Escapadas de la tercera edad: el pueblito colonial que enamora a los jubilados que buscan descanso e historia
Este rincón del norte cordobés combina calles empedradas, casonas coloniales y una tranquilidad ideal para quienes buscan viajar sin apuros.

A 150 kilómetros de la ciudad de Córdoba, una localidad desconocida pero hermosa invita a recorrer con calma y tranquilidad uno de los cascos históricos mejor conservados del país. Se trata de Villa Tulumba, que con sus calles de piedra, sus farolas antiguas y las casonas de adobe, mantiene intacta la identidad colonial que enamora a aquellos que busquen viajar en el tiempo a una época más pausada.
Es un pequeño pueblo de 3.200 habitantes, y fue reconocido por la Organización Mundial de Turismo como uno de los más lindos del mundo en la edición Best Tourism Villages 2024, un premio que celebra a las comunidades que preservan su historia y su vida rural.
Tulumba seduce desde la primera vista. Las “Cuatro esquinas”, tal vez su rincón más fotografiado, son un paisaje digno de otro siglo. Muchos artistas encontraron allí inspiración para cuadros y relatos que hoy forman parte del patrimonio provincial.

El paseo continúa por Calle Real, un corredor que invita a caminar con calma. Allí se conserva la casa de los Reynafé, la familia que tuvo un papel clave en la política del siglo XIX, y que quedó ligada al asesinato de Facundo Quiroga en 1835.
Qué hacer en Villa Tulumba
Para los amantes de la historia religiosa, se encuentra la iglesia Nuestra Señora del Rosario, una parada obligatoria en la recorrida. Levantada en 1881, guarda una imagen de la Virgen tallada en 1650 y un tabernáculo barroco jesuítico del 1600. Las reliquias sorprenden por su increíble conservación.
Otro de los tesoros del templo es un Cristo articulado de rasgos mestizos, que data de 1800. Los vecinos lo consideran una obra de enorme valor cultural y espiritual, y es un lugar muy visitado por fieles de todas partes.
El entorno invita a saborear la gastronomía típica. Las colaciones caseras, las empanadas de hojaldre y el chivito asado siguen siendo los favoritos de los turistas y locales, ideales para disfrutar en un mediodía tranquilo tras un paso por el casco histórico.

Para quienes desean profundizar en la vida de pueblo, los antiguos senderos del viejo “Camino Real” aún pueden recorrerse. Allí se conectaban estancias, postas y pueblos que abastecían a viajeros y comerciantes durante la época colonial.
Tulumba conserva esa calma que muchos buscan al viajar. Nada apura, nada interrumpe. Es un lugar pensado para caminar sin prisa, detenerse a contemplar los paisajes y disfrutar de un ambiente que parece detenido en el tiempo.
Cómo llegar a Villa Tulumba
Llegar a Villa Tulumba desde la Ciudad de Buenos Aires es sencillo. El viaje en auto se hace por la Ruta Nacional 9 y luego por la Autopista Córdoba–Rosario, en un recorrido de unos 820 kilómetros que lleva entre nueve y diez horas, según el tránsito y las paradas en el camino.

Para quienes prefieren un traslado más cómodo, otra opción es viajar en micro o en avión hasta la ciudad de Córdoba. Desde la capital provincial restan 150 kilómetros hacia el norte, que se pueden hacer en colectivo interurbano, remis o auto alquilado. Es un trayecto tranquilo, ideal para disfrutar del paisaje serrano antes de llegar a este refugio colonial que parece detenido en el tiempo.

















