
En medio de la crisis bancaria y política que sacude a Paraguay, una vieja superstición volvió a instalarse en el debate público: la supuesta maldición del Chevrolet Caprice blanco, el tradicional descapotable utilizado en las ceremonias de asunción presidencial desde el regreso de la democracia en 1989. La leyenda sostiene que los mandatarios que evitaron subir a ese vehículo no lograron completar el período para el que fueron elegidos.
La coincidencia volvió a llamar la atención por la situación de Santiago Peña, quien utilizó un Rolls-Royce negro durante su investidura y quedó en el centro de una crisis institucional vinculada al escándalo del Ueno Bank. El mandatario presentó su renuncia, mientras avanzaba el proceso político para apartarlo del cargo.
Antes de Peña, otros dos presidentes paraguayos también rompieron con el protocolo del Caprice: Raúl Cubas y Fernando Lugo. Ambos terminaron sus gobiernos antes de tiempo, aunque por circunstancias políticas muy diferentes.
La historia del Chevrolet Caprice descapotable como símbolo presidencial
El Chevrolet Caprice blanco descapotable se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de las ceremonias de asunción presidencial en Paraguay. Su utilización como parte del protocolo se consolidó en 1989, después de la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner, que gobernó el país durante 35 años.
El vehículo quedó asociado a la imagen de la continuidad institucional y al traspaso de mando. Desde entonces, los presidentes electos comenzaron a utilizarlo para realizar parte del recorrido oficial durante sus respectivas ceremonias de investidura.

Aunque Stroessner también tenía al Caprice entre los automóviles destinados a distintos actos oficiales, su utilización como tradición de las asunciones quedó vinculada a la etapa democrática. Con el paso de los años, el descapotable blanco adquirió un significado que trascendió su función protocolar y terminó convirtiéndose en una pieza de la cultura política paraguaya.
Santiago Peña y el Rolls-Royce negro: la ruptura de la tradición
La asunción de Santiago Peña en agosto de 2023 volvió a poner en discusión la tradición presidencial. A diferencia de sus antecesores, el mandatario eligió un Rolls-Royce Corniche II descapotable de color negro para trasladarse durante la ceremonia de investidura.
La elección llamó la atención porque significó dejar de lado el histórico Chevrolet Caprice blanco. Tres años después, esa decisión volvió a ser mencionada en medio de la crisis política que atraviesa el país.
El escándalo del Ueno Bank, entidad vinculada al grupo empresarial del que Peña fue accionista, provocó un fuerte impacto institucional. El congelamiento de más de tres millones de cuentas de trabajadores, ciudadanos, empresas y organismos públicos, con fondos comprometidos por más de 4,9 billones de guaraníes, profundizó el conflicto.
En ese contexto, la Cámara de Diputados aprobó el libelo acusatorio para avanzar con un juicio político contra el presidente. Peña presentó su renuncia, aunque el proceso institucional continuó en medio de las discusiones sobre su salida.
Raúl Cubas y el vehículo blindado: el primer antecedente del mito en 1998
Raúl Cubas fue el primer presidente de la era democrática que rompió con la tradición del Caprice blanco. Cuando asumió en agosto de 1998, eligió trasladarse en un vehículo blindado, debido al clima de tensión política y a los problemas de seguridad que rodeaban su llegada al poder.
Su decisión quedó asociada a uno de los períodos más convulsionados de la historia reciente paraguaya. Apenas siete meses después de asumir, el país quedó atravesado por la crisis conocida como el Marzo Paraguayo.
El conflicto se desencadenó tras el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, en marzo de 1999, y estuvo acompañado por masivas protestas y enfrentamientos que profundizaron la inestabilidad institucional.
Cubas quedó acorralado por un inminente juicio político, en medio de las controversias por su decisión de liberar al militar Lino Oviedo. Finalmente, renunció a la presidencia el 28 de marzo de 1999, antes de completar su mandato.
Fernando Lugo: del Jeep militar a la destitución por juicio político en 2012
Fernando Lugo protagonizó otra ruptura con el protocolo presidencial. Cuando asumió en agosto de 2008, se convirtió en el primer presidente no perteneciente al Partido Colorado en seis décadas y eligió un Jeep militar descubierto para trasladarse durante la ceremonia.
El exobispo también realizó parte del recorrido entre el Palacio de López y la Catedral Metropolitana de Asunción a pie, con sus características sandalias. La imagen contrastó con el tradicional despliegue protocolar de las anteriores asunciones.
Sin embargo, su gobierno tampoco llegó a completar el período constitucional. En junio de 2012, Lugo fue destituido mediante un juicio político impulsado después de la masacre de Curuguaty.

El enfrentamiento entre policías y campesinos durante un operativo de desalojo de tierras dejó 17 muertos y desencadenó una crisis política que terminó con su salida del poder.
El proceso de destitución fue cuestionado por su rapidez: Lugo tuvo menos de 24 horas para preparar su defensa antes de que el Senado resolviera su separación del cargo.
Los presidentes paraguayos que sí usaron el Caprice blanco y terminaron su gobierno
La leyenda también se alimenta de los casos de mandatarios que respetaron la tradición y lograron completar sus respectivos períodos presidenciales.
Entre ellos aparecen cinco presidentes de la etapa democrática:
- Andrés Rodríguez (1989-1992): utilizó el Chevrolet Caprice blanco después de asumir tras la caída de Stroessner.
- Juan Carlos Wasmosy (1993-1998): mantuvo el protocolo durante su ceremonia de investidura y completó su mandato.
- Nicanor Duarte Frutos (2003-2008): también utilizó el tradicional descapotable y terminó su período.
- Horacio Cartes (2013-2018): respetó la tradición presidencial y concluyó su gestión.
- Mario Abdo Benítez (2018-2023): fue otro de los mandatarios que utilizó el Caprice blanco y completó los cinco años de gobierno.
Por supuesto, no existe ninguna relación comprobable entre la elección del automóvil y la continuidad de un gobierno. Sin embargo, en un país con una historia política marcada por golpes, renuncias y destituciones, la coincidencia entre el protocolo presidencial y el destino de sus mandatarios alimentó un mito que vuelve a cobrar fuerza con cada episodio de inestabilidad.














