Próceres y su relación con el mate: del fanatismo de Rosas al gusto exótico de San Martín que seguro desconocías

Rosas lo tomaba casi como un ritual, Belgrano prefería el amargo y San Martín tenía una costumbre tan particular como desconocida. La historia del mate también guarda secretos entre los próceres argentinos.

Los próceres y el mate
Los próceres y el mate Foto: Canal26.com
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El mate no solo atravesó sobremesas, madrugones y charlas de vereda: también estuvo presente en la vida de algunos de los hombres más importantes de la historia argentina. Mucho antes de convertirse en un símbolo cotidiano, esta infusión ya formaba parte de la cultura guaraní y luego se expandió por el Virreinato del Río de la Plata hasta instalarse en la vida criolla. Cada 30 de noviembre se celebra el Día Nacional del Mate en homenaje a Andrés Guacurarí y Artigas, caudillo guaraní asociado al impulso de la producción y circulación de la yerba mate.

Pero más allá de la efeméride, hay una pregunta que despierta curiosidad: ¿cómo tomaban mate los próceres argentinos? Las respuestas tienen de todo: fanatismo, austeridad, objetos históricos conservados en museos y hasta una costumbre exótica de José de San Martín que pocos conocen. El Museo Histórico Nacional conserva y exhibe piezas vinculadas a momentos centrales de la historia argentina, entre ellas objetos de enorme valor patrimonial relacionados con figuras como Belgrano, Rosas y San Martín.

Juan Manuel de Rosas: el verdadero fanático del mate

Si hubo un personaje histórico asociado al mate con intensidad, ese fue Juan Manuel de Rosas. Según las anécdotas que circularon sobre su vida cotidiana, el Restaurador no solo tomaba mate: también convertía esa costumbre en una especie de prueba de resistencia para sus visitantes. En su residencia de Palermo, el mate era casi una obligación social y quienes lo frecuentaban podían terminar tomando mucho más de lo previsto.

El mate que perteneció a Rosas en el Museo Histórico Nacional
El mate que perteneció a Rosas en el Museo Histórico Nacional

Una de las historias más recordadas involucra al profesor de piano de Manuelita Rosas, quien habría salido descompuesto después de tomar una enorme cantidad de mates en la casa familiar. Días después recibió dos sobres: en uno, Rosas celebraba los avances musicales de su hija; en el otro, le enviaba dinero bajo una frase que quedó como postal de época: “Van mil pesos por cada mate”.

El vínculo de Rosas con el mate no terminó con su poder político. Durante su exilio, la infusión se convirtió en una compañía austera y cotidiana. En una carta, el propio Rosas describió su vida con una imagen contundente: no fumaba, no tomaba vino ni licores, no asistía a comidas ni diversiones, y su alimento se reducía a “un pedazo de carne asada y mi mate”. Esa frase muestra cómo el mate podía funcionar, incluso lejos del país, como un gesto de pertenencia, economía y rutina personal.

Por qué Manuel Belgrano prefería tomar el mate amargo

El caso de Manuel Belgrano tiene un atractivo distinto: no se trata tanto de una gran anécdota escrita por él, sino de los objetos que permiten reconstruir una costumbre. El Museo Histórico Nacional conserva un mate atribuido al creador de la bandera, una pieza de cocobolo tallada con sus iniciales.

Mate de Manuel Belgrano Foto: Archivo

Belgrano era recordado como consumidor de mate amargo, una preferencia que calza con la imagen de austeridad que suele asociarse a su figura. En tiempos de campañas militares, viajes largos y vida política intensa, el mate era mucho más que una bebida: era pausa, energía y compañía. Para los revolucionarios, soldados y mensajeros, la infusión circulaba por postas, campamentos y reuniones, acompañando decisiones que marcarían el futuro del país.

El mate de Belgrano también permite mirar una tradición material. La bombilla de caño recto y el recipiente esférico eran propios de la época, ligados a prácticas heredadas de los pueblos guaraníes. Antes de convertirse en objeto de diseño, el mate fue una herramienta cultural transmitida por generaciones: se tomaba en recipientes de calabaza, madera o cerámica, y conservaba un fuerte sentido de encuentro.

El detalle del amargo no es menor. En la cultura argentina, tomar mate amargo suele asociarse con una forma más “pura” o directa de la infusión. En Belgrano, esa preferencia refuerza una imagen que permanece en el imaginario popular: la de un hombre de hábitos sobrios, más preocupado por la causa pública que por los placeres personales.

La exótica práctica que elegía José de San Martín para su mate diario

La relación de José de San Martín con el mate es, posiblemente, la más sorprendente. A diferencia de Rosas, no aparece como un fanático tradicional de la yerba. Sin embargo, sí entendió el peso simbólico del ritual y lo incorporó de una manera muy particular. Según escribió Benjamín Vicuña Mackenna en una de las primeras biografías sobre el Libertador, San Martín no acostumbraba tomar mate en Europa, pero servía té o café en ese recipiente y lo bebía con bombilla de caña.

Equipo de mate de café que consumía San Martín. Foto: Museo Histórico Nacional
Equipo de mate de café que consumía San Martín. Foto: Museo Histórico Nacional

Esa práctica podría definirse como un “mate de café” o una adaptación personal del ritual. No era exactamente el consumo tradicional de yerba, pero sí una forma de conservar el gesto, el objeto y la memoria de una costumbre rioplatense. En otras palabras: San Martín podía no tomar mate como lo hacía Rosas, pero mantenía viva la escena del mate como símbolo de identidad.

La imagen es poderosa: un Libertador que, lejos de América, toma café o té en mate y con bombilla. En ese gesto conviven exilio, nostalgia, hábito militar y pertenencia cultural. Además, muestra cómo el mate no siempre fue una práctica rígida: también admitió variantes, apropiaciones y formas personales de consumo.

Así, Rosas, Belgrano y San Martín revelan tres maneras distintas de relacionarse con una misma infusión. Para Rosas, el mate fue fanatismo y compañía. Para Belgrano, austeridad y costumbre de época. Para San Martín, símbolo adaptado a su propio estilo. Tres próceres, tres rituales y una certeza: el mate también escribió, en silencio, una parte de la historia argentina.