La reconstrucción de Venezuela después de los devastadores terremotos del 24 de junio podría demandar una inversión de hasta 21.000 millones de dólares. La cifra surge de la Evaluación de Necesidades Posteriores al Desastre, conocida internacionalmente como PDNA, presentada por autoridades nacionales y organismos multilaterales.
El documento no se limita a calcular cuánto costará reparar lo destruido. También contempla los recursos necesarios para recuperar servicios esenciales, reactivar actividades económicas, reconstruir viviendas y reducir la vulnerabilidad ante futuros terremotos. El objetivo central es evitar que las comunidades regresen a las mismas condiciones de riesgo que existían antes de la catástrofe.
Terremotos en Venezuela: los daños alcanzan los US$14.831 millones
Los sismos, que alcanzaron magnitudes de 7,2 y 7,5, dejaron daños y pérdidas económicas estimados en 14.831 millones de dólares en los siete estados afectados. Esta cifra incluye tanto la destrucción física de viviendas e infraestructura como las consecuencias económicas derivadas de la interrupción de servicios, comercios y actividades productivas.
La diferencia entre los US$14.831 millones contabilizados como daños y pérdidas y los US$21.000 millones requeridos para la recuperación responde al alcance del plan. Reconstruir no significa únicamente reemplazar lo que desapareció, sino hacerlo con nuevos estándares de seguridad, infraestructura más resistente y mejores mecanismos de prevención.
La evaluación examinó el impacto sobre los sectores sociales, productivos y de infraestructura. También incorporó factores vinculados con la gobernanza, el ambiente, la gestión del riesgo y la situación de los grupos con mayor grado de vulnerabilidad.
Miles de viviendas quedaron dañadas por el doble terremoto
Uno de los principales desafíos estará concentrado en la recuperación habitacional. Según el balance oficial difundido dos meses después de la tragedia, 14.239 viviendas presentaban afectaciones moderadas, mientras que otras 11.001 registraban daños graves.
Estas cifras muestran que la emergencia no terminó con las operaciones de búsqueda y rescate. Miles de familias todavía necesitan soluciones habitacionales, reparación de servicios y condiciones adecuadas para retomar sus actividades cotidianas.
Después de los terremotos, el Gobierno venezolano solicitó apoyo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo para impulsar programas de vivienda y asistir a las personas que perdieron sus hogares. La respuesta deberá contemplar no solo la construcción de casas, sino también la recuperación de escuelas, centros de salud, redes eléctricas, sistemas de agua, carreteras y fuentes de empleo.
Qué significa “reconstruir mejor” después de la tragedia
El plan de recuperación se apoya en el principio de “reconstruir mejor”. Este concepto apunta a que las inversiones posteriores al desastre ayuden a crear comunidades más seguras y preparadas, en lugar de reproducir las condiciones que amplificaron los daños.
Entre las prioridades se encuentran la aplicación de criterios de sismorresistencia, la rehabilitación de infraestructura estratégica, el restablecimiento de servicios básicos y el fortalecimiento de los sistemas de prevención y gestión de emergencias.
La recuperación también deberá atender las consecuencias económicas del desastre. La interrupción de actividades productivas puede generar pérdida de ingresos, desempleo, mayores costos operativos y dificultades adicionales para las pequeñas empresas. Por esa razón, el diagnóstico incorpora tanto las estructuras destruidas como los ingresos que dejaron de percibirse después de los terremotos.
Quiénes participaron en la evaluación de daños
La elaboración de la PDNA fue liderada por el Gobierno de Venezuela y desarrollada mediante un mecanismo conjunto del Sistema de las Naciones Unidas, la Unión Europea y el Banco Mundial. También participaron, mediante acompañamiento técnico, el Banco Interamericano de Desarrollo y CAF–Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe.
El trabajo coordinado permitió establecer un diagnóstico común sobre los efectos de la catástrofe. Esa base técnica será fundamental para ordenar las prioridades, proyectar los recursos necesarios y coordinar la asistencia financiera nacional e internacional.
La directora regional del PNUD para América Latina y el Caribe, Michelle Muschett, entregó el informe a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, durante un acto realizado en el Palacio de Miraflores, en Caracas. Muschett explicó que el documento constituye un primer insumo para diseñar una recuperación sustentada en evidencia.
El próximo paso será crear una hoja de ruta para la reconstrucción
Con la evaluación completada, comenzará una nueva etapa orientada a transformar las conclusiones técnicas en una hoja de ruta estratégica, operativa y financiera. Ese marco deberá determinar cuáles serán las primeras obras, cómo se distribuirán los recursos y qué mecanismos se utilizarán para supervisar el proceso.
Los resultados de la PDNA servirán para priorizar intervenciones y elaborar un Marco de Recuperación Resiliente. Este instrumento será clave para coordinar la reconstrucción entre las instituciones venezolanas, los organismos multilaterales y las entidades de financiamiento.
El desafío será enorme. Además de movilizar hasta US$21.000 millones, el plan deberá responder a las necesidades inmediatas de miles de familias y avanzar hacia un modelo de reconstrucción capaz de resistir futuras emergencias.
La magnitud de los daños convierte a la recuperación de Venezuela en un proceso de largo plazo. El éxito dependerá de la disponibilidad de financiamiento, la definición transparente de prioridades y la capacidad de traducir el diagnóstico en obras concretas. Para quienes perdieron sus viviendas, sus medios de vida o a integrantes de sus familias, la reconstrucción no será solamente una cuestión económica. Será también el camino para recuperar seguridad, estabilidad y perspectivas de futuro.
















