
En el extremo sur de América existe un corredor natural donde se conectan los océanos Atlántico y Pacífico. Se trata del estrecho de Magallanes, una ruta de aproximadamente 330 millas náuticas que durante siglos despertó el interés de navegantes, imperios y gobiernos.
Antes de la apertura del Canal de Panamá en 1914, el estrecho era uno de los principales caminos para pasar de un océano al otro sin enfrentar las peligrosas aguas del cabo de Hornos. Sin embargo, su importancia estratégica también lo convirtió en escenario de una prolongada controversia entre la Argentina y Chile.
El descubrimiento que cambió los mapas
La historia europea del estrecho comenzó el 21 de octubre de 1520, cuando la expedición comandada por Fernando de Magallanes encontró una entrada marítima al sur del continente.
El 1 de noviembre, los navegantes ingresaron al paso, al que inicialmente llamaron “estrecho de Todos los Santos”. La travesía confirmó que existía una conexión entre el Atlántico y el océano que después sería conocido como Pacífico.

La Corona española intentó controlar la región. En 1584, Pedro Sarmiento de Gamboa fundó asentamientos destinados a proteger la ruta de otras potencias europeas. El proyecto terminó en tragedia por el hambre, el aislamiento y las condiciones climáticas extremas.
Los documentos coloniales no siempre establecieron límites precisos. Esa ambigüedad tendría consecuencias después de las independencias, cuando la Argentina y Chile comenzaron a interpretar de manera diferente sus derechos sobre la Patagonia y los territorios australes.
La ocupación chilena que inició la disputa
El momento decisivo llegó el 21 de septiembre de 1843, cuando una expedición chilena tomó posesión del estrecho y fundó el Fuerte Bulnes en la península de Brunswick.
La medida buscaba establecer una presencia permanente y asegurar el control de la ruta. En 1847, el gobierno de Buenos Aires protestó al considerar que la ocupación se había producido en un territorio perteneciente a la Confederación Argentina.
Así comenzó una controversia diplomática que se extendió durante más de tres décadas. La discusión no involucraba solamente al estrecho, sino también a la Patagonia, Tierra del Fuego y otros territorios australes.
El Tratado de 1881 que definió el estrecho
El 23 de julio de 1881, la Argentina y Chile firmaron un tratado para resolver la disputa limítrofe. El acuerdo estableció que la frontera seguiría, hasta el paralelo 52, las cumbres más elevadas de la cordillera de los Andes que dividieran las aguas.
Al sur de ese punto se trazaron líneas específicas y se dividió la isla Grande de Tierra del Fuego. En la práctica, Chile conservó el control del estrecho, mientras que la Argentina consolidó su soberanía sobre la Patagonia oriental.
El artículo quinto determinó que el estrecho de Magallanes quedaría neutralizado a perpetuidad y abierto a la libre navegación de todas las naciones. Además, prohibió construir fortificaciones que pudieran impedir el tránsito marítimo.
Sin embargo, el documento no resolvió con precisión todas las cuestiones vinculadas con su entrada oriental.
Punta Dungeness y cabo Vírgenes, el centro de la polémica
Una de las principales diferencias estuvo relacionada con el punto exacto donde comienza el estrecho.
La posición chilena ubicaba la boca oriental en punta Dungeness, mientras que una interpretación argentina la extendía hasta el cabo Vírgenes. Aunque la distancia parecía menor en el mapa, podía influir en la identificación de las aguas, la regulación de la navegación y las proyecciones marítimas.

En 1893, ambos países firmaron un protocolo aclaratorio que reafirmó un principio central: la Argentina no reclamaría territorios hacia el Pacífico y Chile no lo haría hacia el Atlántico. A pesar de ello, persistieron diferencias interpretativas.
El accidente que reavivó las tensiones
En agosto de 1974, el superpetrolero neerlandés Metula encalló en el estrecho y provocó un enorme derrame de petróleo. Chile adoptó nuevas regulaciones para reforzar la seguridad de la navegación.
El gobierno argentino objetó que esas medidas fueran aplicadas unilateralmente. Chile, por su parte, defendió su facultad para reglamentar el tránsito, siempre que respetara la libertad de navegación establecida en 1881.
La tensión coincidió con el conflicto por las islas Picton, Nueva y Lennox en el canal Beagle. En diciembre de 1978, ambos países estuvieron al borde de una guerra, finalmente evitada gracias a la mediación de la Santa Sede.
El acuerdo que cerró una etapa histórica
El 29 de noviembre de 1984, la Argentina y Chile firmaron el Tratado de Paz y Amistad en la Ciudad del Vaticano.
El acuerdo estableció una delimitación marítima austral, reforzó el compromiso de resolver las controversias por medios pacíficos y reconoció la línea entre punta Dungeness y cabo Espíritu Santo como límite en el extremo oriental del estrecho.
Actualmente, el estrecho permanece bajo soberanía chilena y sujeto a un régimen especial de libre navegación. Su valor estratégico continúa relacionado con el comercio, el acceso a la Antártida, la protección ambiental y la actividad científica.
Su historia demuestra que detrás de una frontera existen expediciones, intereses económicos y decisiones políticas. También recuerda que, incluso después de décadas de tensión, la diplomacia pudo evitar que una disputa territorial terminara en una guerra.





















