
Millones de argentinos reconocen su rostro: expresión seria, bigote y aspecto tradicional. Sin embargo, no todos saben que el hombre del paquete de Don Satur existió realmente y fue el protagonista de una historia marcada por la inmigración, el trabajo y el crecimiento familiar.
Su nombre era Saturnino Martínez. Nació en 1903, en Soria, España, y llegó a la Argentina durante la década de 1950, cuando ya había superado los 50 años. En el oeste de la ciudad de Buenos Aires encontró el lugar donde comenzaría una nueva etapa de su vida.
De España a Liniers: el origen de Don Satur
La familia Martínez se instaló en Liniers, un barrio históricamente vinculado con el comercio y el movimiento ferroviario. Allí, Saturnino abrió una pequeña panadería en la que elaboraba diferentes productos.
Entre todas sus preparaciones, una comenzó a destacarse: los bizcochitos de grasa. Eran pequeños, crocantes, económicos y perfectos para acompañar el mate o el café con leche.

La respuesta de los vecinos fue inmediata. La demanda creció y, según las historias sobre los primeros años del negocio, los clientes hacían fila para conseguirlos.
Frente al éxito, la familia decidió concentrar sus esfuerzos en aquel producto. Los hijos de Saturnino, Fernando y Pedro Martínez, se incorporaron al emprendimiento y ayudaron a transformar una especialidad de panadería en un verdadero proyecto empresarial.
El nacimiento de la marca y el hombre del paquete
El momento decisivo llegó en 1967, cuando la familia fundó Don Satur e instaló una fábrica en Ramos Mejía, partido bonaerense de La Matanza.
El nombre de la marca no fue elegido al azar. “Satur” era la manera abreviada y afectuosa de llamar a Saturnino. Además, sus familiares decidieron colocar su retrato en el envase para rendirle homenaje y convertirlo en la cara visible del emprendimiento.
Así nació uno de los envoltorios más reconocibles de las góndolas argentinas. El personaje no era una creación publicitaria: el hombre del paquete era el verdadero fundador de la empresa.
Con el paso del tiempo, Saturnino se convirtió en “el prócer del bizcocho”, una definición que reforzó la identidad popular de la marca y su relación con una de las costumbres más arraigadas del país.
Por qué los bizcochitos se convirtieron en un clásico argentino
El éxito de Don Satur no puede explicarse solamente por su receta. Los bizcochitos lograron integrarse a la tradición argentina de tomar mate y compartir algo para comer.
También resultaban prácticos: podían trasladarse fácilmente, abrirse en cualquier lugar y compartirse sin necesidad de platos o cubiertos. Por eso se volvieron habituales en viajes, reuniones familiares, jornadas laborales, recreos y tardes de estudio.
La identificación fue tan fuerte que, para muchos consumidores, decir “Don Satur” pasó a ser casi una forma de referirse a los bizcochitos de grasa en general.
De una panadería familiar a una producción millonaria
Con los años, la empresa amplió su catálogo. A los clásicos bizcochitos salados se sumaron variedades dulces, sabor queso y mini tortitas negras, además de galletitas, pepas, crackers, budines, magdalenas, pan dulce y otros productos.
Durante la década de 1990, la compañía profundizó la diversificación de su producción. Sin embargo, los bizcochitos continuaron siendo su emblema y el alimento más relacionado con la imagen de Saturnino.

Otro paso importante ocurrió en 2014, con la inauguración de una planta en la localidad bonaerense de Lobos. La nueva fábrica confirmó la enorme transformación del emprendimiento: aquella panadería de barrio se había convertido en una industria con presencia nacional.
La familia Martínez también desarrolló actividades vinculadas con la producción láctea, la ganadería y la cría de ejemplares Holando Argentino.
El legado familiar detrás de Don Satur
Aunque Saturnino inspiró el nombre y el retrato del paquete, sus hijos fueron fundamentales para la expansión de la compañía. Fernando Martínez se convirtió en uno de los principales impulsores del crecimiento de Don Satur y también tuvo una extensa trayectoria en la actividad ganadera.
Fernando falleció en diciembre de 2024, a los 93 años. Para entonces, el emprendimiento iniciado por su padre ya tenía presencia en supermercados, kioscos y almacenes de todo el país.
A pesar de la expansión, la empresa conservó sus símbolos originales: el nombre familiar, la receta de los bizcochitos y el rostro del inmigrante español que comenzó la historia.
Quién fue realmente el hombre de Don Satur
Detrás del famoso envoltorio hubo un panadero, inmigrante, padre y emprendedor. Saturnino Martínez representa la historia de quienes llegaron a la Argentina, encontraron una oportunidad y construyeron un proyecto capaz de atravesar generaciones.
Por eso, cada paquete guarda algo más que un alimento. También conserva la memoria de aquel español que se instaló en Liniers y convirtió una receta sencilla en uno de los sabores más reconocibles del mate argentino.

















