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Economía argentina: analistas anticipan menos crecimiento en 2026 y explican las causas

Consultoras y bancos redujeron sus previsiones de crecimiento para la economía argentina en 2026. El crédito, la mora y el consumo explican el cambio.

Luis Caputo en la ExpoEFI.
Luis Caputo en la ExpoEFI. Foto: NA
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Las previsiones para la economía argentina volvieron a cambiar. Aunque la mayoría de los analistas todavía espera que el Producto Bruto Interno termine 2026 con una variación positiva, las estimaciones actuales son considerablemente más moderadas que las difundidas al comenzar el año.

El deterioro de las expectativas se relaciona con una combinación de factores: actividad estancada, menor disponibilidad de crédito, aumento de la morosidad, recuperación insuficiente de los ingresos y una política monetaria restrictiva. A esto se suma la dificultad del Gobierno para conseguir financiamiento internacional en condiciones consideradas convenientes.

Cuánto crecería la economía argentina en 2026

El último Relevamiento de Expectativas de Mercado, elaborado por el Banco Central, ubicó el crecimiento promedio esperado del PBI en 2,7% para todo 2026. El cálculo representa una reducción de 0,4 puntos porcentuales frente al relevamiento anterior, mientras que el grupo de analistas que conforma el denominado “Top 10” proyectó una expansión de 2,6%.

Pesos argentinos; economía. Foto: REUTERS

El informe, publicado el 6 de agosto, reunió las respuestas de 45 participantes, entre ellos 33 consultoras y centros de investigación, junto con 12 entidades financieras. Los especialistas estimaron además que la economía habría registrado una contracción desestacionalizada del 0,4% durante el segundo trimestre, antes de una posible mejora del 1% tanto en el tercero como en el cuarto.

Las proyecciones privadas muestran, sin embargo, diferencias importantes. Latin Securities Argentina redujo su pronóstico a un rango de 2% a 2,5%, cuando en enero esperaba una expansión de entre 3% y 3,5%. Eco Go, por su parte, bajó su cálculo desde 2,7% hasta 2%, mientras que Analytica mantiene un escenario levemente inferior al 2%.

El crédito dejó de funcionar como motor de la actividad

Una de las principales explicaciones de este cambio es el comportamiento del financiamiento en pesos. El crédito, que inicialmente podía contribuir a impulsar el consumo y la inversión, perdió fuerza frente al incremento de la morosidad y la caída del ingreso disponible de los hogares.

Cuando las familias tienen dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, los bancos tienden a endurecer las condiciones de acceso a nuevos préstamos. El resultado puede ser una menor utilización de tarjetas, una reducción de las compras en cuotas y una postergación de decisiones de consumo. Las empresas también enfrentan mayores obstáculos para financiar capital de trabajo o proyectos de expansión.

Esta dinámica tiene consecuencias sobre numerosos sectores. El comercio, la construcción, la industria y los servicios vinculados con el mercado interno dependen en distinta medida de que exista crédito accesible y una demanda sostenida. Si esas dos variables se debilitan al mismo tiempo, la recuperación puede perder velocidad incluso cuando algunos indicadores macroeconómicos muestran una mayor estabilidad.

La inflación también demoró la recuperación del consumo

Otro elemento señalado por los economistas fue la aceleración de los precios registrada al comienzo del año. Aunque las proyecciones posteriores apuntaron a una moderación de la inflación mensual, el aumento previo del costo de vida demoró la recomposición del poder adquisitivo.

Inflación; supermercados Foto: Unsplash

El REM de julio estimó una inflación del 2% para ese mes y proyectó registros inferiores al 2% durante buena parte de lo que restaba de 2026. Sin embargo, una desaceleración de los precios no implica automáticamente que los salarios recuperen todo el terreno perdido. Para que el consumo vuelva a crecer de manera sostenida, los ingresos reales necesitan mejorar durante varios meses consecutivos.

Por ese motivo, la evolución del salario real será una variable decisiva. Si los ingresos logran superar a la inflación y se normaliza la situación financiera de las familias, el consumo podría recuperar dinamismo. En cambio, si la mejora continúa siendo limitada, el mercado interno podría seguir funcionando con menor impulso del esperado.

La falta de financiamiento externo obliga a una estrategia más restrictiva

Los analistas también relacionan el menor crecimiento con la decisión oficial de no regresar todavía a los mercados internacionales de deuda a tasas que el Gobierno considere aceptables. Sin una fuente amplia de financiamiento externo, la administración económica debe mantener una política monetaria y financiera más prudente, lo que reduce el margen para estimular la actividad.

Desde el punto de vista oficial, la emisión de deuda internacional constituye una alternativa y no una obligación. Para algunos economistas, no obstante, la ausencia de ese financiamiento contribuyó a que las condiciones monetarias fueran más restrictivas de lo previsto a comienzos de año.

El desafío consiste en sostener el equilibrio financiero sin profundizar el enfriamiento de la economía. Un relajamiento demasiado rápido podría generar tensiones sobre la inflación o el mercado cambiario, mientras que una restricción prolongada puede afectar el crédito, la inversión y el consumo.

La distancia entre el mercado, el Gobierno y el FMI

Las nuevas previsiones también exhiben una brecha entre los distintos escenarios. El Presupuesto 2026 había contemplado una expansión económica del 5%, una cifra considerablemente superior al 2,7% estimado por los participantes del REM y a los pronósticos cercanos al 2% elaborados por algunas consultoras.

El Fondo Monetario Internacional mantiene una visión algo más favorable. En la actualización de julio de sus Perspectivas de la Economía Mundial, el organismo ratificó una expansión del 3,5% para Argentina en 2026 y del 4% para 2027. De esta manera, el cálculo del FMI se ubica por encima del consenso relevado por el Banco Central y de las estimaciones más cautelosas del sector privado.

Las diferencias no significan necesariamente que una proyección sea correcta y las otras equivocadas. Cada cálculo utiliza supuestos específicos sobre inflación, inversión, exportaciones, crédito, consumo y política económica. Si alguna de esas variables cambia, las previsiones pueden volver a revisarse antes del cierre del año.

Qué sectores podrían evitar una desaceleración mayor

A pesar del menor optimismo, los pronósticos continúan en terreno positivo. La energía, la minería y el sector agropecuario aparecen como actividades con capacidad para aportar producción, exportaciones e inversiones. El principal interrogante es si ese crecimiento podrá trasladarse al resto de la economía y generar una mejora significativa en el empleo y el consumo.

Para que la expansión sea más equilibrada, los especialistas observan especialmente la recuperación del crédito, la evolución de la mora, el salario real, el acceso al financiamiento y el desempeño de los sectores vinculados con el mercado interno.

La economía argentina podría crecer durante 2026, pero lo haría a un ritmo menor del imaginado al comenzar el año. El resultado final dependerá de si la mejora de las exportaciones y de las actividades más dinámicas consigue compensar la debilidad del consumo, la industria y el financiamiento.

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