
Cuando llega la primavera, muchas personas buscan plantas capaces de aportar color y transformar los espacios exteriores. Entre las distintas alternativas aparece la caléndula, una especie conocida por sus llamativas flores en tonos amarillos y naranjas y por ser relativamente sencilla de cuidar.
Una planta que aporta color al jardín
La caléndula puede convertirse en una de las protagonistas de un cantero, una maceta o un pequeño espacio exterior gracias a sus flores de colores intensos. Su floración puede extenderse durante varios meses cuando encuentra buenas condiciones de cultivo.

Además de utilizarse para decorar jardines y balcones, sus flores son muy apreciadas por su aspecto ornamental y por atraer distintos insectos polinizadores.
Por qué es fácil de cuidar
Una de las principales ventajas de la caléndula es que no requiere una rutina de mantenimiento demasiado compleja. Para crecer correctamente necesita principalmente buena iluminación, un suelo con buen drenaje y riegos moderados.

Lo importante es evitar que la tierra permanezca constantemente mojada, ya que el exceso de agua puede afectar sus raíces. Por eso, si se cultiva en maceta, conviene utilizar un recipiente que tenga agujeros en la base.
Dónde colocarla
La caléndula puede desarrollarse tanto en jardines como en macetas. Para conseguir una floración abundante, lo recomendable es ubicarla en un sector donde reciba varias horas de luz solar.
También es importante retirar las flores que ya estén marchitas. Esta tarea ayuda a mantener la planta prolija y puede favorecer la aparición de nuevas flores.
Una opción para darle vida al jardín
Por su floración llamativa, facilidad de cultivo y bajo nivel de mantenimiento, la caléndula es una alternativa interesante para quienes quieren incorporar color al jardín sin optar por especies que demanden cuidados constantes.


















