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Explotación petrolera y minería submarina: los 3 principales daños para la vida oceánica que podemos esperar a corto plazo

Los océanos albergan una gran biodiversidad, incluyendo especies aún por descubrir, pero los fondos marinos enfrentan ahora a una nueva amenaza, la minería submarina. Qué dicen ambientalistas y científicos.

Minería submarina. Foto: Unsplash
Minería submarina. Foto: Unsplash
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La creciente demanda global de recursos minerales, impulsada en gran medida por la transición tecnológica y la fabricación de baterías para vehículos eléctricos y dispositivos móviles, está llevando a gobiernos e industrias a fijar su mirada en el último rincón inexplorado de la Tierra: los fondos oceánicos.

Ante el progresivo agotamiento de los depósitos terrestres, la minería submarina se presenta como una actividad con potencial económico. Sin embargo, la comunidad científica y los defensores ambientales advierten que sus costos ambientales podrían ser devastadores e irreparables.

Si bien en Argentina no se realiza minería submarina de minerales sólidos, sí hay explotación de hidrocarburos (petróleo y gas) offshore en la Cuenca Marina Austral.

Según un informe de Greenpeace, existen tres razones fundamentales por las cuales la explotación submarina representa un riesgo crítico para nuestro planeta:

1. Daño irreparable al almacenamiento de “carbono azul”

Los océanos son esenciales para la mitigación del cambio climático ya que los fondos marinos funcionan como un gigantesco almacén de “carbono azul”, esto es, el carbono capturado por los organismos marinos y los ecosistemas costeros, el cual queda inmovilizado en forma de biomasa y capas de sedimentos profundos.

Sin embargo, el uso de maquinaria pesada (con un tonelaje mayor al de una ballena azul) para remover el suelo oceánico rompería este ciclo natural. La destrucción de los sedimentos de aguas profundas liberaría el carbono allí confinado, devolviéndolo al ciclo del agua y, eventualmente, a la atmósfera, acelerando la crisis climática.

El único país de Sudamérica que cuenta con salida al océano Atlántico y al Pacífico. Foto: Imagen generada con IA por Canal 26

2. Disrupción de la cadena alimentaria y las pesquerías

El impacto de la minería bentónica (en el fondo del mar; del griego benthos, profundo) no se limita al suelo marino; sus efectos ascenderán por toda la columna de agua.

La eliminación de organismos microscópicos y especies únicas del fondo oceánico destruye el primer peldaño de la cadena alimentaria marina. La pérdida de estos eslabones puede provocar un efecto dominó que afecte la supervivencia de especies superiores y perturbe la biodiversidad general de los océanos.

Así, esta actividad representa una amenaza directa para la soberanía alimentaria y las industrias pesqueras globales. La remoción del suelo genera masivas nubes o plumas de sedimentos que viajan impulsadas por las corrientes a lo largo de kilómetros. Estas partículas en suspensión bloquean la luz y perjudican la reproducción y alimentación de especies de alto interés comercial, reduciendo las capturas de las flotas pesqueras.

3. Destrucción de especies longevas y hábitats desconocidos

Las profundidades oceánicas albergan verdaderos oasis de vida. Las criaturas que habitan allí, como ciertas especies de corales y esponjas, se encuentran entre los seres más longevos de la Tierra. Debido a las extremas condiciones ambientales, poseen tasas de crecimiento y reproducción sumamente bajas, lo que las vuelve críticamente vulnerables ante cualquier perturbación externa.

Corales y anémonas halladas en la pared norte del cañón submarino de Mar del Plata. Foto: ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute

Una nueva amenaza para los océanos

Para Santiago Krapovickas, biólogo y Coordinador del Programa Mar Patagónico Resiliente del Foro para la Conservación del Mar Patagónico, “la minería submarina vendría a agravar un panorama ya complicado por la contaminación por plásticos, la sobrepesca y la exploración petrolera offshore”.

En diálogo con 26Planeta, el experto señaló que “aún no hay prospecciones de minería submarina en el mar patagónico”, pero “el Mar Austral ya enfrenta desafíos vinculados a la exploración y explotación de hidrocarburos, lo que exige extremar los recaudos ambientales y robustecer la defensa de las áreas costero-marinas protegidas”.

Contaminación lumínica y sonora

En tanto, una recopilación de estudios recientes sobre el impacto de la minería submarina publicada por Frontiers in Marine Science estima que los daños provocados a este ecosistema durarán para siempre en escalas de tiempo humanas.

“A la destrucción física directa se suman la contaminación lumínica y acústica generada por las operaciones. El ruido submarino perturba gravemente la comunicación y orientación de mamíferos marinos como las ballenas, mientras que la luz artificial ciega a especies adaptadas evolutivamente a la oscuridad total.

Un futuro incierto

Científicos e investigadores coinciden en que la tecnología actual para mitigar estos impactos —como la optimización en el diseño de vehículos recolectores o el uso de agentes floculantes (sustancias químicas o aditivos utilizados para agrupar partículas microscópicas y sólidos en suspensión) para acelerar la sedimentación de las plumas— es insuficiente.

Existe una limitación científica crítica: la falta de datos de referencia sobre las especies, biomasa y diversidad funcional del fondo marino. Actualmente resulta imposible evaluar o controlar de forma segura el alcance espacial y temporal de una actividad cuyos entornos afectados ni siquiera terminamos de comprender.

La conclusión de los expertos es contundente: ningún recurso mineral justifica la destrucción de ecosistemas que la humanidad aún no ha llegado a conocer. Las corporaciones biotecnológicas y automotrices deberían reorientar sus inversiones hacia el desarrollo de tecnologías alternativas y la optimización de los sistemas de reciclaje de materiales existentes, en lugar de financiar la devastación del patrimonio biológico de los mares.

MineríaOcéano

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