Italia 90: la llegada de la Selección Argentina que convirtió una derrota en una fiesta popular inolvidable

A 36 años de aquella histórica bienvenida, el recuerdo vuelve a cobrar fuerza tras otro subcampeonato mundialista de la Albiceleste en 2026.

La Selección Argentina regresó al país tras perder la final del Mundial de Italia 90
La Selección Argentina regresó al país tras perder la final del Mundial de Italia 90 Foto: Instagram @depor_retro
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La historia de la Selección Argentina está llena de títulos, finales, lágrimas y recibimientos multitudinarios. Pero hay una imagen que todavía resiste el paso del tiempo: la del plantel de Carlos Salvador Bilardo volviendo al país después de perder la final del Mundial de Italia 90 y encontrándose con una multitud que los recibió como si hubieran sido campeones.

Aquella escena volvió a tomar fuerza en la memoria colectiva tras un nuevo golpe mundialista: Argentina también fue subcampeona en 2026, luego de caer ante España en la final del Mundial disputada en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Según reportes posteriores al partido, la Albiceleste perdió 1-0 en tiempo suplementario y cerró el torneo como subcampeona del mundo.

El regreso de Italia 90: del dolor en Roma al abrazo en Buenos Aires

El 8 de julio de 1990, Argentina perdió la final del Mundial de Italia ante Alemania Federal por 1-0, con un penal convertido por Andreas Brehme en el Estadio Olímpico de Roma. La Selección, que llegaba como campeona defensora tras México 86, terminó segunda en un torneo áspero, emotivo y marcado por la resistencia de un equipo que jugó muchas veces al límite de sus posibilidades.

Recibió un homenaje inesperado: miles de hinchas colmaron las calles y la Plaza de Mayo para celebrar
La Selección Argentina regresó al país tras perder la final del Mundial de Italia 90 Foto: La Nación

Sin embargo, lo que ocurrió al día siguiente en Buenos Aires transformó esa derrota en una de las páginas más conmovedoras del fútbol argentino. El plantel aterrizó en Ezeiza y emprendió un recorrido hacia la Casa Rosada que se volvió interminable por la cantidad de gente que salió a la calle para saludar a los jugadores. El viaje desde el aeropuerto hasta la Plaza de Mayo llegó a demorar casi seis horas, con el micro avanzando a paso lento entre banderas, camisetas, carteles y lágrimas.

No era una caravana de campeones, pero se sintió como tal. Argentina había perdido la Copa, pero había ganado algo más difícil de explicar: el reconocimiento absoluto de un pueblo que entendió el sacrificio.

Maradona, Bilardo y una Plaza de Mayo desbordada

La llegada se produjo el 9 de julio, una fecha profundamente simbólica para el país por el aniversario de la Declaración de la Independencia. Ese día, fútbol e identidad nacional se mezclaron en una postal que quedó grabada para siempre: Diego Armando Maradona, Carlos Bilardo y el resto del plantel saludando desde los balcones de la Casa Rosada ante una Plaza de Mayo repleta.

El presidente de ese momento, Carlos Menem, recibió al equipo en la sede de Gobierno. Pero el verdadero homenaje no estuvo en el protocolo, sino en la calle. Miles de hinchas fueron a abrazar simbólicamente a un grupo que había atravesado un Mundial lleno de obstáculos: lesiones, críticas, rivales superiores en varios tramos y una final perdida con enorme polémica.

La imagen de Maradona llorando tras la derrota ante Alemania ya había conmovido al país. En Buenos Aires, esas lágrimas encontraron respuesta: una multitud le devolvió orgullo al capitán y a sus compañeros.

Por qué Italia 90 quedó en la memoria argentina

Italia 90 no fue recordado por el brillo futbolístico. De hecho, el torneo es señalado por haber tenido un bajo promedio de gol y por un estilo de juego mucho más físico que vistoso. Aun así, para Argentina fue una epopeya emocional.

Miles de hinchas colmaron las calles y la Plaza de Mayo para celebrar una campaña que quedó grabada para siempre
La Selección Argentina regresó al país tras perder la final del Mundial de Italia 90 Foto: La Nación

El equipo empezó con una derrota sorpresiva ante Camerún, sufrió la lesión de Nery Pumpido, encontró en Sergio Goycochea a un héroe inesperado y eliminó a Brasil en octavos con una jugada histórica entre Maradona y Claudio Caniggia. Luego llegaron las definiciones por penales ante Yugoslavia e Italia, donde Goycochea se convirtió en símbolo nacional.

La semifinal ante Italia, en Nápoles, tuvo un condimento especial por la figura de Maradona, ídolo absoluto del Napoli. Argentina eliminó al anfitrión por penales y llegó a una nueva final mundialista. Aunque la Copa terminó en manos alemanas, aquella Selección quedó asociada a la palabra resistencia.

Del subcampeonato de 1990 al de 2026: una historia que se repite con otro contexto

Treinta y seis años después, Argentina volvió a vivir la sensación amarga de quedar a las puertas de la gloria. En 2026, la Selección dirigida por Lionel Scaloni llegó a la final como campeona defensora de Qatar 2022, con Lionel Messi todavía como gran referente y con la ilusión de conseguir la cuarta estrella. Sin embargo, España se impuso 1-0 en el tiempo suplementario y dejó a la Albiceleste como subcampeona.

La Selección Argentina regresó al país tras perder la final del Mundial de Italia 90
La Selección Argentina regresó al país tras perder la final del Mundial de Italia 90 Foto: Instagram @depor_retro

La comparación con Italia 90 surge casi naturalmente. En ambos casos, Argentina llegó al partido decisivo después de un camino cargado de tensión, orgullo y épica. En ambos casos, la derrota no anuló el reconocimiento popular. Y en ambos casos, el país volvió a demostrar que con la Selección no solo se celebran las copas: también se honra el recorrido.

El día que Argentina descubrió que un segundo puesto también podía ser eterno

El recibimiento de 1990 dejó una enseñanza que atraviesa generaciones: no todos los subcampeonatos pesan igual. Algunos duelen y se olvidan. Otros se convierten en parte de la identidad deportiva de un país.

Italia 90 fue eso. Una herida, sí, pero también una bandera. Una derrota que se transformó en celebración. Una Selección que volvió sin la Copa y, aun así, recibió el amor de millones.

Por eso, cada vez que Argentina vuelve a una final, cada vez que el país se paraliza frente a una pantalla y cada vez que una generación llora por una camiseta, aquella caravana desde Ezeiza a la Casa Rosada reaparece como un recuerdo imborrable: la prueba de que el fútbol argentino no se mide solamente en títulos, sino también en memoria, pasión y pertenencia.