Hoy estrena en cines “El diablo viste a la moda 2”: las 6 cosas que no me esperaba de la secuela
Llega a los cines la secuela con Meryl Streep y Anne Hathaway. Entre las sorpresas que trae hay una trama más comprometida con la actualidad y lejos de la frivolidad del mundo fashion.

Este jueves se estrena en los cines de Argentina la esperada secuela de “El diablo viste a la moda” con el elenco principal completo, o casi, ya que Adrian Grennier no es de la partida. Una película que causó furor 20 años atrás y marcó un estilo cinematográfico.
Merryl Streep vuelve a ser la terrible Miranda Priestly, la tirana directora de la revista de modas femenina más importante del mundo. Junto a ella está el adorable Nigel (Stanley Tucci) pero sus asistentes, las Emilys, tienen otras vidas. Andy Sachs (Anne Hathaway) es una premiada periodista de artículos profundos en un diario neoyorquino y Emily (Emily Blunt) está a cargo de Christian Dior en la Gran Manzana.
Fui a ver la película con la mente abierta y sin saber nada de lo que pasaría, excepto por un trailer bastante críptico en el que Miranda parece no acordarse de sus antiguas asistentes. Y me encontré una película muy buena, lejos de la frivolidad que se podría esperar sobre el mundo de la moda, reflejando conflictos de actualidad.
Así que te voy a contar, sin spoilers, las cosas que no me esperaba de “El diablo viste a la moda 2”.
Caras y personajes nuevos
Lo primero que no me esperaba es que apareciera el marido de Miranda, y que fuera tan encantador. Casi lo opuesto a ella. Claro, lo encarna Kenneth Branagh. Es un músico aparentemente exitoso, una persona cariñosa y considerada, que la quiere y la acompaña. Incluso tiene buena relación con los subordinados de su esposa.
Esta vez la asistente principal está interpretada por Simone Ashley, la británica que se convierte en Lady Bridgerton en la serie. Su tarea principal es evitar que Miranda diga en público algo inapropiado para los tiempos que corren (léase racista, homofóbico o hiriente).

Lucy Liu es la entrevistada imposible de la revista, una recién divorciada rica y poderosa que tiene los pies sobre la tierra y cumple un rol fundamental en la trama. En un mundo esencialmente femenino, son justamente las mujeres las que terminan tomando las decisiones importantes.
Los cambios en el vestuario de Anne Hatthaway (otra vez)
Como pasó en la primera película, su personaje Andy es una chica que viste con sencillez. Ahora es una periodista reconocida y discreta en sus atuendos.

Pero en cuanto vuelve a involucrarse con Runway, el espectador será testigo de cómo va escalando en prendas más osadas y coloridas, muchas provenientes de la propia publicación, pero lo que se nota es cómo va puliendo su estilo una vez más.
La crisis en el mundo de la moda
Este tema puntual no es privativo de la Argentina. Inmersa como está la trama en el universo fashion, arranca poniendo de relieve lo que aumentaron los precios de los accesorios (ni que hablar de la ropa) en comparación a la primera parte. Pero además se nota la competencia entre las marcas y la centralización en unas pocas. Todo es marketing, campaña y asociar caras conocidas para trascender.
La crisis del periodismo en la actualidad
A medida que se van muriendo los dueños de las empresas periodísticas, o éstas se venden, los jóvenes que toman las riendas no valoran a las publicaciones en papel, van por lo digital, el impacto o prestan atención a nuevas formas de comunicación. Esto está reflejado con inteligencia en el guion de Aline Brosh McKenna (quien también escribió la peli original).

Despidos masivos, cambio de estilo en una publicación, cantidad de clicks mínimos de las notas web son temas que están en primer plano en esta historia. La calidad y el prestigio van por otro lado, uno devaluado. También las concesiones que deben hacer desde la redacción para seguir manteniendo a los anunciantes. Es tan real que sorprende.
Lo viejo no sirve
Algo que Hollywood transmite a diario a través de las películas y que se traslada a este largometraje: poner a la juventud en primer plano sin reconocer que la experiencia tiene valor.

Esto queda de manifiesto en varias situaciones que enfrentan los personajes, principales y secundarios, como si llegar a cierta edad o a una determinada trayectoria invalidara la posibilidad de adaptarse a los nuevos tiempos o de seguir aprendiendo. Por suerte la trama da revancha.
La humanización de Miranda Priestly

Esta vez el personaje interpretado por Meryl Streep se permite mostrar su vulnerabilidad (puertas para adentro) ante los espectadores. Ya la relación con su marido (Branagh) la humaniza. Así, mientras vemos que intenta adquirir más poder dentro de la empresa por un ascenso, también notamos un poco de culpa por haber sido una madre ausente y esa vulnerabilidad termina de conformarse cuando la consideran casi una pieza de museo. Pero ella, con hidalguía y ayuda de determinadas personas de su entorno, logra ceder algunos espacios y mantener lo logrado.

















