
El tenis argentino atraviesa horas de fuerte impacto tras la muerte de un exjugador y formador reconocido. Guillermo “Vaca” Rivas falleció a los 62 años como consecuencia de un infarto. Su figura dejó una marca tanto por su paso en el circuito profesional como por su rol en el desarrollo de nuevos talentos.
Durante su etapa como juvenil, fue número 1 del país, lo que le permitió proyectarse hacia el circuito internacional. En el profesionalismo, compitió durante varias temporadas en torneos ATP y Challengers, alcanzando como mejor ubicación el puesto 116 del ranking mundial.
A lo largo de su carrera consiguió títulos en el circuito Challenger, con conquistas destacadas en Parioli (1985) y Crans Montana (1988). Su perfil competitivo lo llevó también a integrar equipos de Copa Davis, formando parte de convocatorias en los primeros años de la década del 80.

Más allá de los resultados, supo construir una identidad particular dentro de la cancha. Su estilo relajado y su forma de moverse le valieron un apodo que lo acompañó durante toda su carrera, y que él mismo solía recordar con humor.
Trayectoria profesional: del circuito internacional a la Copa Davis
Con el paso del tiempo, su aporte más significativo comenzó a darse fuera del alto rendimiento. En 1995 fundó una escuela de tenis en San Isidro, por la que pasaron más de 15.000 alumnos, consolidándose como una referencia en la enseñanza de base.
Su experiencia y prestigio lo llevaron a desempeñarse también en el exterior. Entre 2006 y 2009 fue vicecapitán del equipo de Copa Davis de Canadá, donde trabajó junto a figuras del circuito y sumó experiencia en estructuras internacionales de alto nivel.
De jugador a formador: una huella que trascendió generaciones
Durante los últimos años había desarrollado su vida en Estados Unidos, donde dirigía una academia de tenis y participaba en distintos proyectos vinculados al deporte. Además, mantenía su vínculo con la actividad a través de medios y espacios de difusión.
Recientemente había regresado a la Argentina para integrarse a una academia en Canning, retomando el contacto directo con el tenis local y con el trabajo cotidiano en la formación de jugadores.
Quienes lo conocieron destacan su personalidad directa, con opiniones firmes y sin matices, pero también su cercanía en los vínculos personales. Esa combinación lo convirtió en una figura respetada dentro del ambiente.
Una voz crítica sobre las exigencias en la formación
En distintas oportunidades también compartió su mirada sobre experiencias vividas en su etapa juvenil, aportando testimonios que ayudaron a visibilizar las condiciones de entrenamiento de otras épocas dentro del tenis argentino.
Padre de dos hijos y abuelo, su legado excede lo deportivo. Su paso por el tenis deja una huella en cada jugador que formó y en las estructuras que ayudó a construir tanto en el país como en el exterior.













