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En 1871, Argentina soltó cientos de gorriones para combatir insectos: hoy viven en casi todo el país y desplazaron a aves nativas

Su llegada quedó rodeada de versiones que involucran a Domingo Faustino Sarmiento y al empresario Emilio Bieckert. El pequeño pájaro europeo encontró condiciones ideales, se reprodujo rápidamente y transformó para siempre el paisaje de las ciudades argentinas.

La sorprendente historia de los gorriones en Argentina
La sorprendente historia de los gorriones en Argentina Foto: Instagram @gorriones_org
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Resulta difícil caminar por una plaza, sentarse en un bar o recorrer una estación ferroviaria de Argentina sin encontrarse con un gorrión. Este pequeño pájaro parece haber formado parte del paisaje nacional desde siempre. Sin embargo, no es una especie originaria del país: su presencia se relaciona con una introducción ocurrida durante la segunda mitad del siglo XIX.

La historia más difundida sostiene que, en 1871, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, cientos de ejemplares fueron liberados en la Plaza de Mayo. El propósito habría sido combatir orugas e insectos perjudiciales para jardines y cultivos. No obstante, otra versión señala que los primeros gorriones llegaron de la mano del empresario cervecero Emilio Bieckert.

El cargamento que terminó liberado en Buenos Aires

Según esta segunda historia, Emilio Bieckert regresó a Buenos Aires con maquinaria para su fábrica y varias jaulas con gorriones procedentes de Barr, su pueblo natal en la región europea de Alsacia.

El empresario quería trasladarlos hasta una quinta, pero las autoridades aduaneras le habrían exigido el pago de tasas y el cumplimiento de una cuarentena sanitaria. Molesto ante esas condiciones, Bieckert habría abierto las jaulas y liberado las aves en el puerto.

Gorriones
Emilio Bieckert Foto: Archivo

Los pájaros encontraron abundante alimento, construcciones donde refugiarse y pocos depredadores. Aunque la anécdota fue repetida durante generaciones, no existen documentos definitivos que permitan confirmar cuál fue la primera liberación exitosa.

La suelta atribuida a Sarmiento

La otra versión responsabiliza directamente a Domingo Faustino Sarmiento. El entonces presidente seguía con interés distintas experiencias desarrolladas en Europa y los Estados Unidos, entre ellas la introducción de animales considerados útiles para controlar plagas.

De acuerdo con esta tradición, en 1871 se realizó una suelta pública en la Plaza de Mayo. Los gorriones habrían llegado desde los Estados Unidos, donde también habían sido introducidos para combatir insectos que dañaban huertas y jardines.

Gorriones
Se expandieron por todo el país y terminaron declarados plaga

Es posible que ambas historias contengan parte de la verdad. Los pájaros de Bieckert pudieron llegar primero, mientras que la liberación vinculada con Sarmiento habría reforzado la población inicial. Lo cierto es que durante la década de 1870 el gorrión comenzó una expansión extraordinaria por el territorio argentino.

El secreto de su rápida expansión

El gorrión común, cuyo nombre científico es Passer domesticus, mide aproximadamente entre 14 y 18 centímetros y suele pesar cerca de 30 gramos. Se alimenta de semillas, cereales, insectos, frutas, brotes y restos de comida. Esa dieta flexible fue una de las claves de su supervivencia.

Además, puede construir sus nidos en techos, paredes, galpones, depósitos y estaciones ferroviarias. No necesita grandes extensiones de naturaleza para reproducirse, porque encuentra refugio y alimento en los espacios urbanos.

Gorriones
El pequeño pájaro europeo encontró condiciones ideales Foto: Instagram @gorriones_org

Las hembras pueden realizar varias puestas durante una misma temporada. En pocas décadas, las bandadas dejaron de ser una curiosidad porteña y avanzaron hacia las provincias, las áreas rurales y los países limítrofes.

De aliado contra los insectos a plaga nacional

El crecimiento de la población tuvo consecuencias para otras aves. El gorrión comenzó a competir por alimento y lugares de nidificación con especies nativas como el chingolo y el jilguero. También ingresó en zonas agrícolas, donde consumía granos, verduras, uvas, cerezas, duraznos y peras.

La percepción de la especie cambió rápidamente. El supuesto aliado contra los insectos pasó a ser considerado un problema para productores y autoridades. En 1931, el gorrión fue declarado plaga, aunque para entonces ya se encontraba demasiado extendido como para pensar en su eliminación.

Más de 150 años después, resulta imposible determinar cuántos gorriones viven en el país. Su presencia diaria demuestra el alcance de aquella decisión. Desde las veredas porteñas hasta los pueblos ferroviarios, el gorrión se convirtió en uno de los inmigrantes más exitosos y silenciosos de la historia argentina.

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