La pulpería más antigua de Argentina que es un viaje directo al 1800: la escapada ideal donde no hay señal para usar el celular
La historia de una pulpería con más de 100 años de antigüedad que se mantiene suspendida en el tiempo y tiene sus visitantes recurrentes hace más de 50 años. No tiene caminos de acceso, pero sigue funcionando por la fidelidad de sus clientes.

Hay pueblitos que parecen detenidos en el tiempo y son ideales para aprovechar una escapada de fin de semana. Uno de ellos cuenta con una histórica pulpería que es una de las más antiguas de Argentina y es prácticamente imposible usar el celular por la poca señal que hay en el lugar.
La pulpería con 131 años de antigüedad se encuentra en el Paraje Mira-Mar, dentro del partido de la ciudad de Bolívar y cerca de Carlos Casares, provincia de Buenos Aires. Ubicada en el triángulo rural entre las Ruta 65, 5 y 226 en la zona mediterránea de la la pulpería Mira-Mar sigue atrayendo a sus habituales visitantes: Uno de ellos es cliente hace 50 años y se presenta dos veces al día en su mismo asiento a tomar “La Mezcladita”, un trago de invención propia.
El lugar tiene una reja que separa el mostrador del pulpero y una marca de facas de una pelea de gauchos en el hierro que le salvó la vida a uno de ellos en aquellas antiguas peleas por su honor. “Para nosotros es el único lugar para hablar”, comentó en diálogo con La Nación Ricardo Errazquín, un fiel cliente del lugar que sostuvo que en 50 años no faltó ni cuando se inundó el camino.

Cómo es la antigua pulpería bonaerense que sorprende
La pulpería presenta antiguos productos de vidrio característicos de viejas épocas, el piso de tierra, un inmenso mostrador de madera alisada por su uso y estanterías repletas de viejas botellas: el Aperital, Hierro Quina, Pinela y Hesperidina son allí exhibidas y parecen intactas.
Solía ser un banco, un correo y una aseguradora por lo redituable, según Urrutia. “Se pagaban las cuentas una vez por año, los gauchos traían sus ahorros y acá se depositaban en la caja fuerte”, precisó Juan Carlos.

Una caja fuerte inglesa mantiene su uso. “El gaucho dejaba sus ahorros, se le sacaba un interés, podía desaparecer por años, y volver a buscar su dinero”, relató.
Uno de los primeros siete teléfonos rurales que se pusieron en Bolívar estuvo en Mira-Mar y costó $1.770.000 en 1978, lo que representó una fortuna, según el dueño. Cobraban por llamada, los chacareros pedían turno y allí hacían sus operaciones comerciales. “Se despachaba y se enviaba correspondencia”, agregó. No solo eso, sino que vendían además armas, municiones, ropa, elementos de ferretería y toda clase de artículos para la vida allí mismo.
Los inicios de la pulpería Mira-Mar en Bolívar
La pulpería se encuentra allí desde 1890 y está a cargo de la misma familia sin haber cerrado las puertas en tres siglos. Juan Carlos Urrutia, heredero y dueño, comentó: “Tres Marianos, mi bisabuelo, abuelo y padre, se llamaron igual: estuvieron toda la vida en la pulpería“.
Queda a 40 kilómetros de la ciudad cabecera de Bolívar, pero esto nunca le representó un problema. “Para mí es todo, es un estilo de vida ser pulpero”, expresó Urrutia respecto a esta tradición que empezó con su bisabuelo en su llegada de España. “Con la pulpería, pudo comprarse un campo de 2500 hectáreas”, añadió.

En medio de un domo de árboles añosos se encuentra el camino que lleva a su puerta entre Bolívar y Carlos Casares. Sin perder el encanto, pueblerino y bello, este bar es folclore de la zona. Su camino rural presentó mucho movimiento y no tiene estación ferroviaria.
En 1890 llegó Mariano Urrutia desde Miramar, España, y se vio encantado por la tierra marginal con laguna frente a la pulpería que hoy está seca. Este paisaje lo remitía a su pueblo natal al atardecer, de allí Mira-Mar, cuyo guión es de origen desconocido para el mismo Juan Carlos.
Después de Mariano, vino su hijo Mariano (abuelo del actual pulpero) y desde 1954 hasta 2011, el tercer Mariano, padre de Juan Carlos. “Siempre me interesó que estos lugares se hicieran conocidos”, sostuvo quien además organiza eventos y abre todos los días.
Cómo es el día a día en la pulpería Mira-Mar
“Es el mundo del pasado en la actualidad”, indicó Juan Carlos respecto al modo de trabajar detrás del mostrador en una pulpería en el flamante siglo XXI. Vive en Bolívar, abre la pulpería a diario y muchas veces se queda en la casa de su madre, detrás del establecimiento. “Los celulares quedan afuera, no hay señal, entonces no queda otra que hablar”, comentó.
Un explorador rural que ya visitó 950 localidades, Iván Engels, contó que el lugar se conserva tal cual fue en su época. “La pulpería Mira-Mar fue uno de los lugares que más me sorprendió, ya que se entabló en un paraje que nunca tuvo estación de ferrocarril ni gran población”, dijo.

En este sentido, Engels remarcó la importancia de la tradición con sus juegos de mesa, bailes y guitarreadas por la noche. El aperitivo en aquellas prácticas sigue siendo infaltable. “Poner un pie dentro de la pulpería es viajar en el tiempo”, agregó. Por su parte, Urrutia resaltó: “Nos acompañamos, somos una gran familia”.


















