Parque Leloir, la historia del barrio donde el Indio Solari encontró refugio, vivió sus últimos años y murió lejos del ruido

Entre árboles centenarios, calles curvas, viejos haras y una identidad de ciudad jardín, Parque Leloir construyó una mística propia en el oeste bonaerense. El Indio eligió vivir durante décadas y allí también murió, dejando una imagen que ya forma parte de la historia cultural argentina.

Cómo es Parque Leloir, el lugar donde vivió y murió el Inidio
Cómo es Parque Leloir, el lugar donde vivió y murió el Inidio Foto: Google Maps
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Parque Leloir no es solamente uno de los rincones más reconocibles del oeste bonaerense. Es, sobre todo, un territorio con memoria, un paisaje que mezcla tradición rural, planificación paisajística, grandes arboledas y una forma de vida que durante décadas se pensó en clave de retiro, privacidad y naturaleza. En esa geografía singular, lejos del vértigo central porteño y también de la lógica urbana más agresiva, el Indio Solari encontró el refugio ideal para su hermetismo, su creación artística y sus últimos años. Y fue también allí, en su casa de Parque Leloir, donde murió este 5 de junio de 2026 a los 77 años.

Cómo nació Parque Leloir y por qué su historia sigue fascinando

La historia del barrio se remonta a fines del siglo XIX, cuando Alejandro Leloir comenzó a adquirir tierras en el entonces partido de Morón. Una de esas parcelas, comprada en 1888 por intermedio de su sobrino Federico R. Leloir, terminó en manos de Antonio César Leloir, quien entre 1899 y 1915 fue expandiendo el predio hasta conformar un campo de más de 330 hectáreas. Ese dato no es menor: el actual Parque Leloir nació, literalmente, del proyecto privado de una familia que imaginó un paisaje de gran escala, con impronta estética y vocación productiva.

Parque Leloir Foto: Wikipedia

En el corazón de esas tierras, Antonio César Leloir mandó a crear un parque de unas 70 hectáreas, con laguna e islote, una obra que distintas reseñas históricas atribuyen al gran paisajista francés Carlos Thays. Allí también funcionó el célebre Haras Thays, dedicado a la cría de caballos pura sangre, uno de los símbolos de la Argentina agroexportadora de comienzos del siglo XX. Antes de ser barrio, entonces, Parque Leloir fue parque en el sentido más literal del término: un paisaje diseñado, forestado y pensado como experiencia estética.

De haras aristocrático a ciudad jardín: el ADN verde de Parque Leloir

Tras la muerte de Antonio César Leloir en 1939 y el levantamiento del haras, las tierras comenzaron a subdividirse. Entre 1940 y 1948 se realizaron loteos y remates que fueron dando forma al barrio, con calles sinuosas, grandes lotes y una forestación planificada siguiendo criterios inspirados en los parques europeos. Los primeros terrenos se ofrecían en superficies amplias, de entre 3.800 y 12.000 metros cuadrados, una escala que explica por qué el barrio mantuvo durante décadas un perfil tan distinto al de otras zonas del conurbano.

Parque Leloir. Foto: Instagram @lepainquotidienar

Ese espíritu se consolidó aún más en los años 50, cuando Parque Leloir fue establecido como ciudad jardín mediante una ordenanza especial orientada a proteger la arboleda y conservar la fisonomía del lugar. La imagen típica del barrio, chalets bajos escondidos entre árboles, lotes grandes y una sensación de distancia respecto del ruido urbano, no fue una casualidad sino una decisión histórica. Distintas reconstrucciones indican además que la base forestal llegó a contabilizar alrededor de 400.000 árboles, un dato que explica por qué durante años se lo consideró un verdadero pulmón verde del oeste.

El barrio de las cabalgatas, las quintas y un aeropuerto que casi nadie recuerda

Mucho antes de su actual fama gastronómica y residencial, Parque Leloir fue zona de quintas de veraneo, con familias que se instalaban allí durante los meses cálidos y una vida cotidiana vinculada al campo, los almacenes de cercanía y los caminos de tierra. En los años 60, además, las caballerizas se volvieron parte de su identidad: cientos de jóvenes llegaban para hacer cabalgatas y disfrutar de una postal semirrural que hoy parece lejana, pero que ayudó a construir el mito barrial.

Hay otro dato poco conocido que engrandece su espesor histórico: la zona tuvo incluso un aeródromo vinculado a tareas agropecuarias, en terrenos que luego quedarían asociados al actual INTA Castelar. Desde fines de los años 40 y hasta comienzos de los 60, allí operaron aviones afectados a campañas contra la plaga de la langosta, una escena insólita si se la piensa desde el Parque Leloir de hoy. A esto se suma la huella más amplia de la familia Leloir en la región: también tierras que hoy integran el entorno del INTA/CNIA habían pertenecido a esa red familiar, reforzando la idea de que el apellido Leloir marcó buena parte del desarrollo territorial del oeste.

Por qué el Indio Solari eligió Parque Leloir para vivir lejos de la exposición

No sorprende que el Indio Solari, uno de los artistas más herméticos y magnéticos de la cultura argentina, haya elegido este barrio para vivir. En Parque Leloir encontró lo que pocas zonas podían ofrecerle al mismo tiempo: privacidad, verde, distancia justa de la ciudad y una atmósfera silenciosa capaz de protegerlo de la exposición constante. Allí instaló su universo doméstico y creativo, con su casa rodeada de jardín y con Luzbola, su estudio de grabación, como corazón de una vida cada vez más retirada del centro de la escena.

Vista panorámica de la casa del Indio Foto: Google Maps

Las crónicas sobre sus últimos años coinciden en que esa residencia fue mucho más que una vivienda. Fue un refugio elegido para blindar la intimidad, compartir la vida con su familia y seguir trabajando en su música incluso cuando la enfermedad fue reduciendo sus apariciones públicas. Ese rasgo dialoga de manera casi perfecta con la identidad histórica de Parque Leloir: un barrio pensado para esconder la casa detrás del árbol, y no al revés.

El barrio donde murió el Indio Solari y donde también queda una parte de su leyenda

Este viernes 5 de junio de 2026, el Indio Solari murió en su casa de Parque Leloir, en Ituzaingó, a los 77 años, después de años atravesados por el Parkinson, enfermedad que había hecho pública en 2016. La noticia volvió a poner al barrio en el centro de la escena, pero no ya por su expansión inmobiliaria o por su polo gastronómico, sino por su peso emocional en la biografía de uno de los artistas más influyentes del rock argentino.

Hay lugares que funcionan como simple escenario. Parque Leloir, en cambio, fue parte del personaje. Su verde, su aire de ciudad jardín, sus calles curvas y esa vieja promesa de retiro silencioso encajaron con la figura de un músico que siempre hizo del misterio una ética. Por eso, hablar hoy de Parque Leloir no es sólo nombrar un barrio del oeste: es contar la historia de un paisaje que también quedó unido para siempre al último refugio del Indio Solari.