los años 80: cuando nadie hablaba de estos temas, él ya enfocaba su cocina en el producto argentino, la agroecología, la trazabilidad y en cuestionar el uso masivo del salmón.
Hoy, esa búsqueda de excelencia lo encuentra en Raggio Osteria, en Palermo Soho, donde junto al chef Sebastián Raggiante han creado una sinergia única, sintiendo la misma necesidad de pensar el helado con la misma complejidad que un plato de alta cocina.
Autodidacta, atrevido y estudioso incansable, Gualtieri sabe que el helado perfecto es pura formulación matemática: debe ser una crema sedosa, agradable al paladar, sin cristales de hielo (que delatan un exceso de azúcar) ni texturas duras. Admirador de grandes maestros de la materia como Hervé Corvitto y Pino Scaringella, su mente no tiene límites a la hora de formular.
Si pensabas que el pistacho, el sabayón al oporto, las pasas al rhum o los damascos secos con especias eran propuestas audaces, su carta de sabores exóticos te va a descolocar. Gualtieri ha formulado helados de albahaca, langostinos, leche de tigre, trucha, fondo de pato, queso grana padano, ratatouille y hasta de guiso de lentejas.
Pero hay una creación que toca la fibra nacional y que, según él, merece ser un estándar: “Hice helados de todo tipo [...] y de mate cocido, un gusto que debería haber en todas las heladerías argentinas, igual que hay matcha en Japón”. Una verdadera declaración de principios que fusiona nuestra identidad con la técnica impecable.

Como bien señala Gualtieri, el helado está homologado como un alimento, y siempre es mejor prepararlo en casa con ingredientes naturales. Por eso, te compartimos el helado salado de cúrcuma, una receta sencilla para que te animes a prepararla sin miedo. Este ingrediente aportará un color vibrante y un perfil de sabor fascinante.

Esta receta de helado, cargada de precisión matemática y técnica, es un claro ejemplo de la dedicación de Darío Gualtieri a la excelencia y la innovación, elevando ingredientes como la cúrcuma a nuevas alturas en la gastronomía argentina.
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