50 años de la Feria del Libro
50 años de la Feria del Libro Foto: Foto generada con IA Canal 26

La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cumple 50 años y, como todo acontecimiento que atravesó medio siglo de vida argentina, su historia real no está solo en los discursos conmemorativos ni en los catálogos oficiales. Entre celebraciones, hubo escraches que incomodaron al poder cultural, mudanzas que marcaron épocas y visitas de escritores legendarios, como Jorge Luis Borges, que hoy parecen escenas de otro país. Todo eso también construyó la Feria que conocemos.

Una feria que nació en tiempos difíciles

La Feria del Libro vio la luz en 1975, en un contexto atravesado por la violencia política y, poco después, por la última dictadura militar. Desde el inicio, no fue un simple evento editorial: fue un espacio donde la circulación de ideas estaba, muchas veces, condicionada por el miedo y la censura. En esos primeros años, la Feria cambió de sede varias veces, empujada por razones políticas, económicas y logísticas, hasta encontrar estabilidad recién décadas después.

Una de las primeras ediciones del festival Foto: Archivo Wikipedia

Durante aquellos años oscuros, la Feria fue testigo de ausencias forzadas. Muchos autores estaban exiliados, otros directamente prohibidos. Sin embargo, el público seguía asistiendo, como si recorrer los stands fuera también una forma silenciosa de resistencia cultural.

Borges en la Feria: cuando los gigantes caminaban entre lectores

Entre las postales más recordadas de la historia de la Feria está la presencia de Jorge Luis Borges. Antes de convertirse en una figura intocable del canon literario argentino, Borges recorrió la Feria acompañado por amigos y lectores, a veces de la mano de Adolfo Bioy Casares, otras guiado debido a su ceguera. No había dispositivos de seguridad ni multitudes organizadas: había diálogo.

Jorge Luis Borges, visita ilustre Foto: Archivo

También pasaron por la Feria nombres que luego serían decisivos para la literatura latinoamericana y mundial. Escritores como Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Mario Benedetti o Rosa Montero participaron en charlas y presentaciones que hoy parecen míticas. En aquel entonces, nadie imaginaba que esas mesas redondas terminarían citadas en manuales de historia cultural.

Escraches que marcaron época

Lejos de ser un espacio aséptico, la Feria del Libro fue escenario de fuertes tensiones políticas y culturales. Uno de los episodios más recordados ocurrió en 2011, cuando Mario Vargas Llosa fue designado para inaugurar la Feria. Su participación desató protestas y un escrache por parte de intelectuales que cuestionaban sus posturas políticas. Hubo cartas públicas, debates encendidos y un clima de confrontación que desbordó los pasillos de La Rural.

En 2018, escracharon a Pablo Avelluto Foto: Archivo NA

No fue un caso aislado. A lo largo de los años, distintas presentaciones fueron interrumpidas por reclamos vinculados a derechos humanos, feminismo, memoria histórica o disputas ideológicas. La Feria se convirtió, una y otra vez, en un espejo del clima social argentino. Cada escrache dejó en claro algo: la cultura no es neutral.

De las mudanzas al megaevento

Las mudanzas de sede no fueron solo una cuestión edilicia. Cada traslado implicó redefinir qué tipo de Feria se quería construir. El desembarco definitivo en La Rural consolidó su perfil masivo, pero también profundizó debates sobre elitismo, precios y acceso a la lectura. Mientras los grandes grupos editoriales ganaban protagonismo, las editoriales independientes peleaban por visibilidad en rincones menos transitados.

Esa tensión sigue vigente a 50 años de su creación. La Feria sigue siendo un espacio donde conviven el negocio editorial, la militancia cultural y la pasión lectora, no siempre en armonía.

Un aniversario con preguntas abiertas

Celebrar los 50 años de la Feria del Libro implica hacerse cargo de su historia completa: la luminosa y la incómoda. Las visitas de figuras como Borges contrastan con los escraches y las protestas; las mudanzas hablan de un país en movimiento constante; los silencios del pasado conviven con los debates del presente.

La feria por dentro Foto: Turismo Buenos Aires

Hoy, en plena era digital, la Feria enfrenta nuevos desafíos: cómo atraer a jóvenes lectores, cómo democratizar el acceso, cómo no perder relevancia en un mundo que consume cultura de otra manera. Pero si algo demuestran estos 50 años es que la Feria siempre sobrevivió al conflicto.

Tal vez porque, más allá de los festejos, su verdadera esencia está ahí: en ser un espacio donde la historia no se lee sola, se discute.