Mo Yan, un ganador del Premio Nobel de visita en la Feria del Libro: su infancia, su obra y el poder de la narrativa
El ganador en la edición 2012 será uno de los invitados más destacados en el evento que se lleva adelante en La Rural. Su obra combina tradiciones chinas, cultura popular y técnicas narrativas occidentales.

El escritor Mo Yan, premio Nobel de Literatura 2012, será uno de los grandes invitados de la Feria Internacional del libro de Buenos Aires.
En diálogo con Clarín, el escritor habló de la infancia que vivió en su infancia, su obra y la importancia de la narrativa.

“De niño me dedicaba a criar y cuidar animales: vacas, ovejas, cerdos, corderos, perros… Por eso aparecen en mis novelas. Los conocía tan bien que en la novela ‘La vida y la muerte me están desgastando’ el protagonista es un hombre que muere y se va reencarnando en diversos animales“, inició.
A la hora de hablar de su actual tarea como escritor en relación a su origen de campesino, Mo Yan aseguró: “Escribir es como una labor física. Tradicionalmente se ha considerado una actividad intelectual, pero yo la veo cada vez más como manual. La ciencia, la medicina moderna, ha comprobado que quemas más calorías escribiendo que realizando algunos otros trabajos. Para mi padre, solo trabajar la tierra, llevar el carro o cosechar eran trabajos de verdad, pero no escribir, pintar ni tocar un instrumento musical. El proceso de creación novelística es similar al de crecimiento y producción de la tierra”.

También explicó el origen de su seudónimo Mo yan (no hables): "De niño, mis padres me decían que no hablara. Si decías lo que pensabas y te escuchaban afuera te metías en problemas. Así que les hice caso y no hablé. Pero sí he escrito. He escrito mucho. También significa que no me interesa la palabrería, sino las palabras verdaderas".
Por último, habló de su obra y la curiosa combinación que destacan sus lectores: “Mis obras tratan de mezclar lo coloquial, lo campesino y lo culto. Nosotros, aparte de leer literatura moderna con nuevos procedimientos, las vanguardias, también leímos el realismo de Balzac, de Cervantes, de Víctor Hugo, o de rusos como Tolstói o Dostoyevski. Ellos nunca evitaron lo feo, no rehuyeron lo lamentable de la vida. Una buena novela debe ser como un mercado: caben personas muy distintas y muy diferentes productos, y muchos colores, sabores y olores diferentes, a carne, pescado, y también el aroma de fritanga de los puestos, mientras escuchas cantos de gallos, de gallinas, de perros, de bueyes, o también hay personas peleándose. Los comerciantes pregonan sus productos, luchando por imponerse a otros sonidos o ruidos. Esto es para mí una buena novela”.

















