
A poco más de dos horas de Mar del Plata, dos localidades bonaerenses sorprenden por sus paisajes y su tranquilidad. Se trata de Barker y Villa Cacique, pueblos vecinos del partido de Benito Juárez, separados por apenas cinco kilómetros.
Ambos se encuentran dentro del sistema de Tandilia, uno de los conjuntos serranos más antiguos de la Argentina. Entre senderos, paredones de piedra, cavernas y bosques, este rincón bonaerense se presenta como una alternativa ideal para quienes desean escapar de los destinos más concurridos.
Barker, el pueblo que nació con la llegada del tren
La historia de Barker comenzó a tomar forma el 18 de octubre de 1908, cuando quedó habilitada la estación del Ferrocarril Sud. El ramal permitía transportar cereales, ganado y minerales hacia diferentes centros comerciales y portuarios.

La estación recibió el apellido de C. O. Barker, un gerente inglés de la empresa ferroviaria. A su alrededor comenzaron a instalarse trabajadores, comerciantes y familias vinculadas con las canteras de la región.
En 1949 se aprobó el fraccionamiento de las tierras pertenecientes a la familia Santamarina. De esta manera se organizó formalmente el pueblo, que conservó el nombre de la estación.
Villa Cacique y su pasado entre hornos de cal
La historia de Villa Cacique siguió un camino diferente. A fines del siglo XIX, la familia Vannoni instaló un horno artesanal conocido como La Calera, donde se producía cal utilizando piedra extraída de una cantera cercana.
En 1905 se construyeron nuevos hornos y también las primeras casas de piedra destinadas a los trabajadores. Con el tiempo aparecieron una escuela, un almacén y otros espacios comunitarios.

Durante varios años, la localidad fue conocida como La Calera, Kilómetro 404 y estación Alfredo Fortabat. El nombre Villa Cacique estaría relacionado con la presencia de un integrante de los pueblos originarios al que los habitantes de la zona llamaban “el cacique”.
La industria que transformó la vida del pueblo
El gran cambio llegó en 1937, cuando Alfredo Fortabat adquirió las instalaciones dedicadas a la producción de cal. Más adelante, la expansión de la cementera Loma Negra convirtió a Villa Cacique en una verdadera comunidad obrera.

Se construyeron viviendas, espacios deportivos y diferentes servicios para las familias de los empleados. La actividad industrial impulsó un fuerte crecimiento demográfico y económico.
Tras el cierre de la fábrica a comienzos de los años 2000, los vecinos comenzaron a desarrollar nuevos proyectos. El turismo, los emprendimientos gastronómicos y la recuperación del patrimonio histórico se transformaron en alternativas para reactivar la economía local.
Cavernas y formaciones de millones de años
El paisaje es uno de los principales atractivos de la zona. Barker y Villa Cacique se encuentran entre las Sierras de la Tinta, pertenecientes al sistema de Tandilia.
La erosión del agua y del viento fue modelando grietas, aleros, paredones y pequeñas cavernas naturales. Entre los sitios más conocidos aparece el Alero de la Vaca Muerta, una formación que puede descubrirse mediante caminatas guiadas.
También se destacan la Cuchilla de las Águilas, el cerro El Sombrerito y distintos puntos panorámicos desde los que se puede apreciar la amplitud del valle serrano.
La frambuesa que se convirtió en símbolo local
La identidad de estos pueblos también está relacionada con la gastronomía. A comienzos del siglo XXI, varias familias comenzaron a producir frambuesas y alimentos artesanales elaborados con frutos rojos.

Mermeladas, alfajores, licores y dulces forman parte de la propuesta regional. Cada febrero, Villa Cacique celebra la Fiesta Provincial de la Frambuesa, que reúne a productores, artesanos, artistas e instituciones locales.
Los visitantes también pueden conocer las plantaciones, aprender sobre el proceso productivo y degustar diferentes especialidades.
Qué hacer durante una escapada
Entre las actividades destacadas se encuentran el trekking, las cabalgatas, el cicloturismo, el mountain bike y el avistaje de aves. Además, es posible recorrer el Paseo del Bosque y el Cristo de las Sierras, cuyo camino atraviesa las catorce estaciones de un Vía Crucis.
La antigua estación ferroviaria, las construcciones obreras y los monumentos locales completan un circuito en el que naturaleza e historia avanzan juntas.
Barker y Villa Cacique ofrecen mucho más que una postal serrana: permiten caminar entre rocas milenarias, descubrir el pasado ferroviario y minero de la provincia y probar uno de los productos más característicos de la región.















