
Después de varios días de lluvia, es normal que el agua se acumule en charcos, canaletas o pequeños depósitos en la calle, el parque o incluso en una maceta. También, es normal que los perros y los gatos se acerquen a beberla sin ningún tipo de cuidado, pero los especialistas aseguran que esa agua puede contener bacterias, parásitos, sustancias químicas y otros contaminantes capaces de provocar enfermedades.
Si bien un sorbo ocasional no suele generar problemas, los veterinarios recomiendan evitar que las mascotas consuman agua de lluvia, sobre todo si ésta se encuentra acumulada en espacios públicos, especialmente en las grandes ciudades, donde puede mezclarse con residuos, excremento, aceites y combustible.

Según informó un estudio de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell, uno de los principales riesgos para los perros es la leptospirosis, una enfermedad bacteriana que puede transmitirse a través del agua contaminada con la orina de animales infectados, especialmente roedores.
La bacteria puede sobrevivir durante semanas o incluso meses en ambientes húmedos y suele encontrarse en charcos, zanjas, lagunas o zonas inundadas. La enfermedad puede afectar gravemente el hígado y los riñones, y en algunos casos requiere internación veterinaria.
Además de la leptospirosis, el agua estancada puede contener:
- Giardia y otros parásitos intestinales.
- Bacterias como E. coli o Salmonella.
- Hongos y microorganismos.
- Restos de pesticidas o productos químicos.
- Combustibles, aceites y residuos urbanos arrastrados por la lluvia.

En los gatos, las consecuencias suelen estar relacionadas con trastornos gastrointestinales, aunque también pueden producirse infecciones más complejas dependiendo del contaminante ingerido.
Por qué no debemos dejar que nuestra mascota tome agua de lluvia
La Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell advirtió que la leptospirosis se transmite con frecuencia a través de agua estancada contaminada con orina de animales infectados, especialmente después de períodos de lluvias intensas.
Por su parte, especialistas veterinarios destacan que las precipitaciones favorecen la dispersión de bacterias en el ambiente y aumentan las probabilidades de exposición de los perros cuando caminan o beben de charcos y zonas inundadas.

Si un perro o un gato toma accidentalmente agua estancada, los veterinarios coinciden en que no es necesario entrar en pánico si la mascota tomó una pequeña cantidad de agua de un charco. En la mayoría de los casos no ocurre nada grave. Sin embargo, dieron una serie de recomendaciones a tener en cuenta:
- Observar al animal durante las siguientes 48 a 72 horas.
- Vigilar si presenta vómitos, diarrea o falta de apetito.
- Controlar si aparece decaimiento o fiebre.
- Mantenerlo bien hidratado con agua limpia y fresca.
- Consultar al veterinario si surgen síntomas o si el agua provenía de una zona inundada o visiblemente contaminada.
En el caso de los perros, también es importante verificar que tengan al día la vacunación contra la leptospirosis, una de las principales herramientas de prevención frente a esta enfermedad. Ante cualquier duda, es necesario consultar a un médico veterinario de confianza, ya que sabrá cómo actuar y cuáles son los pasos a seguir en este tipo de situaciones.

















