Marruecos inaugura la Torre Mohammed VI: el rascacielos de 250 metros que impulsa el turismo rumbo al Mundial 2030
El proyecto demandó una inversión de 700 millones de dólares y fue desarrollado durante ocho años con la participación de más de 2.500 trabajadores. La obra aparece como una carta de presentación arquitectónica y simbólica del país ante el mundo.

Con una silueta futurista que ya redefine el horizonte del norte de África, Marruecos inauguró esta semana una de sus obras más ambiciosas: la Torre Mohammed VI, un rascacielos que combina lujo, negocios y estrategia geopolítica en pleno corazón del país.
Marruecos inaugura la Torre Mohammed VI y refuerza su ambición global
Ubicada en Salé, frente a Rabat, la torre se eleva 250 metros sobre el nivel del suelo y cuenta con 55 pisos, consolidándose como una de las más altas de África. El proyecto demandó una inversión de 700 millones de dólares y fue desarrollado durante ocho años con la participación de más de 2.500 trabajadores de más de una docena de países.

Bautizada en honor al rey Mohammed VI, la estructura está inspirada en la forma de un cohete en plataforma de lanzamiento, una referencia directa a la visión de modernidad y proyección internacional del país. Su interior albergará un hotel de lujo de la cadena Waldorf Astoria, además de oficinas corporativas, locales comerciales, restaurantes y residencias de alta gama.
Según Leila Haddaoui, directora de la desarrolladora O Tower, la obra generará 450 empleos directos y más de 3.500 indirectos, consolidándose como un nuevo polo económico en la región. Su cercanía al Gran Teatro de Rabat y sus vistas al océano Atlántico refuerzan su atractivo tanto para inversores como para turistas.
Turismo, poder blando y Mundial 2030: la estrategia detrás del megaproyecto
La inauguración de la torre no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia más amplia con la que Marruecos busca consolidar su posicionamiento internacional. El país es el más visitado del continente africano y apuesta a captar un flujo aún mayor de turistas, en un contexto global donde los viajeros priorizan destinos percibidos como seguros.
Además, el impulso cobra especial relevancia de cara a la Copa Mundial de la FIFA 2030, que Marruecos coorganizará junto a España y Portugal. En ese escenario, la Torre Mohammed VI aparece como una carta de presentación arquitectónica y simbólica del país ante el mundo.

El proyecto también es interpretado como una muestra del creciente poder blando marroquí en África y Medio Oriente, mediante inversiones en infraestructura de alto impacto que buscan ampliar su influencia regional.
Detrás de la iniciativa está el empresario Othmane Benjelloun, propietario de Bank of Africa, quien concibió la idea tras una experiencia singular: en 1969 fue invitado por la NASA a participar en una simulación de vuelo previa a la misión Apolo 12. Esa vivencia inspiró el diseño del rascacielos, cuya estética evoca el despegue de un cohete.
Desarrollo y tensiones internas: el otro lado del crecimiento
A pesar del entusiasmo oficial, el megaproyecto expone tensiones estructurales dentro del país. Críticos advierten que el desarrollo económico se concentra en el corredor atlántico (donde se ubican Rabat y Casablanca) mientras otras regiones permanecen rezagadas.

Las protestas impulsadas por sectores jóvenes en el último año, especialmente de la llamada generación Z, reflejaron reclamos por alto desempleo y deficiencias en los servicios públicos, lo que plantea interrogantes sobre la distribución de los beneficios de este tipo de inversiones.
Con más de 102.800 metros cuadrados de superficie, la Torre Mohammed VI no solo redefine el skyline marroquí: también sintetiza las aspiraciones, oportunidades y los desafíos de un país que busca consolidarse como actor clave en el escenario global.















