
Brasil inició la construcción del puente sobre el mar más largo de Sudamérica, una obra de 12,4 kilómetros que cruzará la Bahía de Todos los Santos. El proyecto demandará una inversión de US$ 2.220 millones, beneficiará a unos 10 millones de personas y estará finalizado en 2031.
Lula dio inicio a una de las obras de infraestructura más ambiciosas de Brasil
Brasil puso en marcha oficialmente una de las mayores obras de infraestructura de su historia reciente. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva encabezó en la localidad de Vera Cruz la ceremonia de inicio de la construcción del puente que unirá la ciudad de Salvador con la isla de Itaparica, en el estado de Bahía.
Con una extensión de 12,4 kilómetros, la estructura se convertirá, una vez concluida, en el puente sobre el mar más largo de Sudamérica, superando al histórico puente Río-Niterói. El viaducto atravesará la Bahía de Todos los Santos, una de las bahías naturales más extensas de Brasil, y transformará la conectividad entre la capital bahiana y el litoral sur del estado.
La obra será ejecutada mediante una asociación público-privada entre el Gobierno del estado de Bahía y el consorcio integrado por las empresas chinas China Communications Construction Company (CCCC) y China Civil Engineering Construction Corporation (CCECC).
La inversión total asciende a 11.600 millones de reales, equivalentes a unos 2.220 millones de dólares. Del financiamiento, el 47% será aportado por las compañías chinas, mientras que el 53% restante será cubierto por el Estado brasileño y la administración de Bahía. El contrato también establece que el consorcio privado operará y mantendrá la infraestructura durante un período de 35 años tras su inauguración.
Un puente que beneficiará a 10 millones de personas
Las autoridades brasileñas consideran que el proyecto tendrá un fuerte impacto económico y social para el nordeste del país. Se estima que alrededor de 10 millones de habitantes de unos 250 municipios se verán beneficiados por la nueva conexión vial.
Actualmente, quienes viajan entre Salvador e Itaparica dependen de ferris o de largos recorridos por carretera. Con el nuevo puente, los tiempos de traslado podrían reducirse en aproximadamente dos horas, mejorando el transporte de personas, mercaderías y servicios.
Además, el Gobierno prevé que la infraestructura impulse el turismo, facilite las inversiones privadas y fortalezca el desarrollo económico de toda la región sur del estado de Bahía. Según las proyecciones oficiales, cerca de 28.000 vehículos circularán diariamente por el puente una vez que entre en funcionamiento.
El proyecto también contempla la construcción de viaductos de acceso, túneles y la ampliación de diversas rutas en la isla de Itaparica para garantizar una conexión eficiente con la red vial existente.
Ingeniería de alta complejidad y protección ambiental
Desde el punto de vista técnico, el puente representa uno de los mayores desafíos de ingeniería de América Latina. Tendrá cuatro carriles de circulación y, en algunos sectores, alcanzará una altura de 82 metros sobre el nivel del mar para permitir el paso seguro de grandes embarcaciones hacia el puerto de Salvador.
Antes del inicio de la construcción se realizaron exhaustivos estudios geológicos y oceanográficos. Los equipos técnicos perforaron 105 pozos de investigación, algunos de ellos con profundidades de hasta 67 metros, para garantizar la estabilidad de los cimientos sobre el lecho marino.
El proyecto incorpora además un amplio programa de protección ambiental. Durante toda la obra se monitoreará la fauna marina y el ecosistema de la Bahía de Todos los Santos bajo la supervisión del Instituto Nacional del Medio Ambiente y de Recursos Hídricos (INEMA), con el objetivo de minimizar el impacto sobre la biodiversidad.
El cronograma oficial establece que la construcción finalizará en junio de 2031. Durante el acto de inicio de las obras, Lula destacó que el puente será un motor de desarrollo para la región, aunque también pidió preservar la identidad de las comunidades locales y evitar que el crecimiento económico genere procesos de especulación inmobiliaria que afecten la calidad de vida de los habitantes de la isla de Itaparica.
Con esta obra, Brasil apuesta por modernizar su infraestructura de transporte y consolidar uno de los proyectos de ingeniería más importantes de la década en América Latina.













