
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, quedó en el centro de una fuerte polémica luego de que circularan imágenes en las que aparece repartiendo balones de fútbol a niños afectados por el terremoto de magnitud 7,4 que golpeó al país. Los elementos llevaban el logo de su movimiento político, Defensores de la Patria, una situación que generó críticas por el uso de una emergencia humanitaria con fines políticos.
La polémica por las pelotas con propaganda política
De la Espriella visitó Buenaventura, una de las ciudades más afectadas por el sismo, para anunciar medidas sanitarias y asistencia para la población damnificada. Sin embargo, la imagen que terminó concentrando la atención fue la del mandatario entregando balones amarillos desde su vehículo blindado.
Un activista, de nombre Carlos Parra, difundió el video en redes sociales y cuestionó la actitud del presidente al considerar que el gesto no era acorde con las necesidades de una población golpeada por la tragedia.
La dimensión de la emergencia explica parte de la indignación: más de 10.000 familias resultaron afectadas, mientras que unas 9.000 viviendas sufrieron daños y otras 954 quedaron completamente destruidas, de acuerdo con los datos citados sobre las consecuencias del terremoto. En ese contexto, la utilización de elementos identificados con un movimiento político fue interpretada por críticos como una forma de hacer campaña en medio de una situación de extrema vulnerabilidad.
Las críticas también surgieron desde referentes sociales de Buenaventura. Leonard Rentería cuestionó que las autoridades aparecieran con balones y camisetas cuando las necesidades más urgentes de la población están relacionadas con alimentos, vivienda, colchones y soluciones ante las mareas altas.
El dirigente social planteó, además, que el problema excede la entrega de elementos recreativos. La emergencia afectó a numerosos establecimientos educativos y dejó a miles de estudiantes con dificultades para regresar a las aulas.

La crítica apunta así a una cuestión central: el problema no sería que los niños reciban pelotas, sino que esos elementos estén acompañados de una identificación política en medio de una emergencia. Y principalmente, que la entrega de balones no es la necesidad primordial y más urgente que precisa resolver esa gente damnificada.
Para sus detractores, la escena transmite una imagen de desconexión entre las prioridades de los afectados y la comunicación política del Gobierno.
La ayuda sanitaria quedó opacada por la controversia
Durante su visita, De la Espriella también realizó anuncios vinculados con la atención médica. Junto a la ministra de Salud, Ana María Vesga, informó la reactivación del buque hospital Benkos Biohó y anunció el envío de medicamentos, carpas y otros recursos sanitarios.
La ministra explicó que la embarcación no podía comenzar a operar inmediatamente después del terremoto porque no contaba con personal ni combustible. En ese sentido, defendió que el buque pertenece a todos los colombianos y no a una administración específica.
El Gobierno también presentó a Buenaventura como un territorio históricamente postergado y prometió que dejaría de ser “la tierra del olvido”. Sin embargo, para sus críticos, esos anuncios quedaron eclipsados por la polémica de los balones.















