
La Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) conmemora 37 años de historia en el corazón del conurbano bonaerense. Su origen se remonta al 29 de septiembre de 1989, cuando el Congreso Nacional aprobó la Ley 23.748 que dio vida a la casa de estudios.
El principal impulsor de esta iniciativa fue Alberto Reinaldo Pierri, quien en aquel momento se desempeñaba como presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. Su deseo era acercar la posibilidad de progreso a todos los habitantes del oeste bonaerense. Además, existía una necesidad concreta: La Matanza era uno de los distritos más poblados del país, pero no contaba con una universidad propia. Muchos jóvenes debían trasladarse a otros puntos del Gran Buenos Aires y de la Ciudad para poder estudiar. Algo que era imposible para las personas con menos recursos.
De aquellos primeros días como universidad itinerante, con oficinas y aulas en escuelas primarias del distrito y unos 365 estudiantes, a la actualidad, la UNLaM reúne una comunidad educativa de más de 80.000 personas encabezadas por el rector, Prof. Dr. Daniel Eduardo Martínez, y el vicerrector Prof. Dr. Fernando Luján Acosta.


De aulas prestadas a una sede consolidada
En sus comienzos, la universidad fue itinerante y cursó en distintas escuelas primarias del distrito. En poco tiempo, el número de estudiantes se cuadruplicó. A fines de 1991, la institución llegó a San Justo, donde encontró su “lugar en el mundo”, y comenzó una nueva era de desarrollo y expansión que prioriza la excelencia académica. En esa primera década se inscribieron más de 20.000 estudiantes y se inauguraron 10 carreras de grado.
Una oferta académica que creció con el nuevo milenio
Con la llegada del nuevo milenio, la UNLaM escuchó al pueblo y sus demandas. “La sociedad necesitaba profesionales capacitados y la UNLaM ya estaba consolidada como referente de la educación superior argentina”, recuerdan.
Con esa convicción, la universidad expandió su campo y amplió la oferta académica. “Sin prisa pero sin pausa” eligió seguir creciendo. En las últimas dos décadas inauguró nuevos espacios académicos, culturales y científicos, y promovió actividades artísticas y deportivas junto a la comunidad.


Adaptación y compromiso en tiempos difíciles
El relato institucional reconoce que todo camino tiene altibajos, pero que la universidad nunca dejó de lado su compromiso con la sociedad. La confianza en el trabajo bien hecho le dio valor para atravesar momentos difíciles, como aquellos en que “la distancia marcó nuestra vida para siempre”.
En ese contexto, la UNLaM reconvirtió la educación presencial en virtual, incorporó clases híbridas y puso a disposición equipamiento, instalaciones y conocimiento para hacer frente a la pandemia.



Presente y futuro de la educación pública
Hoy la UNLaM supera las 70 carreras y tiene una tasa de graduación por encima de la media de todo el país. Sus aulas son, según su propio relato, “el lugar donde nacen las ideas, donde se desarrolla la ciencia, donde se fortalece el cuerpo y el alma”.
La institución proyecta seguir creciendo con nuevas propuestas académicas e instalaciones de vanguardia. Para la universidad, su mayor obligación es “defender la educación pública, inclusiva y de calidad”, por aquellos que hicieron grande esta historia.
La comunidad universitaria, que reúne a estudiantes, docentes y no docentes, es la protagonista de este recorrido.




















