
Las Islas Malvinas forman parte de una de las causas más profundas de la identidad nacional argentina. Más allá de la guerra de 1982, el reclamo de soberanía se sostiene sobre una extensa base histórica, jurídica, geográfica y diplomática que comenzó mucho antes del conflicto bélico y que continúa vigente hasta la actualidad.
La propia Cancillería argentina digitalizó documentos de los siglos XVIII y XIX vinculados a la Cuestión Malvinas, entre ellos materiales sobre Puerto Soledad, la ocupación británica de 1833 y las primeras protestas diplomáticas argentinas.
El origen del reclamo: la herencia española y la continuidad histórica
Para entender por qué Argentina sostiene que las Malvinas son argentinas, hay que remontarse al período colonial. Durante el siglo XVIII, España ejerció presencia efectiva en las islas a través del establecimiento de Puerto Soledad, que funcionó como asentamiento y centro administrativo. Esos antecedentes forman parte de los documentos históricos reunidos por la Cancillería en la “Colección Histórica Malvinas”, que incluye materiales sobre los orígenes del establecimiento español en el archipiélago.

Cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata iniciaron su proceso de independencia, heredaron los territorios que habían pertenecido a la corona española bajo el principio de uti possidetis iuris, utilizado en América Latina para reconocer la continuidad territorial de los nuevos Estados. Desde esa perspectiva, las Malvinas no eran un territorio separado ni ajeno: integraban el espacio heredado por la Argentina tras la ruptura con España.
1820: el acto de posesión argentino en las Islas Malvinas
Uno de los hitos centrales del reclamo argentino ocurrió en 1820, cuando el coronel David Jewett tomó posesión formal de las Islas Malvinas en nombre de las Provincias Unidas. Este acto fue una expresión concreta de soberanía y antecedió por más de una década a la ocupación británica de 1833.
Años después, Buenos Aires avanzó con medidas administrativas, designaciones de autoridades y aprovechamiento económico en el archipiélago. Es decir, Argentina no solo reclamó las islas en términos simbólicos, sino que también ejerció actos concretos de gobierno sobre ellas.
1833: la ocupación británica y el inicio de una protesta permanente
El punto de quiebre llegó el 3 de enero de 1833, cuando fuerzas británicas ocuparon las islas y expulsaron a las autoridades argentinas. Desde entonces, Argentina considera ese hecho como una usurpación territorial y sostiene que interrumpió por la fuerza el ejercicio efectivo de soberanía. La Cancillería argentina identifica este episodio como parte de los documentos históricos disponibles sobre “el ataque británico y la expulsión de las autoridades argentinas”.

La reacción argentina no fue tardía ni aislada. Desde el siglo XIX se realizaron protestas diplomáticas contra el Reino Unido, lo que demuestra una continuidad en el reclamo. Esa persistencia es uno de los argumentos más fuertes de la posición argentina: el país nunca abandonó su reivindicación soberana.
Las primeras protestas diplomáticas: una continuidad que nunca se cortó
Tras la ocupación británica, Argentina presentó reclamos formales y mantuvo la cuestión abierta en el plano diplomático. La Cancillería destaca que los documentos históricos digitalizados incluyen ejes temáticos vinculados con las primeras protestas y con las propuestas de negociación de la década de 1880.
Este punto es clave: el reclamo argentino no nació en 1982 ni depende exclusivamente de la memoria de la guerra. La causa Malvinas tiene raíces anteriores, documentadas y sostenidas durante casi dos siglos.
La ONU reconoció que existe una disputa de soberanía
Otro fundamento central es el respaldo del derecho internacional. En 1965, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065, que reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas e invitó a ambos gobiernos a negociar una solución pacífica.
La resolución también vinculó el caso Malvinas con el proceso de descolonización impulsado por la ONU a partir de la Resolución 1514, cuyo objetivo era poner fin al colonialismo en todas sus formas. Para la posición argentina, este reconocimiento internacional es fundamental porque descarta la idea de que se trate de una cuestión cerrada o exclusivamente interna del Reino Unido.
La bandera que mostraron los jugadores argentinos tras eliminar a Inglaterra
La causa Malvinas volvió a ocupar un lugar central en la conversación pública durante los festejos de la Selección Argentina, luego del triunfo 2-1 ante Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026, disputada en Atlanta. Tras conseguir el pase a la final, futbolistas argentinos mostraron sobre el césped una bandera blanca con letras negras que decía “Las Malvinas son argentinas”, una imagen que rápidamente recorrió el mundo por su valor histórico, simbólico y emocional.

Según las reconstrucciones publicadas después del partido, la bandera habría llegado desde la tribuna y no habría sido ingresada por la delegación argentina. Medios deportivos señalaron que el trapo fue improvisado por hinchas sobre una sábana de hotel y luego arrojado hacia el campo de juego, donde terminó en manos de los jugadores durante la celebración.
El gesto tuvo una repercusión especial porque ocurrió justamente después de eliminar a Inglaterra, país con el que Argentina mantiene una disputa histórica por la soberanía de las islas. La imagen de futbolistas como Giovani Lo Celso y Lisandro Martínez junto a la pancarta se convirtió en una de las postales más comentadas de la clasificación argentina a la final.
Más que una simple celebración deportiva, la bandera funcionó como una expresión de memoria colectiva. En un escenario global, y ante millones de espectadores, la frase “Las Malvinas son argentinas” sintetizó una reivindicación que atraviesa generaciones: desde los fundamentos históricos del reclamo hasta la vigencia de una causa que sigue siendo parte central de la identidad nacional argentina.
Por qué no es solo una cuestión geográfica
Las Malvinas se encuentran en el Atlántico Sur, en una zona estratégica por su ubicación, sus recursos naturales, su proyección marítima y su cercanía con la Antártida. Sin embargo, el reclamo argentino no se apoya únicamente en la proximidad geográfica. La fortaleza del argumento está en la combinación de historia, derecho, continuidad diplomática y actos de soberanía ejercidos antes de 1833.
En otras palabras, la geografía acompaña, pero la historia sostiene. La causa argentina se basa en una secuencia de hechos: presencia española, herencia territorial, actos de gobierno de las Provincias Unidas, ocupación británica por la fuerza, protestas diplomáticas permanentes y reconocimiento internacional de la disputa.
Malvinas: una causa histórica, diplomática y nacional
A más de 190 años de la ocupación británica de 1833, la Cuestión Malvinas sigue siendo una política de Estado para la Argentina. La Constitución Nacional, la diplomacia argentina y los organismos internacionales mantienen vigente el reclamo por la vía pacífica y el diálogo.
Decir que las Islas Malvinas son argentinas no es solamente una consigna: es la síntesis de un proceso histórico documentado, una reivindicación sostenida y una causa que atraviesa generaciones. Desde Puerto Soledad hasta la Resolución 2065 de la ONU, los fundamentos históricos muestran que el reclamo argentino no nació de una coyuntura, sino de una continuidad que permanece abierta.
Malvinas es memoria, historia y soberanía. Y también es una deuda diplomática que la Argentina sigue reclamando ante el mundo.

















