Visitarlas es volver al origen del campo argentino
Visitarlas es volver al origen del campo argentino Foto: Foto generada con IA Canal 26

Antes de que existieran los pueblos, las plazas o incluso las estaciones de tren, hubo pulperías. En la provincia de Buenos Aires, estos almacenes de ramos generales marcaron el pulso de la vida rural desde el siglo XVIII. Eran mucho más que un lugar para comprar provisiones: fueron refugio del gaucho, espacio de socialización y el único punto de contacto humano en medio de la inmensidad pampeana.

Las primeras pulperías aparecieron en el Río de la Plata durante la época colonial. Vendían alimentos básicos, pero también telas, velas, herramientas y noticias. El pulpero, detrás de una reja de hierro pensada para evitar conflictos, escuchaba historias, fiaba, mediaba peleas y, muchas veces, era el primer cronista del pago. Como decía el historiador Felipe Pigna, la pulpería era “el único lugar posible para comprobar que todavía se podía seguir hablando”.

Con el avance del ferrocarril y la urbanización, muchas desaparecieron. Sin embargo, algunas resistieron el paso del tiempo y hoy funcionan como verdaderos museos vivos, donde la gastronomía criolla se combina con memoria, identidad y tradición.

Entre caminos secundarios y pueblos que parecen detenidos en otra época, estas son cuatro pulperías bonaerenses que aún mantienen encendida la llama del pasado.

Boliche de Bessonart (San Antonio de Areco)

Las pulperías bonaerenses guardan historias de gauchos, viajeros y pueblos enteros que crecieron a su alrededor Foto: Instagram @areco.host

En San Antonio de Areco, cuna de la tradición gaucha, el Boliche de Bessonart conserva más de doscientos años de historia. Ubicado en una esquina que parece extraída de una novela, este antiguo boliche fue parte del universo que inspiró a Ricardo Güiraldes para escribir Don Segundo Sombra.

Con techo original, mostrador centenario y paredes que hablan por sí solas, Bessonart fue testigo del paso de gauchos, arrieros y paisanos. Hoy, la picada criolla y las empanadas se sirven como antes, acompañadas por el clásico fernet, en un ritual que se repite generación tras generación.

Cómo llegar: a 120 km de la Ciudad de Buenos Aires. En auto, por Ruta Nacional 8. También se puede llegar en micro desde Retiro.

Pulpería Mira-Mar (Bolívar)

Fueron almacén, posta, bar y punto de encuentro en medio de la pampa Foto: Instagram @pulperiamira_mar

Fundada a fines del siglo XIX por la familia Urrutia, Mira Mar es una de las últimas pulperías auténticas que siguen activas en la provincia. En plena llanura bonaerense, su estructura original con pisos de tierra, paredes de barro y rejas tradicionales se mantiene intacta.

Durante décadas fue almacén, centro social y punto de reunión del pueblo. Comer allí es sentarse a una mesa larga, compartir historias y entender cómo se construyó la vida comunitaria en el interior bonaerense.

Cómo llegar: Bolívar está a unos 350 km de CABA. Acceso por Ruta Nacional 226.

Pulpería de Cacho Di Catarina (Mercedes)

La Pulperia de Cacho Di Catarina - Mercedes
La Pulperia de Cacho Di Catarina - Mercedes

Fundada alrededor de 1830, es una de las pulperías más antiguas del país en funcionamiento. En Mercedes, a orillas del río Luján, este boliche fue posta de viajeros y almacén estratégico durante el siglo XIX.

Cacho Di Catarina, autodenominado “el último pulpero”, transformó el lugar en un símbolo cultural. Sus empanadas fritas, su parrilla y un interior repleto de objetos históricos convierten cada visita en un viaje directo al pasado.

Cómo llegar: a 100 km de Buenos Aires, por Ruta Nacional 5. También hay trenes y micros frecuentes.

Almacén Museo El Recreo (Chivilcoy)

El Recreo Foto: Instagram @museoalmacenellrecreo

Fundado en 1882 por un inmigrante italiano, El Recreo fue almacén, posta y hasta albergue de viajeros. Hoy funciona como museo y pulpería, conservando muebles originales, balanzas y envases de época.

Es uno de esos lugares donde la historia no se cuenta: se vive.

Cómo llegar: Chivilcoy se encuentra a 160 km de CABA, por Ruta Nacional 5.

Más que comida: identidad

Las pulperías no son solo una escapada gastronómica. Son parte del ADN cultural argentino. En cada mostrador gastado, en cada botella antigua y en cada mesa compartida, persiste una forma de vida ligada al encuentro, la palabra y el tiempo sin apuro.

Visitar una pulpería es, todavía hoy, volver a la raíz del campo argentino.