La Organización Meteorológica Mundial encendió una señal de alerta ante la llegada del Fenómeno El Niño.
La Organización Meteorológica Mundial encendió una señal de alerta ante la llegada del Fenómeno El Niño. Foto: Unsplash

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) encendió una señal de alerta en su último boletín estacional: el sistema climático global podría entrar nuevamente en fase de El Niño entre mayo y julio de 2026. El indicio clave es el rápido aumento de las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial, una condición típica de este fenómeno que, de confirmarse, tendría impacto a escala planetaria.

Cuándo comienza El Niño 2026 según el último reporte de la OMM

Según el organismo, los modelos climáticos coinciden “con un nivel de confianza alto” en la instauración de este episodio tras varios meses de neutralidad. Algunos centros de monitoreo incluso sugieren que los umbrales de El Niño podrían superarse entre mayo y julio, marcando el inicio formal del evento.

Fenómeno El Niño; cambio climático; ola de calor; sequía Foto: Organización Meteorológica Mundial

El escenario actual se da luego de la finalización del episodio de La Niña 2025/2026 y de una breve fase neutral del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Las observaciones muestran temperaturas superficiales cercanas a la media, pero con un aumento sostenido del calor en aguas subsuperficiales del Pacífico, un factor que suele anticipar la transición hacia una fase cálida.

¿Qué es la “barrera de predictibilidad” y cómo afecta los pronósticos?

Los pronósticos apuntan claramente en la misma dirección”, explicó Wilfran Moufouma Okia, jefe de predicción climática de la OMM. Sin embargo, advirtió que la denominada “barrera de predictibilidad de la primavera” introduce incertidumbre en esta época del año.

La denominada “barrera de predictibilidad de la primavera” introduce incertidumbre en esta época del año. Foto: Unsplash

Este concepto refiere a una limitación estacional en los modelos climáticos: durante el otoño y la primavera del hemisferio norte, la capacidad de anticipar con precisión la evolución del ENOS disminuye. Por eso, la fiabilidad de los pronósticos suele mejorar una vez superado abril, cuando las señales del océano y la atmósfera se vuelven más consistentes.

Probabilidades de formación: por qué los expertos advierten un riesgo del 90% para septiembre

Si bien el informe no fija un porcentaje único global, la convergencia de modelos dinámicos y estadísticos refuerza la probabilidad de que El Niño se consolide hacia la segunda mitad del año. Diversos centros internacionales (como la NOAA, el Servicio Meteorológico de Japón o la Oficina de Meteorología de Australia) coinciden en proyectar condiciones típicas del fenómeno para el invierno y la primavera del hemisferio norte.

Modelos dinámicos y estadísticos refuerza la probabilidad de que El Niño se consolide hacia la segunda mitad del año. Foto: Unsplash

En ese marco, los especialistas advierten que hacia septiembre las probabilidades de un evento plenamente desarrollado podrían ser muy altas, en torno al 90%, si se mantienen las tendencias actuales de calentamiento oceánico.

El impacto en las temperaturas globales: ¿será 2026 el año más caluroso registrado?

De acuerdo con las proyecciones para el próximo trimestre, predominarán temperaturas superiores a lo habitual en gran parte del planeta, junto con alteraciones en los patrones de precipitación. Este comportamiento se inscribe en un contexto de calentamiento global sostenido: 2024 ya fue el año más cálido registrado, impulsado por la combinación entre un fuerte evento de El Niño y el cambio climático de origen humano.

El Niño (fase cálida del ENOS) se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico central y oriental. Suele repetirse cada dos a siete años y extenderse entre nueve y doce meses. Aunque no hay evidencia de que el cambio climático aumente su frecuencia, sí puede intensificar sus efectos, al aportar más energía y humedad a la atmósfera.

Históricamente, este fenómeno genera efectos desiguales en distintas regiones del mundo. En el sur de América del Sur (incluida la Argentina) suele asociarse a un aumento de las precipitaciones, mientras que en zonas como Australia, Indonesia y partes del sur de Asia predominan las sequías.

En zonas como Australia, Indonesia y partes del sur de Asia predominan las sequías, causadas por El Niño. Foto: Unsplash

También puede modificar la dinámica de fenómenos extremos: durante el verano del hemisferio norte, el calentamiento del Pacífico favorece huracanes más intensos en esa cuenca, al tiempo que inhibe su formación en el Atlántico. Cada evento, sin embargo, tiene características propias en cuanto a evolución e impactos.

Para gobiernos, productores agropecuarios y organismos de gestión, estos pronósticos son fundamentales. Sectores como la agricultura, la energía, la salud y los recursos hídricos dependen de información climática precisa para planificar y mitigar riesgos.

La OMM adelantó que a fines de mayo publicará una nueva actualización del informe “El Niño/La Niña Hoy”, con mayor precisión sobre el período junio-agosto. Ese documento servirá de base para definir estrategias de preparación frente a un fenómeno que, una vez más, podría reconfigurar el mapa climático global.