Granit Xhaka no es solamente el capitán de Suiza ni uno de los mediocampistas más reconocidos de Europa: es también el reflejo de una historia familiar atravesada por el exilio, la persecución política y una identidad que nunca dejó de estar ligada a Kosovo. En la previa del cruce entre Suiza y Argentina por los cuartos de final del Mundial 2026, el nombre de Xhaka vuelve a ocupar un lugar central, no solo por su liderazgo dentro de la cancha, sino por todo lo que representa fuera de ella. El partido ante la Selección Argentina se jugará el sábado 11 de julio en Kansas City Stadium, en una instancia que puede marcar otro capítulo histórico para el fútbol suizo.
La dura historia familiar detrás de Granit Xhaka
Para entender a Granit Xhaka hay que mirar mucho más allá del fútbol. Su padre, Ragip Xhaka, nació en Kosovo, una región de mayoría albanesa que durante décadas estuvo atravesada por tensiones políticas, étnicas y territoriales dentro de la ex Yugoslavia. En su juventud, Ragip participó en manifestaciones estudiantiles contra el régimen yugoslavo-serbio y fue detenido. Según distintos relatos publicados en medios europeos, fue condenado a varios años de prisión por su participación en esas protestas.

La cárcel dejó una marca imborrable en la familia. Ragip pasó tiempo encerrado en condiciones extremadamente duras, compartiendo celda con otros detenidos y con apenas unos minutos diarios para salir al aire libre. En entrevistas citadas por la prensa internacional, el padre de Xhaka relató que sufrió golpes y torturas durante su encarcelamiento, una experiencia que años después su hijo transformaría en una parte central de su identidad.
Esa historia de resistencia, silencio y supervivencia explica buena parte del carácter de Granit Xhaka, un futbolista que muchas veces fue definido por su temperamento, pero que también construyó una carrera marcada por el liderazgo, la disciplina y la memoria familiar.
Sus padres exiliados y el nuevo comienzo en Suiza
Después de la prisión de Ragip y del aumento de las tensiones en Kosovo, la familia Xhaka dejó su tierra y se instaló en Suiza. Granit nació en Basilea en 1992, ya lejos del país de origen de sus padres, pero creció escuchando una historia marcada por el desarraigo. Su madre, Elmaze, también fue una figura fundamental: trabajó largas jornadas junto a Ragip para sostener a la familia en un país nuevo y darles a sus hijos una oportunidad distinta.
Xhaka contó en distintas entrevistas que desde chico aprendió a ser responsable. Mientras sus padres trabajaban, él y su hermano Taulant pasaban muchas horas solos en casa. Esa infancia, lejos de ser sencilla, moldeó al jugador que años después se convertiría en capitán de la Selección de Suiza.
El caso de los Xhaka no es aislado. Durante los años 80 y 90, miles de familias albanokosovares migraron hacia países de Europa occidental, especialmente Suiza, Alemania y otros destinos, escapando de la inestabilidad política, la represión y, más tarde, de la guerra de Kosovo. En ese contexto nació una generación de futbolistas suizos con raíces balcánicas que transformó para siempre la identidad de la selección helvética.
Kosovo, Serbia y una herida histórica que llegó al fútbol
La rivalidad entre Suiza y Serbia no puede explicarse solo desde lo deportivo. Para jugadores como Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri, ambos de raíces albanokosovares, enfrentar a Serbia tiene una carga emocional y política mucho mayor. Kosovo declaró su independencia en 2008, pero Serbia no la reconoce, una situación que mantiene viva una tensión histórica en la región.
El episodio más recordado ocurrió en el Mundial de Rusia 2018. Suiza venció 2-1 a Serbia en un partido caliente y Xhaka marcó un gol clave. En la celebración, hizo con sus manos el gesto del águila bicéfala, símbolo vinculado a la bandera albanesa. Shaqiri, autor del gol del triunfo, hizo lo mismo. Para muchos hinchas albaneses y kosovares fue un gesto de orgullo e identidad; para parte del público serbio, una provocación.

La FIFA sancionó a Xhaka y Shaqiri con una multa de 10.000 francos suizos a cada uno por conducta antideportiva, aunque ambos pudieron seguir jugando el torneo. También fue multada la Federación Serbia por incidentes relacionados con sus hinchas, incluidos mensajes discriminatorios y lanzamiento de objetos durante el partido.
El águila bicéfala: un símbolo que superó al fútbol
El gesto del águila bicéfala se convirtió en una de las imágenes más potentes del Mundial 2018. En términos futbolísticos, fue una celebración; en términos históricos, fue una expresión de pertenencia. Xhaka no solo celebró un gol: recordó de dónde venía su familia y qué historia cargaba sobre sus hombros.
Para entender la dimensión del gesto hay que recordar que el águila bicéfala aparece en la bandera de Albania y es un símbolo muy usado por la diáspora albanesa. En comunidades albanokosovares repartidas por Europa, representa memoria, orgullo y resistencia cultural. Por eso, cada vez que Xhaka enfrenta a Serbia, su figura adquiere una dimensión que excede al mediocampista suizo: se convierte en un símbolo de una familia exiliada y de una generación que nació lejos de la tierra de sus padres, pero que nunca dejó de sentirse conectada con ella.
De Basilea a la elite europea
En lo deportivo, Xhaka construyó una carrera de alto nivel. Surgió del FC Basel, donde comenzó su camino profesional, y luego pasó por Borussia Mönchengladbach, Arsenal, Bayer Leverkusen y Sunderland. En Arsenal vivió años intensos: fue capitán, ganó títulos y también enfrentó momentos de tensión con los hinchas. Sin embargo, logró reconstruir su imagen con actuaciones sólidas y un liderazgo cada vez más maduro.
Su etapa en Bayer Leverkusen fue especialmente importante. En 2024 formó parte del equipo que ganó la Bundesliga y la Copa de Alemania, una campaña histórica para el club alemán. Luego, en 2025, regresó a la Premier League con Sunderland, donde llegó como una figura de experiencia y jerarquía.
Suiza ante Argentina: Xhaka, otra vez frente a la historia
Ahora, Xhaka tendrá por delante otro desafío enorme: liderar a Suiza ante Argentina en los cuartos de final del Mundial 2026. La selección helvética llegó a esta instancia después de eliminar a Colombia por penales, mientras que Argentina avanzó tras superar a Egipto en un partido dramático.
El duelo tendrá una carga especial. Para Suiza, alcanzar las semifinales sería una gesta histórica. Para Argentina, vigente campeona del mundo, el objetivo es defender la corona. Y para Xhaka, será otra oportunidad de demostrar que su carrera siempre estuvo construida sobre grandes escenarios, presión máxima y una historia personal que lo empuja a competir hasta el final.
Granit Xhaka es mucho más que el capitán de Suiza. Es el hijo de padres exiliados, el heredero de una memoria familiar marcada por Kosovo y una de las caras más fuertes de una selección multicultural que aprendió a convertir sus raíces en identidad futbolística.







