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Malvinas: por qué 1833 es el año clave que sostiene el legítimo reclamo de soberanía argentina

La ocupación británica del 3 de enero de 1833 marcó un punto de quiebre en el Atlántico Sur. Antes de aquel episodio había autoridades, habitantes y actividades económicas bajo jurisdicción argentina. Las claves históricas que explican por qué esa fecha sostiene el reclamo de soberanía.

Islas Malvinas
Islas Malvinas Foto: Redes
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Hay fechas capaces de condensar una historia completa. El año 1833 ocupa ese lugar en la Cuestión Malvinas, porque señala el momento en que fuerzas británicas desplazaron a las autoridades argentinas establecidas en las islas.

El episodio ocurrió el 3 de enero de 1833, cuando John James Onslow, comandante de la corbeta HMS Clio, exigió que se arriara la bandera argentina y que la guarnición abandonara Puerto Soledad. La intimación fue realizada bajo la presión de una fuerza militar superior.

Pero aquel día no representó el comienzo de una administración sobre un territorio vacío. Antes de la llegada británica existían actos oficiales de soberanía, población estable, normas y proyectos económicos impulsados por las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Malvinas antes de 1833: autoridad argentina y población permanente

Para comprender la relevancia de 1833 es necesario retroceder algunos años. Tras el proceso de independencia, las Provincias Unidas consideraron heredados los territorios que habían estado bajo administración española en la región.

En noviembre de 1820, el coronel David Jewett tomó posesión formal de las Islas Malvinas en nombre del Gobierno de Buenos Aires. Además, comunicó a los navegantes presentes las disposiciones relacionadas con la pesca y el aprovechamiento de los recursos naturales.

David Jewett
David Jewett Foto: Archivo

Durante los años siguientes se promovieron actividades productivas y se buscó consolidar un establecimiento permanente. Luis Vernet desarrolló emprendimientos en la isla Soledad, rehabilitó construcciones y llevó trabajadores y gauchos rioplatenses.

Primer gobernador en Malvinas
Luis Vernet Foto: Archivo

En 1829, Vernet fue designado comandante político y militar de las Islas Malvinas. Entre sus tareas se encontraban aplicar las leyes argentinas, proteger los recursos y organizar la vida de la colonia.

Puerto Soledad tenía funcionarios, trabajadores rurales, comerciantes, marineros y familias. Se criaba ganado y se intentaba controlar la explotación realizada por embarcaciones extranjeras. No se trataba de un territorio abandonado, sino de una comunidad vinculada política y económicamente con Buenos Aires.

Qué pasó el 3 de enero de 1833 en las Islas Malvinas

La situación se había debilitado después del ataque de la fragata estadounidense USS Lexington contra Puerto Soledad, ocurrido a fines de 1831. El Gobierno de Buenos Aires tomó medidas para reconstruir el asentamiento y envió a Francisco Mestivier como comandante interino. También destinó la goleta Sarandí, comandada por José María Pinedo.

Tras un motín interno que terminó con el asesinato de Mestivier, Pinedo consiguió restablecer el orden. En ese escenario llegó la HMS Clio.

Onslow intimó a Pinedo a retirar la bandera argentina y abandonar el lugar. La diferencia militar era evidente: enfrentarse al buque británico podía provocar una batalla con graves consecuencias para la tripulación y los habitantes.

Puerto Soledad en 1833
Puerto Soledad en 1833

El 3 de enero de 1833, las autoridades y fuerzas argentinas fueron desplazadas de Puerto Soledad. La bandera nacional fue arriada y comenzó una ocupación británica que se prolonga hasta la actualidad, con la excepción del período correspondiente al conflicto de 1982.

Parte de la población civil permaneció inicialmente en las islas. Sin embargo, el punto determinante fue el reemplazo de la autoridad estatal argentina por una administración británica impuesta mediante un acto de fuerza.

La protesta argentina comenzó pocos meses después

La respuesta diplomática no tardó en llegar. El 17 de junio de 1833, el representante argentino en Londres, Manuel Moreno, presentó una reclamación formal ante el Gobierno británico.

El documento contenía argumentos históricos, jurídicos y políticos contra la ocupación. Su importancia es central porque demuestra que la Argentina no aceptó el desplazamiento de sus autoridades ni renunció a sus derechos sobre las islas.

Gaucho Rivero. Foto: Facebook Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur
El Gaucho Rivero, héroe en Malvinas

Durante los años siguientes se presentaron nuevas protestas. Esa continuidad contradice la idea de que el país hubiera consentido la situación originada en 1833.

También en agosto de ese año se produjo el levantamiento encabezado por Antonio “el Gaucho” Rivero y un grupo de trabajadores rurales. Su figura generó diferentes interpretaciones históricas, aunque quedó asociada para siempre con los acontecimientos del primer año de la ocupación.

De 1833 a las Naciones Unidas

La controversia llegó formalmente a uno de los escenarios diplomáticos más importantes en 1965. La Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos países a negociar una solución pacífica.

Islas Malvinas. Foto: Wikimedia Commons

El documento encuadró el caso dentro del proceso de descolonización y estableció que debían considerarse los intereses de los habitantes de las islas. La ONU no dio por terminada la controversia, sino que reconoció una cuestión de soberanía pendiente.

Por qué 1833 sigue siendo una fecha decisiva

La reforma constitucional de 1994 incorporó el reclamo a la máxima norma argentina. La Disposición Transitoria Primera establece que la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, mediante el respeto del derecho internacional y del modo de vida de sus habitantes, constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.

El año 1833 conecta todos los elementos del reclamo: la presencia argentina anterior, la expulsión de sus autoridades, las protestas diplomáticas posteriores y el reconocimiento internacional de una disputa aún no resuelta.

Por eso, Malvinas no es solamente una referencia geográfica en el Atlántico Sur. Es una cuestión histórica, territorial, constitucional y diplomática que atraviesa a generaciones enteras.

Conocer qué sucedió aquel 3 de enero permite comprender por qué la Argentina sostiene que la soberanía sobre las Islas Malvinas no es una consigna circunstancial, sino un reclamo que posee raíces históricas profundas y que debe encontrar una solución pacífica.

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