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La familia desconocida de Sarmiento: la hija que nació en Chile, el hijo que perdió en la guerra y sus seis nietos

Amores difíciles, una muerte en la guerra, cartas enviadas desde el exterior y un inesperado legado artístico revelan el costado más íntimo del expresidente argentino.

Sarmiento y su nieto Augusto
Sarmiento y su nieto Augusto Foto: Wikipedia
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Domingo Faustino Sarmiento quedó inmortalizado como presidente, educador, escritor y promotor de la escuela pública. Sin embargo, detrás de aquella figura enérgica y polémica existió un padre atravesado por las distancias, las pérdidas y las decisiones difíciles.

Su historia familiar estuvo lejos de ser convencional. Tuvo una hija biológica, Ana Faustina; adoptó como propio a Domingo Fidel, conocido como Dominguito; y fue abuelo de seis nietos. Incluso alcanzó a conocer a seis bisnietos.

Ana Faustina, la hija que Sarmiento tuvo en Chile

En 1831, perseguido por razones políticas, el joven Sarmiento cruzó la cordillera y se instaló en Chile. Allí trabajó como maestro y conoció a María Jesús del Canto, una joven chilena con quien mantuvo una relación amorosa.

De ese vínculo nació Ana Faustina Sarmiento, el 18 de julio de 1832. La pareja no consiguió consolidarse. Las diferencias sociales, económicas y familiares habrían dificultado la relación: Sarmiento era un maestro argentino exiliado, sin una posición estable y con un futuro incierto.

Sarmiento y sus dos hijos Foto: Archivo

La niña quedó vinculada a la familia paterna y fue cuidada durante parte de su infancia por Paula Albarracín, madre del prócer y una de las figuras fundamentales de su vida.

Con los años, Ana Faustina acompañó a su padre y ocupó un lugar central dentro de su intimidad. Su historia permite descubrir a un Sarmiento diferente: no solamente al político que discutía sobre el futuro del país, sino al hombre que intentó sostener a su hija en medio del exilio y la precariedad.

Los seis nietos que cambiaron la vida de Sarmiento

Ana Faustina se casó con el impresor francés Augusto Julio Belín, quien estaba relacionado con los proyectos editoriales de Sarmiento. El matrimonio tuvo seis hijos y formó la descendencia directa del expresidente.

El primer nieto, Julio Ángel Faustino Belín, nació el 21 de agosto de 1851. Después llegaron Emilia, Augusto, María Luisa, Helena Eloísa y Eugenia.

Sarmiento compartió parte de la vida cotidiana con ellos en Buenos Aires y asumió un compromiso todavía mayor después de la muerte de su yerno. Aunque sus obligaciones políticas y diplomáticas lo obligaban a viajar, utilizó las cartas para acompañar la educación de sus nietos.

Para el sanjuanino, estudiar, leer, aprovechar el tiempo y aprender a valerse por uno mismo eran condiciones indispensables para construir un futuro mejor. Las mismas ideas que defendía públicamente intentaba transmitirlas dentro de su propia familia.

Las cartas que revelaron su costado más íntimo

En 1867, desde Nueva York, Sarmiento escribió una carta dirigida a su nieto Augusto. En ella le recordó la importancia de recibir una buena educación para poder abrirse camino y adquirir una posición independiente.

Dominguito y Ana Faustina Foto: Archivo

También le prometió que haría cuanto estuviera a su alcance por él y por el resto de la familia. El documento resulta revelador porque muestra que, detrás de su tono exigente, existía un abuelo atento y dispuesto a financiar la formación de sus descendientes.

Las cartas eran más que una forma de comunicación. Le permitían ejercer la autoridad familiar a la distancia, preguntar por los estudios, transmitir consejos y participar en la vida de los niños incluso cuando se encontraba fuera del país.

Augusto Belín Sarmiento, el nieto que cuidó su legado

Uno de los descendientes más destacados fue Augusto Belín Sarmiento, nacido en 1854. El joven incorporó el apellido de su abuelo y se convirtió en editor, escritor y custodio de una parte importante de su obra.

Su labor contribuyó a preservar y difundir la enorme producción intelectual de Sarmiento, compuesta por miles de páginas sobre educación, política, literatura, viajes e historia argentina.

Augusto no fue solamente un heredero familiar. También se convirtió en un continuador cultural del expresidente y ayudó a mantener viva su memoria.

Eugenia, la nieta que inmortalizó el rostro de Sarmiento

Otra nieta que dejó una marca importante fue Eugenia Belín Sarmiento, nacida en 1860. Se dedicó a la pintura y realizó uno de los retratos más reconocidos de su abuelo.

Eugenia en su taller Foto: Museo Sarmiento

Su obra ayudó a fijar la imagen histórica de Sarmiento. La nieta pintó al hombre detrás del prócer y transformó un vínculo familiar en una pieza de la memoria visual argentina.

Las referencias a Eugenia también aparecen en la correspondencia privada del expresidente, donde Sarmiento menciona algunas de sus intervenciones artísticas. Esto demuestra que el arte formaba parte de la vida cotidiana de la familia.

Dominguito, el hijo que murió en la guerra

La otra gran historia familiar de Sarmiento fue la de Domingo Fidel, conocido como Dominguito. Era hijo de Benita Martínez Pastoriza y Domingo Castro y Calvo. Después de la muerte de su padre biológico, Benita se casó con Sarmiento en 1848 y el niño fue adoptado por el sanjuanino.

Dominguito recibió su apellido, estudió y comenzó la carrera de Derecho. Sin embargo, abandonó la universidad para incorporarse al Ejército argentino durante la Guerra de la Triple Alianza.

Dominguito Sarmiento
Dominguito Sarmiento

El joven murió el 22 de septiembre de 1866, con apenas 21 años, durante la batalla de Curupayty. Su fallecimiento produjo una profunda herida en Sarmiento, que se encontraba en Estados Unidos cuando recibió la noticia.

Años después, el expresidente reconstruyó la vida de su hijo adoptivo en el libro Vida de Dominguito. La obra fue una manera de conservar sus recuerdos y procesar una pérdida que lo acompañó durante el resto de sus días.

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