Vaca Muerta. Foto: NA

Argentina se posiciona cada vez más como un actor relevante en el mercado petrolero de América Latina impulsada por el crecimiento de su producción en la formación no convencional de Vaca Muerta y en un contexto en el que la industria petrolera de Venezuela enfrenta severas dificultades productivas y políticas. Esta reconfiguración regional podría tener implicancias importantes para la provisión energética y los flujos de exportación en los próximos años.

Según estimaciones oficiales, la producción petrolera promedio de la Argentina pasó de 670.000 barriles por día en 2024 a 740.000 en 2025 y se proyecta que alcance alrededor de 810.000 en 2026, con Vaca Muerta como motor fundamental de ese crecimiento. La cuenca ubicada en la provincia de Neuquén registró un fuerte crecimiento de su producción no convencional, aportando alrededor del 70% del crudo total producido en el país en la segunda mitad de 2025, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA).

Otras fuentes especializadas señalan que el auge de los hidrocarburos no convencionales llevó al país a romper récords de producción en los últimos años, con Vaca Muerta aportando más de la mitad del crudo y el gas nacional y marcando un avance notable frente a la caída en los campos petroleros convencionales tradicionales.

Vaca Muerta. Foto: NA/AFP

Inversiones e infraestructura para sostener el impulso

La explotación de Vaca Muerta también fue acompañada por inversiones en infraestructura y proyectos de transporte de crudo hacia mercados internacionales. Por ejemplo, la construcción de oleoductos que conectan la región productora con los puertos y centros de refinación ha sido una prioridad para asegurar la salida de volúmenes crecientes. Asimismo, empresas internacionales han continuado elevando sus operaciones en la formación, lo que refuerza la confianza en el potencial a largo plazo del yacimiento.

Un informe de la EIA destacó que Brasil, Guyana y Argentina explican una proporción significativa del crecimiento mundial de la producción petrolera fuera de Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), aportando alrededor del 28% del incremento total en 2025. En este escenario, Argentina se consolidó como uno de los principales productores de la región, desplazando a Colombia y ubicándose por detrás de Brasil, Venezuela y Guyana.

Esto se produjoi en paralelo con proyecciones de consultoras internacionales, que señalaron que la región latinoamericana, liderada por los desarrollos offshore de Brasil y Guyana junto con Vaca Muerta, podría sumar mayor oferta petrolera competitiva hasta 2030.

Vaca Muerta. Foto: NA

Venezuela bajo presión: el efecto colateral en el mapa petrolero rgional

En contraste, Venezuela, país con las mayores reservas de crudo del mundo, enfrenta una crisis petrolera marcada por falta de inversión, deterioro de infraestructura y sanciones internacionales que afectaron su capacidad productiva. Algunos reportes sugirieron que si las restricciones persisten, la producción venezolana podría caer desde niveles cercanos a 1,2 millones a menos de 300.000 barriles por día hacia finales de 2026, aunque estas cifras dependen de múltiples variables geopolíticas y económicas.

Este escenario sitúa a la Argentina en una posición relativamente más estable y con proyecciones de crecimiento sostenido, lo que podría permitirle escalar posiciones en el ranking de productores regionales si la crisis venezolana se profundiza.

Expertos del sector señalaron que con la consolidación de la producción no convencional y una mayor infraestructura para crudo y gas, Argentina podría incluso aspirar a convertirse en un exportador neto de energía, reduciendo su dependencia de importaciones y participando de manera más activa en mercados internacionales.

Extracción de petróleo. Foto: Unsplash.

A pesar del impulso de Vaca Muerta, expertos advirtieron que el crecimiento sostenible de la industria petrolera argentina todavía enfrenta desafíos considerables. Entre ellos se encuentran la necesidad de atraer inversiones adicionales, mejorar la estabilidad regulatoria y ampliar la infraestructura de transporte y exportación, así como gestionar la volatilidad de los precios globales del petróleo.

Además, la fortaleza del sector energético argentino dependerá de cómo evolucione el contexto global y regional, incluyendo la dinámica de Venezuela, los cambios en la demanda energética mundial y las políticas internacionales relacionadas con combustibles fósiles.