No fue solo Maradona: quién hizo la “Nuca de Dios”, la histórica jugada que evitó el tiempo extra en el Mundial 1986

La histórica victoria de Argentina ante Inglaterra en México 1986 no solo tuvo como héroe a Diego Maradona: Julio Olarticoechea también fue clave con una salvada inolvidable que evitó el empate y quedó en la memoria como la “Nuca de Dios”.

La jugada que quedó en la memoria como la “Nuca de Dios”
La jugada que quedó en la memoria como la “Nuca de Dios” Foto: El Gráfico
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El Argentina-Inglaterra del Mundial de México 1986 quedó grabado para siempre por los dos goles más famosos de Diego Armando Maradona: la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”. Sin embargo, aquella tarde en el Estadio Azteca tuvo otro héroe silencioso, un protagonista que apareció cuando el partido se consumía y el sueño argentino corría peligro: Julio Jorge Olarticoechea, el inolvidable “Vasco”.

La jugada pasó a la historia como la “Nuca de Dios”, una salvada defensiva tan milagrosa como decisiva. Ocurrió en los minutos finales, cuando Inglaterra, empujada por el descuento de Gary Lineker, fue en busca del empate que podía llevar el partido al tiempo suplementario. En ese instante, Olarticoechea se arrojó sobre la línea y despejó con la nuca una pelota que parecía destinada a terminar dentro del arco de Nery Pumpido.

Qué fue la “Nuca de Dios” y cómo salvó a la Selección Argentina en 1986

La escena fue tan rápida como dramática. Argentina ganaba 2-1 en los cuartos de final del Mundial de México 1986, disputados el 22 de junio de 1986. Inglaterra ya había descontado por medio de Gary Lineker, goleador del torneo, y el equipo de Carlos Salvador Bilardo resistía los últimos ataques británicos en el Estadio Azteca.

La jugada de la "Nuca de Dios". Video: TyC Sports

Sobre el final, John Barnes desbordó por la banda y envió un centro venenoso al segundo palo. La pelota superó a Pumpido y encontró a Lineker lanzándose para empujarla de cabeza. Pero antes de que el delantero inglés conectara, apareció Olarticoechea, quien se tiró de palomita y alcanzó a desviar la pelota con la parte posterior de su cabeza. Esa acción evitó el empate y, probablemente, el tiempo extra.

El propio “Vasco” contó años después que la jugada nació de la concentración: siguió la trayectoria del centro, cerró al segundo palo y anticipó a Lineker, aunque no era su marca directa. Con humor, él mismo bautizó aquella acción como “la Nuca de Dios”, una expresión que dialoga con la mística maradoniana, pero que también rescata el valor de los detalles defensivos en una conquista mundial.

El contexto histórico y político detrás del duelo entre Argentina e Inglaterra

El partido entre Argentina e Inglaterra no fue un cruce más. Se jugó apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas de 1982, un conflicto que dejó una herida abierta en la sociedad argentina y cargó de tensión simbólica aquel duelo deportivo. Aunque los protagonistas insistieron muchas veces en separar el fútbol de la política, el clima emocional de la época era inevitable.

Julio Olarticoechea también fue clave con una salvada inolvidable que evitó el empate
Julio Olarticoechea también fue clave con una salvada inolvidable que evitó el empate Foto: El Gráfico

La rivalidad futbolística venía incluso de antes. En el Mundial de Inglaterra 1966, la expulsión de Antonio Rattín en los cuartos de final frente al seleccionado local había dejado una marca profunda en la memoria deportiva argentina. Dos décadas después, México 1986 ofrecía un nuevo capítulo, esta vez con Maradona como capitán y con una Selección Argentina que mezclaba talento, carácter y una idea competitiva muy clara bajo la conducción de Bilardo.

Por eso, el 2-1 en el Azteca excedió la clasificación a semifinales. Fue una victoria que el pueblo argentino vivió con intensidad histórica, emocional y deportiva. Y aunque el relato popular se concentró en Diego, la salvada de Olarticoechea también forma parte de ese patrimonio: sin esa nuca salvadora, la historia pudo haber sido muy distinta.

Maradona y los dos goles más famosos de la historia deportiva

Aquel partido es recordado, sobre todo, por el doblete de Maradona. El primero llegó a los 51 minutos del segundo tiempo: el capitán argentino saltó ante Peter Shilton y convirtió con la mano izquierda, en una acción que el árbitro tunecino Ali Bin Nasser convalidó. Luego, Diego pronunció una de las frases más célebres del deporte: fue “un poco con la cabeza de Maradona y otro poco con la mano de Dios”.

Cuatro minutos después llegó la obra maestra. Maradona recibió la pelota en campo propio, dejó rivales en el camino, aceleró con una mezcla única de gambeta, potencia y equilibrio, eludió al arquero y definió para el 2-0. Esa jugada fue elegida años más tarde como el “Gol del Siglo”, una de las mayores expresiones individuales en la historia de los Mundiales.

Pero el fútbol rara vez se explica con una sola imagen. Después del descuento de Lineker, Argentina necesitó resistir. Y allí apareció la otra cara de la épica: no la del genio que inventa, sino la del defensor que intuye, corre, cierra y se arroja sin medir consecuencias. Maradona hizo los goles; Olarticoechea evitó el golpe que podía cambiarlo todo.

La trayectoria de Julio Olarticoechea: de Saladillo a la gloria del fútbol mundial

Julio Jorge Olarticoechea nació el 18 de octubre de 1958 en Saladillo, provincia de Buenos Aires. Se formó en Racing Club, institución en la que debutó profesionalmente y donde es recordado como un jugador de enorme entrega, sacrificio y polifuncionalidad. Podía jugar como lateral, volante o mediocampista, una característica fundamental para el estilo de Bilardo.

Su carrera incluyó pasos por Racing, River, Boca, Argentinos Juniors, Nantes de Francia y Deportivo Mandiyú. Además, integró los planteles mundialistas de Argentina en 1982, 1986 y 1990. En México 86 disputó siete partidos y fue una pieza clave del equipo campeón del mundo.

Julio Olarticoechea
Julio Olarticoechea Foto: Reuters

En el seleccionado de Bilardo, Olarticoechea no fue una figura de flashes constantes, pero sí un jugador indispensable. Su inteligencia táctica le permitió reemplazar piezas, adaptarse a distintas funciones y sostener defensivamente a un equipo que tenía a Maradona como bandera ofensiva. En los cuartos ante Inglaterra, esa concentración extrema se transformó en una imagen eterna.

La “Nuca de Dios” no tuvo la fama inmediata de la “Mano de Dios” ni la belleza del “Gol del Siglo”, pero fue igual de decisiva para que Argentina siguiera camino hacia la gloria. Después vendrían la semifinal ante Bélgica, la final contra Alemania Federal y la segunda Copa del Mundo para la Selección. Aquella tarde en el Azteca, la historia no solo se escribió con la zurda de Maradona: también se salvó con la nuca de Olarticoechea.