
La confirmación de la visita del papa León XIV a la Argentina, prevista para noviembre y con una agenda de tres días, reavivó el interés por un hecho singular: el regreso de un jefe de la Iglesia Católica al país después de casi cuatro décadas. Sin embargo, para Robert Francis Prevost, el pontífice estadounidense-peruano elegido para suceder a Francisco, no se tratará de un desembarco en tierras desconocidas.
Mucho antes de convertirse en el líder de la Iglesia Católica, Prevost ya había recorrido distintos rincones de la Argentina. Lo hizo en dos ocasiones, en 2004 y 2013, cuando se desempeñaba como Prior General de la Orden de San Agustín, una responsabilidad que lo llevó a visitar comunidades religiosas en numerosos países.
Los dos viajes de León XIV a la Argentina antes de ser papa
El primero de esos viajes, en agosto de 2004, dejó huellas que todavía recuerdan quienes compartieron aquellos días con él. Durante esa estadía recorrió Buenos Aires, Rosario, Mendoza y buena parte del noroeste argentino. Su paso por Salta y Tucumán quedó especialmente grabado en la memoria de los agustinos locales, que descubrieron en él a un religioso cercano, curioso y dispuesto a integrarse con naturalidad a la vida cotidiana de las comunidades que visitaba.
Uno de esos testigos fue el sacerdote Pablo Hernando Moreno, párroco de la Iglesia San Agustín, quien se convirtió en una suerte de guía y chofer durante parte del recorrido. Juntos atravesaron los Valles Calchaquíes, desde Cafayate hasta San Carlos, Angastaco y Molinos, además de visitar localidades tucumanas como Colalao del Valle y Amaicha del Valle.
Cafayate, el vino y los paisajes que conquistaron a Robert Prevost
Según quienes lo acompañaron, Prevost quedó cautivado por los paisajes norteños. Las quebradas de Cafayate lo impresionaron particularmente, al punto de que años después seguía recordándolas. También disfrutó de algunas de las expresiones más tradicionales de la gastronomía regional: el vino de la zona, el dulce de leche e incluso las capias, una preparación típica elaborada con harina de maíz que pudo probar durante su paso por Salta y Catamarca.
Pero más allá de los paisajes y sabores, quienes lo conocieron destacan un rasgo que hoy parece encajar con el perfil que exhibe desde la Santa Sede: la sencillez. Moreno recuerda a un religioso sin protocolos excesivos, interesado por la realidad de las comunidades que visitaba y siempre dispuesto a escuchar. “Preguntaba mucho, se interesaba por las causas nobles y no tenía poses”, resumió el sacerdote al evocar aquellos encuentros.
Además, una anécdota refleja otro aspecto de su personalidad. En 2004, cuando las computadoras portátiles aún eran poco frecuentes en muchos ámbitos, Prevost llamaba la atención porque llevaba consigo una laptop pequeña y moderna para la época. La imagen contrastaba con la austeridad que transmitía en el trato personal y que varios de sus compañeros de ruta aún destacan.
La huella de Prevost en Buenos Aires y la Biblioteca Agustiniana
Durante aquella visita también dejó una marca concreta en la Ciudad de Buenos Aires. El 28 de agosto de 2004, día de San Agustín, inauguró y bendijo el edificio de la Biblioteca Agustiniana ubicado sobre la avenida Nazca, en el límite entre Villa del Parque y Villa Devoto. En aquel entonces todavía no era obispo, pero participó de una ceremonia considerada histórica para la comunidad agustiniana argentina.

La biblioteca ocupa un espacio con fuerte valor simbólico para la orden. Allí, antes funcionó la Casa de Formación de los Agustinos, conocida como Monasterio de Santa Mónica, y su historia guarda incluso una conexión con otro pontífice: Juan Pablo II había bendecido la piedra fundacional del edificio y también una imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo que hoy integra su patrimonio.
La visita de 2013 y la coincidencia con la elección de Francisco
Nueve años después, Prevost volvió al país. Fue el 9 de marzo de 2013, apenas días antes de uno de los acontecimientos más trascendentes para la Iglesia Católica contemporánea. En aquella oportunidad participó en La Plata de la ordenación episcopal de Alberto Bochatey, acompañando al entonces arzobispo Héctor Aguer.
Visto en perspectiva, el viaje tuvo un matiz casi cinematográfico. Mientras Prevost se encontraba en la Argentina, el cardenal Jorge Mario Bergoglio ya había partido hacia Roma para participar del cónclave convocado tras la renuncia de Benedicto XVI. Pocos imaginaban por entonces que el arzobispo porteño regresaría convertido en Francisco, el primer papa argentino de la historia.

Quienes trataron a Prevost durante aquellos años recuerdan a un dirigente eclesiástico dialoguista, pragmático y con vocación de consenso. Rasgos que contribuyeron a consolidar su trayectoria dentro de la Iglesia y que hoy vuelven a aparecer en las descripciones sobre su estilo pastoral.
Por eso, cuando León XIV aterrice en la Argentina en noviembre, no solo llegará como el sucesor de Pedro. También volverá a caminar por un país que conoció mucho antes de vestir de blanco, donde descubrió paisajes que aún recuerda, compartió mesas sencillas con comunidades religiosas y dejó una huella silenciosa en algunos rincones del interior y de Buenos Aires. Un regreso que, para él, tendrá algo de visita oficial y bastante de reencuentro.

















