
Alberto Cormillot sorprendió al revelar una de las excentricidades más curiosas de su vida privada: en su casa atesora una colección de 31 enanos de jardín que, según cuenta, tienen un significado mucho más profundo que el meramente decorativo. Lejos de considerarlos simples adornos, el reconocido médico y nutricionista aseguró que mantiene una relación muy especial con cada uno de ellos. “Ellos me hablan y yo los escucho”, confesó entre risas, dejando en claro que estos peculiares personajes ocupan un lugar importante en su rutina cotidiana.
La llamativa declaración despertó la curiosidad de muchos de sus seguidores, que se preguntan qué papel cumplen estos enanos en su vida. Aunque sus palabras puedan sonar insólitas, Cormillot explicó en distintas ocasiones que disfruta de darle personalidad a los objetos que lo rodean y que encuentra en ellos una fuente de compañía, inspiración y entretenimiento. La colección, que fue creciendo con el paso de los años, refleja una faceta poco conocida de su personalidad: un costado lúdico, creativo y lleno de humor que contrasta con la imagen seria que suele mostrar en su trayectoria profesional.

Cormillot charla con sus duendes de jardín y comparten un código secreto
El especialista en nutrición explicó que sus particulares “compañeros” no son figuras anónimas: cada uno tiene un nombre, una personalidad definida y un rol dentro de la dinámica que él mismo creó alrededor de la colección. Según contó, con el paso del tiempo desarrolló una especie de vínculo afectivo con los enanos de jardín, al punto de mantener conversaciones imaginarias con ellos a través de un “código secreto” que solo él conoce. Esa divertida interacción forma parte de una rutina que, lejos de tomarse con solemnidad, vive con humor y naturalidad.
Cormillot detalló que suele consultarles cuestiones relacionadas con la casa, como si todo estuviera en orden o si ocurrió algún inconveniente durante el día. Incluso les pregunta si fueron ellos los responsables cuando encuentra algún objeto roto o fuera de lugar. Aunque las respuestas formen parte de ese universo lúdico que construyó con sus adornos, el médico asegura que estos diálogos le resultan entretenidos y lo acompañan en la vida cotidiana. La llamativa confesión dejó al descubierto una faceta poco conocida de su personalidad, marcada por la imaginación, el juego y una gran cuota de creatividad.

De un regalo para su madre a una increíble colección de 31 gnomos
De pequeño, Alberto Cormillot le regalaba enanos de jardín a su madre. En principio eran 7, pero después del fallecimiento de sus padres se los llevó a su casa y “se empezaron a reproducir”, afirma cuando se le pregunta por qué tiene tantos al día de hoy. Con el tiempo fue comprando más y recibió varios como regalo de su hijo. Además, intervino a algunos junto a su nieta Emmita.
“Charlamos sobre cosas de la casa y tienen nombre. No lo repetimos porque es un código que tenemos entre nosotros”, le contó a Florencia Peña en una entrevista. Comentó también que la intervención artística de algunos de ellos junto a su nieta le da un significado particular y una conexión con los recuerdos familiares.

“Me encantan”, afirma Cormillot sobre su excéntrico hobby y dice que está lejos de sentir vergüenza por ello. Aunque muchos famosos poseen pasatiempos particulares, este sin duda se destaca entre ellos.
Qué significan los enanos de jardín y por qué atraen la buena suerte al hogar
Los enanitos de jardín son mucho más que simples elementos decorativos. Su historia tiene raíces en antiguas tradiciones europeas, donde se los vinculaba con la buena fortuna, el resguardo del hogar y la prosperidad de la tierra. En países como Alemania, por ejemplo, existía la creencia de que estos pequeños protectores cuidaban las plantas y mantenían alejadas las amenazas.

Con el tiempo, pasaron a convertirse en adornos muy populares en patios y espacios verdes de distintos lugares del mundo, además de despertar el interés de numerosos coleccionistas. En el caso de Cormillot, estas figuras tienen un significado especial por partida doble: por un lado, evocan un recuerdo familiar ligado a sus padres; y por otro, se transformaron en una presencia diaria llena de afecto y simpatía. Más que una afición singular, representan una manera de mantener vivo el vínculo con sus raíces y su historia familiar.



















