
El estrecho de Magallanes vuelve a cobrar protagonismo como ruta comercial y estratégica entre el Atlántico y el Pacífico debido a las dificultades que atraviesa el Canal de Panamá por la sequía. La situación climática, sumada a las restricciones para el tránsito de grandes embarcaciones, revalorizó este paso natural ubicado en el extremo sur de Sudamérica y puso nuevamente el foco sobre su importancia geopolítica.
La creciente atención sobre la zona también generó una nueva polémica entre Argentina y Chile, luego de declaraciones del jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, Gustavo Javier Valverde. El militar sostuvo que Magallanes, el sur y el pasaje de Drake representan una “llave bioceánica” y remarcó la necesidad de mantener presencia en la región.

El estrecho de Magallanes pertenece a Chile
Más allá de las declaraciones, los acuerdos internacionales son claros respecto de la soberanía. El Tratado de 1881 entre Argentina y Chile estableció que el estrecho de Magallanes, en toda su extensión, pertenece a Chile. Esta definición fue posteriormente reafirmada mediante el Tratado de Paz y Amistad de 1984, alcanzado luego de la mediación del papa Juan Pablo II por el conflicto en torno al canal Beagle.
Tras los dichos de Valverde, el Gobierno chileno anunció que presentaría un reclamo diplomático. Sin embargo, la controversia perdió intensidad luego de que la Cancillería argentina reafirmara la plena vigencia de los acuerdos bilaterales y reconociera la soberanía chilena sobre el estrecho.
Descubierto por Hernando de Magallanes en 1520, el paso fue durante siglos una de las principales conexiones marítimas entre ambos océanos. Su importancia disminuyó considerablemente después de la inauguración del Canal de Panamá en 1914, que permitió acortar de manera significativa las rutas comerciales.
Una alternativa al Canal de Panamá
El cambio climático volvió a modificar ese escenario. Las sequías asociadas a fenómenos como El Niño reducen la disponibilidad de agua necesaria para el funcionamiento de las esclusas del Canal de Panamá. Durante la crisis de 2023 y 2024, las autoridades panameñas debieron limitar el número de barcos y el calado permitido, generando demoras y desviaciones hacia otras rutas.
En ese contexto, el estrecho de Magallanes aparece como una alternativa natural. Aunque representa un recorrido considerablemente más largo —puede sumar unos 15.000 kilómetros y alrededor de 10 días de navegación, según los puertos de origen y destino—, tiene una ventaja fundamental: no depende de un sistema de esclusas ni de la disponibilidad de agua dulce.
La ruta austral también permite el paso de embarcaciones que, por sus dimensiones, tienen dificultades para atravesar Panamá. En julio de 2025, por ejemplo, el gigantesco buque Boka Vanguard, con una cubierta de 275 metros y capacidad para transportar hasta 110.000 toneladas, cruzó el estrecho en su recorrido entre Gibraltar y California.
Chile puede beneficiarse del nuevo escenario
El eventual aumento del tránsito comercial podría representar una oportunidad económica para Chile, país que ejerce la soberanía sobre el estrecho. Un mayor movimiento de embarcaciones podría traducirse en más actividad portuaria, servicios marítimos y recaudación aduanera.
Al mismo tiempo, especialistas consideran que el estrecho tiene un valor estratégico que excede al comercio. Su ubicación lo convierte en un punto relevante para la conexión entre los océanos y también por su cercanía con la Antártida.
Una eventual interrupción de otras rutas estratégicas, ya sea por conflictos militares o problemas climáticos, podría incrementar todavía más su importancia. En ese escenario, Magallanes podría convertirse en uno de los principales puntos de tránsito marítimo internacional.

¿Puede convertirse en una zona de conflicto?
Pese a las recientes declaraciones, especialistas descartan que el estrecho de Magallanes vaya camino a convertirse en una nueva zona de disputa entre Argentina y Chile. Ambos países cuentan con tratados vigentes que reconocen la soberanía chilena y mantienen mecanismos diplomáticos para resolver sus diferencias.
La principal discusión, por lo tanto, no estaría relacionada con la soberanía sino con el valor estratégico del extremo sur del continente. Si las restricciones sobre Panamá se vuelven recurrentes, el estrecho podría recuperar una relevancia comercial que perdió hace más de un siglo.
El desafío para Chile será entonces prepararse para un eventual incremento del tráfico marítimo. Más infraestructura, capacidad logística y servicios especializados serán necesarios si el cambio climático termina consolidando al estrecho de Magallanes como una de las grandes rutas alternativas entre el Atlántico y el Pacífico.


















