
Buenos Aires tiene esa capacidad única de convertir una caminata común en un viaje por la memoria. Cada calle guarda una pista, una decisión política, un homenaje, una huella barrial o una historia que quedó atrapada en una chapa azul. En ese enorme mapa urbano aparece una coincidencia que, para los fanáticos de la Selección Argentina, resulta imposible pasar por alto: los apellidos Montiel y Molina, dos nombres que también forman parte del universo futbolero reciente de la Scaloneta.
La coincidencia no implica que las calles hayan sido bautizadas por Gonzalo Montiel o Nahuel Molina. De hecho, la nomenclatura porteña responde a procesos históricos, urbanos y catastrales muy anteriores a la consagración mundialista. Pero el cruce simbólico es poderoso: en una ciudad que respira fútbol, dos apellidos ligados al lateral derecho de la Selección también aparecen en el mapa de Buenos Aires.
La propia Ciudad reconoce que la nomenclatura urbana permite leer la historia porteña a través de sus calles, plazas, hospitales, escuelas, estaciones, monumentos y espacios públicos. Según el Gobierno porteño, los nombres de las calles ofrecen una “lectura historiográfica” de las decisiones políticas y culturales que marcaron la ciudad.
La calle Montiel: del mapa porteño al recuerdo del penal más gritado
La calle Montiel aparece integrada al entramado del sudoeste porteño, especialmente en zonas vinculadas a Liniers, Mataderos y el área cercana a la avenida Emilio Castro. La guía oficial de nomenclatura de la Ciudad la registra como referencia en distintos trazados urbanos, por ejemplo en calles como Carhué, El Mirasol, Guaminí, Fragata La Argentina y otras arterias del sector oeste.
Para cualquier argentino, el apellido Montiel tiene desde 2022 una carga emocional inmediata. Gonzalo Montiel quedó inmortalizado por ejecutar el penal definitivo ante Francia en la final del Mundial de Qatar, el tiro que selló la tercera estrella para la Argentina. Diversos registros periodísticos recordaron cómo ese momento se vivió en las calles porteñas, incluso con imágenes de avenidas vacías segundos antes del remate y el estallido posterior del grito colectivo.
La conexión entre la calle y el jugador es casual, pero funciona como una postal perfecta de Buenos Aires: una ciudad donde el callejero convive con la épica futbolera. Montiel ya era calle antes de ser héroe mundial, pero desde Qatar 2022 el apellido ganó una resonancia popular que excede cualquier mapa.
Molina, otro apellido de la Scaloneta que también aparece en Buenos Aires
El otro apellido que completa esta curiosa coincidencia es Molina. En la Ciudad de Buenos Aires, el registro urbano incluye la denominación Carlos Molina Arrotea, identificada en Villa Pueyrredón, con alturas aproximadas entre el 2800 y el 2899, según mapas urbanos de referencia. Además, la guía oficial porteña menciona a Carlos Molina Arrotea como calle de referencia en el trazado de Franco, lo que confirma su presencia dentro del nomenclador urbano de la Ciudad.
En clave futbolera, Nahuel Molina es otro de los nombres ligados al ciclo exitoso de Lionel Scaloni. El lateral cordobés fue parte de la Selección campeona del mundo y también quedó asociado a uno de los goles más recordados de Qatar 2022: el que convirtió ante Países Bajos tras una asistencia magistral de Lionel Messi.
La coincidencia se vuelve todavía más atractiva porque Montiel y Molina comparten puesto, historia reciente y camiseta. Los dos fueron opciones naturales en el lateral derecho argentino, los dos integraron el ciclo más exitoso de las últimas décadas y los dos apellidos, por caminos muy distintos, también aparecen en el mapa porteño.
Buenos Aires, una ciudad donde las calles también cuentan historia
La Ciudad de Buenos Aires tiene más de dos mil trazados entre calles, avenidas y pasajes, de acuerdo con listados de nomenclatura urbana. No se trata solamente de nombres para orientarse: la nomenclatura funciona como archivo vivo. Allí conviven próceres, batallas, ciudades, vecinos, instituciones, oficios, paisajes desaparecidos y referencias barriales que explican cómo creció la Capital.
La legislación porteña también buscó proteger ese patrimonio. La Ley 83 regula la imposición de nombres en espacios públicos y la Ley 1206 declaró patrimonio histórico a las denominaciones anteriores a la ordenanza del 28 de octubre de 1904, limitando cambios y sustituciones.
Por eso, mirar una calle no es apenas ubicar una dirección. Es preguntarse qué memoria decidió conservar la ciudad. En ese sentido, Montiel y Molina son mucho más que dos apellidos que hoy remiten a la Selección: son también una excusa para volver a mirar el mapa porteño con ojos históricos.
La coincidencia que une al callejero porteño con la pasión albiceleste
La historia urbana y el fútbol argentino parecen mundos separados, pero en Buenos Aires se cruzan todo el tiempo. La final de Qatar se gritó en balcones, bares, esquinas, plazas y avenidas. El Obelisco volvió a ser el kilómetro cero de la alegría nacional. Y, desde entonces, ciertos apellidos quedaron cargados de una emoción difícil de borrar.
Montiel y Molina, en el callejero y en la Selección, forman una de esas coincidencias que enamoran: tiene sorpresa, identidad, cercanía, historia y fútbol. No cambia la historia oficial de las calles, pero sí permite contar Buenos Aires desde un ángulo distinto.
Porque en esta ciudad, cada esquina puede esconder una anécdota. Y a veces, entre una chapa de nomenclatura y una camiseta argentina, aparece una historia perfecta para compartir.















