El Gobierno del Reino Unido confirmó que seguirá adelante con la compra de 12 cazas F-35A a Estados Unidos, una decisión que busca reforzar la participación británica en la estrategia de disuasión nuclear de la OTAN, aunque implique asumir mayores costos operativos y una logística más compleja para sus Fuerzas Armadas.
La medida fue ratificada en el más reciente Plan Integrado de Defensa (Defence Investment Plan, DIP), que confirmó que el programa continuará según lo previsto pese a los desafíos que supone incorporar una nueva variante del avión de combate F-35 a la flota británica.
La principal diferencia radica en que el Reino Unido ya opera el F-35B, la versión de despegue corto y aterrizaje vertical (STOVL), diseñada para operar desde los portaaviones de la clase Queen Elizabeth. En cambio, el F-35A es un modelo convencional que requiere pistas de aterrizaje y no puede ser desplegado desde esos buques, lo que obligará a la Real Fuerza Aérea (RAF) a administrar dos variantes distintas del mismo sistema de armas.

Esta situación incrementará los costos de mantenimiento, entrenamiento y logística, además de reducir la cantidad de aeronaves disponibles para las operaciones embarcadas. Sin embargo, Londres considera que el beneficio estratégico compensa esas dificultades.
Ampliar capacidades estratégicas en un contexto internacional complejo
La adquisición de los F-35A había sido anunciada oficialmente en junio de 2025 por el primer ministro británico, Keir Starmer, durante la Cumbre de la OTAN. En ese contexto, el mandatario sostuvo que el fortalecimiento de la defensa resulta indispensable frente al actual escenario internacional.
“En una era de incertidumbre radical, ya no podemos dar por sentada la paz. Estas aeronaves fortalecerán a nuestras Fuerzas Armadas y apoyarán a las comunidades de todo el país a través de nuestra industria de defensa”, afirmó Starmer al presentar el programa.
La elección del F-35A responde a una capacidad exclusiva de esa variante: es el único modelo de la familia Lightning II certificado para transportar y lanzar las bombas nucleares tácticas B61 utilizadas por la Fuerza Aérea de Estados Unidos dentro del esquema de disuasión compartida de la OTAN. Ni los F-35B ni los Eurofighter Typhoon actualmente en servicio en el Reino Unido cuentan con esa certificación.
Las autoridades británicas prevén que los nuevos aviones tengan como base principal la RAF Marham, en el condado de Norfolk. Esa instalación posee una larga historia vinculada al Programa de Doble Capacidad (Dual Capable Aircraft) de la OTAN y cuenta con infraestructura que anteriormente estuvo preparada para almacenar armamento nuclear.
Como alternativa, también se analiza el uso de la base RAF Lakenheath, donde opera personal de la Fuerza Aérea estadounidense y se están modernizando instalaciones especializadas.

Mientras tanto, el Reino Unido completó en mayo de 2026 la primera fase de adquisición de los F-35B. Con la llegada de las aeronaves BK43 y BK45 a RAF Marham, la flota alcanzó los 47 ejemplares operativos, destinados principalmente a los portaaviones HMS Queen Elizabeth y HMS Prince of Wales.
Los F-35B seguirán siendo el pilar de la aviación embarcada británica gracias a su capacidad para despegar y aterrizar en buques sin necesidad de catapultas o cables de frenado. Los nuevos F-35A, en cambio, estarán orientados a misiones de la RAF y al refuerzo del componente nuclear de la OTAN.
De esta manera, el Reino Unido apuesta por ampliar sus capacidades estratégicas en un contexto internacional cada vez más tenso, aunque esa decisión implique operar una flota mixta con funciones, mantenimiento y exigencias operativas diferenciadas, además de asumir un incremento significativo en los costos de defensa.













