La disputa por el agua en Cisjordania se convirtió en un nuevo foco de tensión entre colonos israelíes y comunidades palestinas.
Un caso en Fasayil expone cómo un manantial utilizado por una aldea fue desviado para crear una atracción turística, mientras organizaciones internacionales denuncian un aumento de los ataques contra infraestructura hídrica.
El caso de Fasayil: un manantial que cambió de manos
En la localidad de Fasayil, en el valle del Jordán, un manantial que durante años abasteció a una comunidad palestina fue desviado para alimentar una pileta conocida como la “piscina de Herodes”, según retoma Canal 26 en el video en cuestión.
El cambio tuvo consecuencias directas para los agricultores de la zona. Entre ellos se encuentra Saad Nemer, cuyos cultivos se secaron después de que el flujo de agua hacia las tierras agrícolas se redujera.
La situación expone una de las principales disputas en Cisjordania: el acceso a los recursos naturales en territorios donde las comunidades palestinas y los asentamientos israelíes compiten por el control y el aprovechamiento del agua.
Un desvío de agua sin autorización
Según el informe, el organismo militar israelí encargado de la administración de la zona reconoció que el desvío del manantial se realizó sin autorización.
Sin embargo, la intervención recibió respaldo político. El ministro de Patrimonio israelí, Amijae Eliahu, elogió la iniciativa y anunció su intención de financiar obras para transformar el lugar en un espacio turístico al que describió como un “jardín del Edén”.
El episodio generó cuestionamientos debido a que el mismo recurso hídrico era utilizado previamente por agricultores palestinos para sostener sus cultivos y actividades productivas.
La disputa por el agua en Cisjordania
El caso de Fasayil no aparece como un episodio aislado. Según la ONG B’Tselem, este tipo de acciones forman parte de un proceso más amplio destinado a fortalecer la presencia y el vínculo de Israel con distintas áreas de Cisjordania.
El acceso al agua constituye desde hace décadas uno de los principales puntos de conflicto en el territorio. Manantiales, pozos, redes de distribución y otras infraestructuras resultan fundamentales para las comunidades rurales, especialmente en zonas donde la agricultura depende directamente de los recursos naturales.
La organización sostiene que el control de estos recursos también puede contribuir a modificar las condiciones de vida de las comunidades palestinas y favorecer la expansión de los asentamientos.
La denuncia de la ONU sobre los ataques a infraestructura hídrica
El problema también fue señalado por organismos internacionales. De acuerdo con los datos mencionados en el video de Canal 26, la ONU registró 160 ataques o apropiaciones de infraestructura de agua palestina durante 2026.
Estas acciones incluyen daños, apropiaciones y afectaciones sobre instalaciones esenciales para el suministro de agua, un recurso especialmente sensible en las zonas rurales de Cisjordania.
La pérdida o el desvío de una fuente de agua puede tener un impacto que va más allá del consumo diario: también afecta la producción agrícola, la economía de las familias y la posibilidad de mantener determinadas comunidades en sus territorios.

Sanciones contra los asentamientos israelíes
El aumento de las denuncias sobre la violencia vinculada a los asentamientos también provocó respuestas internacionales. Doce países, entre ellos España, Francia y el Reino Unido, anunciaron medidas comerciales y sanciones relacionadas con los asentamientos israelíes.
El conflicto por el agua se suma así a una problemática mucho más amplia que involucra la expansión de asentamientos, el acceso a los recursos naturales y la situación de las comunidades palestinas en Cisjordania.
El caso del manantial de Fasayil vuelve a poner en primer plano una cuestión central del conflicto: quién controla el agua y qué consecuencias tiene ese control sobre las comunidades que dependen de ella para vivir y producir.














