
Oculto entre montañas, quebradas y caminos difíciles de transitar, existe un lugar que parece detenido en el tiempo. Sus edificios todavía conservan las huellas de una época en la que cientos de trabajadores vivían aislados en plena sierra, alrededor de una mina cuya producción alcanzó importancia internacional.
Se trata de Pueblo Escondido, un antiguo asentamiento minero levantado en las inmediaciones del Cerro Áspero, en las Sierras de Comechingones. Ubicado cerca del límite entre Córdoba y San Luis, a unos 2.000 metros sobre el nivel del mar, actualmente funciona como refugio de montaña y destino turístico.
Detrás de sus paisajes se esconde una historia vinculada con la minería, las guerras mundiales y la vida en condiciones extremas.
El descubrimiento que dio origen a un pueblo en la montaña
La historia comenzó a fines del siglo XIX, cuando fue descubierto un importante yacimiento de wolframio, también conocido como tungsteno. La explotación minera se habría iniciado alrededor de 1895, impulsada inicialmente por capitales extranjeros.
La distancia con los centros urbanos obligó a construir un asentamiento permanente para los trabajadores y sus familias. De esa manera nació un verdadero pueblo en medio de la montaña, con viviendas, oficinas administrativas e instalaciones industriales.

Con los años, Pueblo Escondido desarrolló una infraestructura sorprendente para un sitio tan aislado. Llegó a contar con usina eléctrica, hospital, teléfono, viviendas, talleres, sectores de molienda y un cable carril para transportar el mineral.
Algunas reconstrucciones históricas también mencionan la existencia de un cine y un surtidor de combustible. Aunque las estimaciones varían, se calcula que en su momento de mayor actividad vivieron allí entre 400 y 800 personas.
El mineral que lo convirtió en un sitio estratégico
El crecimiento del pueblo estuvo relacionado con las propiedades del tungsteno. Se trata de un metal reconocido por su dureza y su capacidad para soportar temperaturas muy elevadas, características que lo hicieron especialmente valioso para distintas industrias.
Durante las guerras mundiales, el mineral adquirió un enorme valor estratégico porque podía utilizarse en herramientas resistentes, aleaciones y equipamiento militar. La mina vivió uno de sus momentos de mayor producción durante la Segunda Guerra Mundial, debido al aumento de la demanda internacional.

El mineral era extraído del Cerro Áspero y trasladado hasta la planta de procesamiento. Para facilitar el movimiento del material se construyó un cable carril de aproximadamente 300 metros, que conectaba la bocamina con las instalaciones de concentración.
En el lugar convivieron trabajadores de distintas procedencias, técnicos y familias enteras. Muchos debieron adaptarse a las bajas temperaturas, la altura y el aislamiento, además de las exigentes jornadas laborales.
El cierre de la mina y el abandono en 1969
La prosperidad no fue eterna. Hacia finales de la década de 1960, el precio internacional del tungsteno comenzó a caer y el mineral de mejor calidad se volvió cada vez más difícil de encontrar.
Finalmente, la mina cerró en 1969 y la actividad que sostenía económicamente al pueblo desapareció. Sin puestos de trabajo ni posibilidades de continuar allí, las familias abandonaron gradualmente sus viviendas.
Los talleres dejaron de funcionar, la maquinaria quedó inmóvil y los edificios fueron entregados al clima de la montaña. Durante años, Pueblo Escondido permaneció prácticamente deshabitado, rodeado por un paisaje que comenzó a recuperar el espacio ocupado por la actividad humana.
Las paredes, los túneles y los restos de la usina quedaron como testimonio de una etapa poco conocida de la historia industrial argentina.
De pueblo fantasma a refugio para aventureros
Décadas después del cierre, algunas construcciones comenzaron a ser recuperadas. Entre comienzos y mediados de la década de 1990 surgieron iniciativas para convertir el antiguo complejo en un refugio de montaña y un destino de turismo aventura.

En la actualidad, el lugar ofrece sectores de alojamiento, comedor y espacios para acampar. Los visitantes pueden recorrer antiguas construcciones de piedra, sectores de molienda, túneles y restos de la maquinaria utilizada durante el período minero.
La experiencia combina trekking, naturaleza, historia y memoria industrial. También permite imaginar cómo era la vida cotidiana de quienes habitaron un sitio donde cada alimento, herramienta o medicamento debía atravesar largos caminos de montaña.
Cómo llegar a Pueblo Escondido
Una de las rutas más utilizadas parte desde la zona de Merlo, en San Luis, y continúa hacia el filo serrano. También existe un acceso desde La Cruz, en Córdoba.
Según el recorrido elegido, el último tramo puede realizarse en vehículos 4x4, bicicleta, a caballo o mediante caminatas guiadas. Debido a la dificultad del terreno y a los cambios repentinos del clima, se recomienda visitar el sitio con guías o prestadores habilitados.
Hoy, aquel pueblo que nació por un mineral codiciado y quedó abandonado en 1969 encontró una nueva forma de sobrevivir. Ya no produce tungsteno ni alberga a cientos de mineros, pero sus construcciones continúan contando una fascinante historia argentina, escondida entre las montañas.





















