
Germán Luis Kammerath, ex Secretario de Comunicaciones de la Nación y ex Intendente de la Ciudad de Córdoba (1999-2003), habló en Reporte Asia del día en que William M. Daley, secretario de Comercio del presidente Bill Clinton, visitó Córdoba y cómo la provincia ocupó un lugar central en la agenda continental.
A continuación, reproducimos lo expresado en dicho artículo:
William Daley, una relación construida en las telecomunicaciones y una oportunidad para atraer inversiones.
En febrero de 2000, Córdoba apareció en una gira concebida para las grandes capitales de Sudamérica. William M. Daley, secretario de Comercio del presidente Bill Clinton, aceptó incluir nuestra ciudad, reunirse con José Manuel de la Sota y conmigo y conversar con empresarios sobre inversiones. Para mí, que había trabajado con él desde la Secretaría de Comunicaciones y entonces era intendente de Córdoba, aquella visita tenía un propósito claro: demostrar que nuestra provincia podía competir por las industrias del nuevo siglo.
Daley era entonces una de las figuras de mayor peso del gobierno de Clinton. Meses después de aquella visita asumió la presidencia de la campaña de Al Gore para la elección presidencial de 2000. En 2011, Barack Obama lo designó jefe de Gabinete de la Casa Blanca. Esa trayectoria posterior ayuda a medir la relevancia del interlocutor que llegó a Córdoba, aunque no debe confundirse con los cargos que ejercía durante su visita. Llegó a ella como secretario de Comercio estadounidense.
La escala fue excepcional. La prensa local destacó que Córdoba era la única ciudad no capital nacional del itinerario. Esa singularidad nos permitió ejercer, por una jornada, una suerte de capitalidad sudamericana: en las sierras se reunieron autoridades de distintos niveles de gobierno, un integrante del gabinete estadounidense y empresarios que podían decidir proyectos regionales. No era un título formal; era una forma de ocupar un lugar propio en la agenda continental.
Una relación anterior a la visita
Nuestra relación había nacido en el trabajo sobre telecomunicaciones. Daley visitó la sede de la Secretaría de Comunicaciones y la Comisión Nacional de Comunicaciones en Buenos Aires. Yo viajé a Washington para reunirme en el Departamento de Comercio y en la Comisión Federal de Comunicaciones. Hablábamos de competencia, expansión de Internet, satélites, redes y acceso a los mercados, asuntos que ya empezaban a ordenar la economía mundial.
En abril de 1998 nos encontramos en Bariloche durante la IV Cumbre Latinoamericana de Telecomunicaciones. Daley participó junto a ministros y responsables de comunicaciones de la región. La Argentina expuso allí su apertura del sector y las perspectivas de reciprocidad satelital. Fue también una relación capaz de admitir desacuerdos: Daley expresó públicamente las objeciones de su gobierno al régimen argentino de patentes. La confianza no exigía ocultar esas diferencias; permitía discutirlas de frente.
Con ese antecedente, cuando asumí la intendencia pude proponerle que Córdoba formara parte de una conversación que casi siempre se concentraba en Buenos Aires o en otras capitales. De la Sota buscaba atraer inversiones a la provincia; nosotros queríamos presentar a la ciudad como sede de actividades intensivas en conocimiento. Córdoba contaba con universidades, profesionales y una tradición industrial. Faltaba llevar esa oferta a los interlocutores capaces de transformarla en proyectos.

La única ciudad no capital del itinerario
La gira de Daley comprendía Brasilia, Montevideo, Buenos Aires, São Paulo y Santiago de Chile. La incorporación de Córdoba rompía deliberadamente esa secuencia. La Voz del Interior señaló entonces la relación que habíamos establecido durante mi paso por Comunicaciones como una de las razones de la escala. Su comitiva incluía ejecutivos de compañías estadounidenses de telecomunicaciones, energía, industria y servicios.

Había una tarea concreta detrás del gesto diplomático. De la Sota quería mostrar los proyectos provinciales y abrir conversaciones con posibles inversores. Como intendente, me interesaba que Córdoba fuera considerada para centros de desarrollo, servicios y tecnología. El contacto personal con Daley servía para lograr una audiencia, pero una inversión sólo podía prosperar si la ciudad ofrecía talento, condiciones y un compromiso sostenido de sus autoridades.
Las conversaciones en la Estancia La Paz
El centro de la jornada fue la Estancia La Paz, en Ascochinga. Allí De la Sota y yo recibimos a Daley y a su delegación junto con funcionarios y empresarios cordobeses. La prensa registró una recepción con alrededor de 130 asistentes y conversaciones que abarcaron privatizaciones provinciales, energía, infraestructura, turismo, conectividad aérea y tecnología. Durante horas, Córdoba pudo explicar sus capacidades ante quienes tomaban decisiones en la principal economía del mundo.
De la Sota le pidió a Daley que alentara a las empresas estadounidenses a estudiar oportunidades en la provincia. Daley asumió el compromiso de difundirlas entre posibles interesados. Yo planteé la necesidad de abrir Córdoba al mundo y mejorar sus condiciones para recibir inversiones. Los tres teníamos papeles diferentes, pero compartíamos una convicción: la provincia y la ciudad podían presentar una oferta propia, sin esperar que todas las relaciones económicas internacionales pasaran por Buenos Aires.
La Paz contribuía también al tono de la reunión. El escenario histórico de las sierras permitía prolongar las conversaciones fuera del formato rígido de una oficina. Allí se encontraron un proyecto provincial de desarrollo, la ambición municipal de atraer tecnología y una relación con Daley cultivada durante años. La visita adquirió valor porque esas tres piezas coincidieron en el momento adecuado.
El respaldo a Motorola
Motorola era una posibilidad especialmente importante. Mi relación con la empresa venía de los años en Comunicaciones. En enero de 2000 visité sus oficinas en Estados Unidos y planteé que enviara una misión a Córdoba para evaluar un centro de desarrollo. La visita de Daley reforzó esa conversación. Su respaldo ayudó a que una empresa global examinara seriamente a una ciudad que quería competir por software y empleo profesional.
La intervención de Daley quedó consignada en una crónica contemporánea de Revista Mercado, que le atribuyó un papel importante en las negociaciones de Motorola. Más tarde, el acuerdo de radicación fue firmado por De la Sota, Juan Schiaretti y por mí como intendente. La decisión necesitó el trabajo de los gobiernos, las universidades, los profesionales cordobeses y la propia compañía. Por eso conviene contarla como un esfuerzo compartido y no como el resultado automático de una visita.
Motorola se volvió un emblema porque demostró que Córdoba podía desarrollar software para mercados internacionales. Intel y EDS instalaron operaciones posteriormente, cada una en su propio contexto. Aquellas radicaciones no fueron anunciadas en La Paz. Sí formaron parte de un proceso que había comenzado a presentar a Córdoba como destino confiable para actividades tecnológicas. La ciudad ya podía ofrecer una historia verificable a los siguientes inversores.
Una parada en la iglesia de Ascochinga
Después del encuentro en La Paz, acompañé a Daley a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Ascochinga. Quise mostrarle una placa que recuerda que John Fitzgerald Kennedy asistió allí a misa durante su visita a la estancia San Miguel, de la familia Cárcano, en 1941. Era un detalle fuera de la agenda económica, pero tenía una resonancia personal para nuestro visitante.
Su padre, Richard J. Daley, era alcalde de Chicago cuando Kennedy ganó la presidencia de Estados Unidos en 1960. La organización demócrata que conducía fue decisiva para su victoria en Illinois. William Daley, hijo de aquel alcalde y secretario de Comercio de otro presidente demócrata, encontró en una pequeña iglesia cordobesa una huella del joven Kennedy anterior a la Casa Blanca. La conversación sobre futuro e inversiones terminó, de manera inesperada, con una mirada al pasado compartido.
La capitalidad que se construye
Cuando digo que Córdoba fue capital sudamericana durante aquella jornada no le atribuyo una condición administrativa. Describo su capacidad de convocar, presentar oportunidades y hablar directamente con un secretario del gabinete estadounidense. Daley nos ofreció acceso y respaldo; De la Sota puso la estrategia provincial; desde la Municipalidad ayudamos a traducir vínculos internacionales en una propuesta para la ciudad.
Conservo las imágenes de La Paz y de la iglesia de Ascochinga. Pero la lección más duradera fue otra: una ciudad del interior puede construir una agenda exterior propia si combina relaciones de confianza con capacidades reales. En aquel febrero, Córdoba dejó de esperar una invitación al mundo y decidió sentarse a conversar con él.
Fuentes y documentación
- La Voz del Interior, recortes de febrero de 2000 reproducidos en esta nota: «Una cargada agenda para William Daley» y «De la Sota tentó a inversores de EE. UU.».
- Revista Mercado, «Motorola se radica en Córdoba» (2000): https://mercado.com.ar/negocios/motorola-se-radica-en-cordoba/
- Revista Mercado, «Se firmó la radicación de Motorola en Córdoba», 27 de octubre de 2000: https://mercado.com.ar/negocios/se-firmo-la-radicacion-de-motorola-en-cordoba/
- Instituto de Relaciones Internacionales, cronología de abril de 1998 sobre Bariloche: https://www.iri.edu.ar/publicaciones_iri/anuario/A99/A99cdan.htm
- Bolsa de Comercio de Córdoba, Balance de la Economía Argentina, sobre Motorola, EDS e Intel: https://www.bolsacba.com.ar/instituto-de-investigaciones-economicas/detalle-buscador/1357/
- Universidad de Illinois, perfil de William Daley y su presidencia de la campaña de Gore: https://news.illinois.edu/white-house-chief-of-staff-to-be-commencement-speaker/
- Archivo de la Casa Blanca, designación de Daley como jefe de Gabinete, 6 de enero de 2011: https://obamawhitehouse.archives.gov/blog/2011/01/06/president-obama-announces-bill-daley-chief-staff/
















