
Durante su exposición en el Council de las Américas, el presidente Javier Milei apeló a los indicadores oficiales para tildar de “estupidez” las afirmaciones que señalan que “la gente no llega a fin de mes” o que la innovación tecnológica destruye puestos de trabajo. Apoyado en los datos de empleo y emulando el pensamiento lógico de Jorge Luis Borges, el jefe de Estado defendió la reconversión productiva del país y definió a la estructura económica actual como “una cárcel” que requiere una apertura comercial urgente.
En el tramo más incisivo de su disertación, el presidente desestimó los diagnósticos que señalan una destrucción sistemática del empleo a causa del avance tecnológico o el deterioro del poder adquisitivo. Para sostener su postura, propuso un ejercicio al auditorio invocando la figura de Jorge Luis Borges:
“Si fuera cierto que el progreso tecnológico destruye trabajo, la tasa de desempleo debería ser de 90% porque no podría haber creado ni un solo empleo nuevo y yo miro y no da 90% la tasa de desempleo”, expuso.
“Por lo tanto, si como argentinos admiramos tanto a Borges ¿por qué no tratamos de pensar como Borges de llevar estas ideas al extremo a ver qué dan? ¿Para ver el tipo de estupideces que se repiten todos los días? Como por ejemplo ‘la gente no llega a fin de mes’... ¿por qué no tratan de pensar lo que significa esta frase? O ‘que el progreso tecnológico destruye empleos’”, sostuvo Milei de manera enérgica.
En esta línea, insistió en que las afirmaciones sobre el consumo y la ocupación no se desprenden de la evidencia estadística disponible y calificó ambas premisas como análisis equivocados.
A su vez, el líder de La Libertad Avanza argumentó que el desarrollo técnico y la innovación benefician de manera directa a la sociedad al incrementar la oferta y reducir los costos de bienes y servicios. Según su exposición, la mejora en la calidad y el descenso de precios generan un margen de ahorro en la población que posteriormente se canaliza hacia otros rubros expandiendo el entramado productivo.
Es por eso que dedicó un apartado central a la política de comercio exterior y remarcó la necesidad de profundizar la integración con los mercados globales. El presidente afirmó que Argentina continúa siendo una economía sumamente cerrada y la graficó conceptualmente como “una cárcel”, insistiendo en la necesidad impostergable de encarar la reconversión de aquellos sectores que entraron en competencia con el mercado internacional.
















