
Cada primer fin de semana de octubre, miles de personas atraviesan el oeste bonaerense con un mismo destino: la Basílica de Nuestra Señora de Luján. Algunos llevan pedidos, otros agradecimientos y muchos avanzan para cumplir una promesa que guardaron durante años.
Sin embargo, la historia de la Peregrinación Juvenil a Luján comenzó mucho antes de las multitudinarias caminatas que hoy parten desde Liniers. Sus raíces se remontan a 1630, cuando una pequeña imagen de la Inmaculada Concepción llegó desde Brasil y quedó vinculada para siempre con un misterioso episodio.
1630: la carreta que se detuvo y dio origen al milagro de Luján
El hacendado portugués Antonio Farías de Sá había encargado una imagen de la Virgen para colocarla en una capilla de su estancia de Sumampa, en la actual provincia de Santiago del Estero. Desde Brasil enviaron dos figuras religiosas en cajones separados.
Después de llegar al puerto de Buenos Aires, las imágenes emprendieron viaje hacia el norte en una tropa de carretas. Cuando la caravana se detuvo cerca del río Luján, en un paraje conocido como Árbol Solo, ocurrió algo inesperado: los bueyes no pudieron seguir avanzando.

Los hombres descargaron mercadería, cambiaron los animales e hicieron varios intentos. Nada funcionó. Finalmente bajaron el cajón que contenía la imagen de la Inmaculada Concepción y la carreta volvió a moverse.
Para quienes presenciaron la escena, no había dudas: la Virgen había elegido quedarse en ese lugar.
La imagen fue llevada a la estancia de la familia Rosendo y quedó bajo el cuidado de Manuel Costa de los Ríos, conocido popularmente como el Negro Manuel. Este hombre africano esclavizado dedicó su vida a custodiarla, encender velas y recibir a los primeros peregrinos.
Con el paso de los años, aquella pequeña figura se transformó en uno de los símbolos religiosos más importantes del país.
Los peregrinos que llegaron antes que los jóvenes
La tradición de viajar hasta Luján se extendió durante los siglos XVIII y XIX. Familias, trabajadores rurales y comunidades católicas comenzaron a organizar visitas al santuario, pero la llegada del ferrocarril permitió que las convocatorias fueran cada vez más numerosas.
En 1871 se realizó la primera Peregrinación General de los Católicos al Santuario de Luján, uno de los antecedentes más importantes de las movilizaciones posteriores.
Otro momento decisivo ocurrió el 29 de octubre de 1893, cuando aproximadamente 400 trabajadores participaron de una peregrinación impulsada por el sacerdote Federico Grote, fundador de los Círculos Católicos de Obreros.
La caminata estaba relacionada con el crecimiento del catolicismo social y buscaba acompañar las necesidades espirituales y materiales de los trabajadores. Apenas tres años después, la convocatoria ya reunía a cerca de 4.000 obreros.
A estas expresiones se sumaron las tradicionales peregrinaciones gauchas, que fortalecieron la relación entre el santuario, las comunidades rurales y la identidad popular argentina.
1975: los jóvenes que caminaron en una Argentina dividida
La actual Peregrinación Juvenil nació el 25 de octubre de 1975, en medio de una de las etapas más violentas e inciertas de la historia argentina. El país atravesaba enfrentamientos políticos, persecuciones y una profunda crisis social.
En ese contexto, sacerdotes y jóvenes vinculados con la Comisión de Piedad Popular del Arzobispado de Buenos Aires imaginaron una convocatoria diferente. La intención era reunir a una juventud dividida alrededor de un gesto pacífico, popular y religioso.

Los organizadores esperaban convocar entre 2.500 y 3.000 asistentes. Sin embargo, cerca de 30.000 jóvenes comenzaron a caminar desde el Santuario de San Cayetano, en Liniers, bajo el lema: “La juventud peregrina a Luján por la patria”.
No había teléfonos celulares ni redes sociales. La convocatoria se difundió mediante afiches, visitas a parroquias y el contacto directo entre los jóvenes. Tampoco existían los operativos actuales, por lo que los peregrinos debían avanzar con precaución por el costado de la ruta.
Una antigua camioneta conocida como “la Titina” encabezaba la movilización. La música también acompañó desde el comienzo a los caminantes y ayudó a transformar el cansancio en una experiencia colectiva.
Por qué la Peregrinación a Luján se realiza en octubre
La elección de octubre está relacionada con aquella primera peregrinación del 25 de octubre de 1975. Al repetirse la experiencia, los organizadores buscaron establecer una fecha fija dentro del calendario y finalmente se consolidó el primer sábado de octubre.
El recorrido tradicional comienza en el Santuario de San Cayetano de Liniers y termina frente a la Basílica de Luján. Son aproximadamente 60 kilómetros, aunque muchas personas se incorporan desde otros puntos como Morón, Merlo y Moreno.

Durante el camino aparecen puestos de hidratación, asistencia sanitaria, espacios de descanso y voluntarios que acompañan a los peregrinos. Algunos completan todo el trayecto y otros deben detenerse antes. Pero para muchos, llegar no es lo único importante.
La Peregrinación a Luján resume casi cuatro siglos de historia. Comenzó con una imagen que se quedó junto al río, continuó con trabajadores y gauchos, y encontró en los jóvenes de 1975 una fuerza capaz de atravesar generaciones.
Desde entonces, cada octubre vuelve a repetirse la misma escena: cuando el cansancio obliga a detenerse, la fe impulsa a dar un paso más.




















