A finales del siglo XIX, buena parte del actual Valle de Punilla conservaba una apariencia rural. Había grandes extensiones de tierra, caminos difíciles y pocas poblaciones comunicadas por el ferrocarril. En ese escenario, un empresario de origen alemán imaginó un hotel de lujo donde prácticamente no había nada.
El protagonista fue Roberto Bahlcke, un exoficial del Ejército alemán radicado en Córdoba que, en 1897, adquirió terrenos pertenecientes a la Estancia La Falda. Allí comenzó la construcción de un alojamiento destinado a las familias más adineradas de la Argentina y Europa.
Lo que comenzó como una apuesta privada terminó modificando el mapa cordobés. Alrededor del establecimiento surgieron caminos, viviendas, comercios y servicios. Con el paso de los años, el hotel se convirtió en el núcleo alrededor del cual nació La Falda.
Una construcción monumental en medio de las sierras
Levantar el edificio representó una verdadera proeza logística. Cerca de 5.000 toneladas de materiales llegaron en tren hasta una estación ubicada a varios kilómetros y después fueron trasladadas al terreno serrano.
El proyecto también exigió construir caminos y desarrollar una infraestructura propia. El establecimiento tenía usina eléctrica, calefacción central, talleres, corrales, huertas y espacios destinados a la producción de alimentos.
El Hotel Edén comenzó a recibir pasajeros en 1898. Con sus aproximadamente 100 habitaciones, comedor para cientos de personas, jardines de invierno, pileta, canchas deportivas y mobiliario europeo, sorprendía por el contraste entre el lujo de sus instalaciones y el paisaje casi deshabitado que lo rodeaba.
Presidentes y personalidades caminaron por sus pasillos
La etapa de mayor esplendor se extendió durante las primeras décadas del siglo XX. El hotel recibió a integrantes de la aristocracia argentina, diplomáticos, músicos, escritores y representantes de la nobleza europea.
Entre sus visitantes más recordados aparecen los presidentes Julio Argentino Roca, José Figueroa Alcorta, Agustín P. Justo y Roberto Marcelino Ortiz. También pasaron por el establecimiento personalidades como Rubén Darío, Arturo Toscanini y Albert Einstein.

Alojarse allí significaba participar de una experiencia reservada para las élites. Había cenas formales, conciertos, reuniones sociales y paseos a caballo. Durante años, el Edén fue una pequeña ciudad de lujo dentro de un territorio que todavía comenzaba a urbanizarse.
Los vínculos de sus propietarios con el nazismo
En 1912, los hermanos alemanes Walter Eichhorn y Bruno Eichhorn compraron el hotel y la estancia. Con el tiempo, la cercanía de Walter Eichhorn y su esposa, Ida Bonfert, con el nazismo alemán se convirtió en uno de los capítulos más oscuros de la historia del establecimiento.
Documentos, correspondencia y fotografías citados por distintas investigaciones históricas señalan que el matrimonio Eichhorn mantuvo una relación cercana con Adolf Hitler y brindó apoyo económico al movimiento durante su ascenso político. Una de las imágenes más difundidas muestra a la pareja junto al líder nazi durante una visita a Alemania.

Estas conexiones también dieron origen a numerosas leyendas sobre reuniones secretas, dinero enviado desde la Argentina y supuestos planes para refugiar a dirigentes nazis.
El hotel que terminó dando origen a La Falda
Las temporadas turísticas no siempre alcanzaban para cubrir los costos del enorme establecimiento. Para conseguir fondos, los propietarios comenzaron a lotear parte de las tierras.
Así llegaron nuevas familias y aparecieron casas, almacenes, calles y servicios. El asentamiento creció alrededor del hotel hasta transformarse en La Falda, uno de los destinos turísticos más conocidos de Córdoba.
La incautación y el cierre definitivo
En 1945, luego de que la Argentina declarara la guerra a las potencias del Eje, el hotel fue incautado debido a la cercanía de sus propietarios con el nazismo. Durante ese período, sus instalaciones fueron utilizadas para alojar bajo custodia a integrantes de la diplomacia japonesa. Posteriormente, el establecimiento fue devuelto y cambió de propietarios.
Las dificultades económicas y las nuevas formas de turismo marcaron su decadencia. La última temporada se realizó en 1965, cuando cerró sus puertas definitivamente como hotel. Décadas después, el edificio fue recuperado y comenzó a funcionar como espacio histórico y cultural.
Su historia conserva una sorprendente paradoja: el hotel relacionado con el lujo, las élites y uno de los períodos más oscuros del siglo XX fue también el lugar que permitió que una ciudad entera creciera a su alrededor.












